martes, 13 de marzo de 2012

Fin del verano

-¡Venga, gallina, salta ya!- gritaba Javier desde el agua.
-¡Eso, que no tenemos todo el día- añadió Miguel, vociferando igual que su compañero.
-Dejadlo, si le da miedo, que baje por otro lado...- intervino Claudia, mi novia, que siempre vela por mí.

     Seguramente os estaréis preguntando que a qué viene esta conversación. Quizás penséis que carece de la más mínima importancia, pero para mí es la conversación más corta e intensa de mi vida. Es mejor que os ponga en antecedentes...

     Me desperté esta mañana como de costumbre, con una temperatura bastante elevada. Las cortinas de mi habitación ondeaban con la brisa veraniega. Aún en calzoncillos (en verano es la mejor opción con tal de no asfixiarse por las noches, sobretodo estando en agosto) me dirigí a la cocina a prepararme el desayuno. Allí encima había una nota de mis padres en la que decían que se habían ido a comer  a casa de mis tíos. Miré el reloj, y para mi sorpresa ya eran las doce. Deprisa y corriendo me fui a vestir, poniéndome lo primero que vi en el cajón, y salí a la calle a toda prisa. Cogí la bicicleta y pedaleé los más rápido que podía para llegar a la plaza a tiempo, donde había quedado con mis amigos para dar una vuelta. Habíamos acordado llegar a las doce, y según mi reloj ya pasaban doce minutos. Cuando llegué, Javier y Miguel ya estaban esperándome.
-¡Menos mal! Por fin has llegado- exclamó Miguel.
-Ya creíamos que ni aparecerías. ¿No decías que tu madre siempre te despierta a las diez?
-Sí, pero hoy mis padres no están en casa y se me olvidó poner el despertador.
-¿Qué dices? ¿Y no nos invitas a tu casa?- saltó Javier, el fiestero y juerguista oficial del grupo.
-Hoy no puedo, he invitado a Claudia a comer y prefiero estar a solas.
-Míralo, y parecía tonto. ¿Qué, te has esperado a que tus padres se fueran de casa para aprovechar y hacer "manitas" con Claudia?- dijo Miguel, con una ceja levantada y su característico sarcasmo.
-A vosotros no os importa lo que haga o deje de hacer con ella- dije eso con una sonrisa burlona.
-Bueno, ya acabarás contándonoslo, ¿verdad, Javi? Siempre le ha gustado fanfarronear.
-Ja ja ja... tienes razón, no sé ni por qué le preguntamos.
En fin, ¿dejáis de meteros en mi vida y pedaleamos un rato?

     Llegué a casa pasadas las dos de la tarde, cansado y con la nuca roja debido al sol. Tenía tiempo, ya que había quedado con Claudia a las tres en mi casa para comer y mis padres no vendrían hasta la noche. Me metí en la ducha un buen rato, enjabonándome bien por todo el cuerpo para quitarme el cansancio de encima. Al salir de la ducha, antes de ponerme la toalla, me miré en el espejo (debo reconocer que soy bastante narcicista) y contemplé mi cuerpo. Los meses de gimnasio iban dando sus frutos lentamente. Una vez seco y vestido, cogí de la nevera la comida que me habían dejado mis padres y la calenté en el microondas, justo en el momento en que mi novia llamaba a la puerta. Fui a abrirle y me quedé embobado mirándole la cara, tan guapa y bien maquillada como siempre.
-¡qué guapa estás, Claudia!
-Gracias. Me he puesto la sombra de ojos que me regalaste la semana pasada.
-Vaya, parece que ya traes la mochila con las cosas- dije señalando la bolsa de deporte que sostenía.
-Claro, así después ya no tengo que pasar por casa y vamos directamente a la playa.
-Pues yo aún tengo que buscar mi bañador.
-Pues mira que te lo dijimos ayer, ya podrías haberlo buscado. Bueno, luego te ayudo a encontrarlo, ahora ven aquí.

     Me acerqué lentamente a ella y comenzamos a besarnos apasionadamente. Cerré la puerta (que aún seguía abierta) y nos dirigimos a mi habitación.

·   ·   ·

-¡Hombre, la parejita! Ya creíamos que no vendríais. ¿qué tal en casita solos?- dijo Javier con tono burlesco.
-¿No ves la cara de felicidad que traen? Seguro que se han metido en alguna habitación...
-¿Os calláis de una vez?- dije, esta vez un poco molesto.
-Ja ja ja... vete tú a saber si no han ido al sofá...

     Después de aguantar las burlas de mis amigos, nos pusimos en camino hacia la playa, que estaba a unos dos o tres quilómetros. Por el camino hicimos bromas, contamos anécdotas, incluso de vez en cuando realizábamos alguna gamberradilla. Yo iba cogido de la mano de Claudia, y esporádicamente nos dábamos algún beso delante de las risas y burlas de mis amigos. El camino, que duró cerca de una hora, transcurrió sin incidentes, y llegamos cerca de las seis a la playa. Una vez allí, nos pusimos los bañadores y colocamos las toallas sobre la arena. Javier y Miguel se fueron corriendo al agua y yo me quedé tumbado en la arena con Claudia, mientras hablábamos de la comida de mañana con sus padres:
-Y recuerda que a mi padre no le gusta el fútbol, no como a ti.
-Vale, entonces no le hablaré de fútbol. ¿Pero qué le puedo decir?
-Le gusta la política. Es un poco de derechas, pero seguro que le caerás bien.
-No sé, no lo veo claro... ¿Y tu madre, cómo es? ¿Qué le gusta?
-Mi madre es más fácil. Le encanta la decoración del hogar, pero no le hables de modas o tendencias, que no le gustan esos temas.
-En eso no has salido a tu madre, ¿eh? Ja ja ja...
-Yo he salido más a mi abuela. Algún día te la presentaré... quizás.
-¿Y es obligado que yo vaya mañana a tu casa? A lo mejor deberíamos esperar un poco más.
-¿Más? Llevamos saliendo casi dos años. ¡Y tú ya me presentaste a tus padres!
-Ya, pero es que a mis padres les tengo más confianza...
-No te preocupes, todo saldrá bien, ya lo verás...- y me guiñó un ojo.

     Aún había un buen sol a las siete de la tarde, y decidimos ir los cuatro a caminar por la playa. Íbamos descalzos bordeando la orilla mientras el agua iba y venía entre nuestros pies y nos refrescaba. Llegamos hasta un extremo de la playa, en una zona rocosa, y decidimos seguir por el arisco camino (igual que habíamos hecho tantas otras veces). Íbamos contemplando el inmenso horizonte a lo lejos, tan hermoso como siempre. Llegamos a una pequeña cala, en lo alto de un pequeño acantilado de unos 10 metros.
-¿Qué, nos tiramos al agua desde aquí, como la última vez?- inquirió Javier.
-Vale, tirémonos- dijo Claudia -pero hay que tener cuidado, que justo debajo hay rocas.
-¡Bah! Eso con un pequeño salto se pasa de largo- respondió Miguel con una mueca de pasividad.

     Dejamos las mochilas en el suelo (yo con cuidado, ya que dentro llevaba el móvil nuevo que me compraron mis padres). Saltó en primer lugar Javier y se oyó una sonora salpicadura. Después se tiró Miguel y después Claudia. Yo era el último que quedaba allí arriba. Me asomé por el acantilado y los vi chapoteando en el agua, felices. A mi me recorrió un escalofrío por la columna. Los tres me miraban fijamente:
-¡Venga, gallina, salta ya!- gritaba Javier desde el agua.
-¡Eso, que no tenemos todo el día- añadió Miguel, vociferando igual que su compañero.
-Dejadlo, si le da miedo, que baje por otro lado...- intervino Claudia, mi novia, que siempre vela por mí.

     Tragué saliva, cogí carrerilla y cerré los ojos mientras esas palabras me resonaban aún en la cabeza. Corrí hacia delante, dispuesto a saltar, pero se me clavó una piedrecita en el pie y se torció todo, justo en el último instante Cerré los ojos mientras notaba cómo caía. Me vino a la mente las imágenes de Claudia, la de sus padres, Javier, Miguel, mi casa, la playa, el horizonte, el mar azul, la luz del sol... Por último, vi una imagen de mi mismo mirándome fijamente y con una amplia sonrisa en la cara. Luego, sonó un intenso pitido que se iba debilitando y todo se volvió oscuro...

jueves, 8 de marzo de 2012

Los pensadores del foro

     He aquí una bonita fábula con una moraleja importante: puedes guiarte según te diga tu mente, tus sentidos o tus sentimientos, sólo tú elijes a quién hacer caso (como si quieres hacer caso a los tres a la vez, ya ves tú). Además, tanto los nombres de los animales (Danonano, Andarara y Jaxx) como el nombre del lugar donde están (Plaza del Foro) no son más que guiños hacia un sitio web que frecuento (El Mundo de Rayman). Así que ya sabes, si conoces a Rayman y hablas castellano, ¡Ven!


     Érase una vez la historia de tres animales que eran muy amigos; se llamaban Danonano, Andarara y Jaxx. Danonano era un anciano búho que se pasaba día y noche observando todo aquello que pasaba alrededor suyo, sin perderse un sólo detalle. Por otro lado estaba Andarara, una rata hecha y derecha, con unas gafas de tamaño considerable y que siempre estaba rodeada de montones de libros; siempre tenía en la mano alguno, y a cada rato necesitaba estar estudiando algo. Por último, Jaxx era un jovencito mono muy inquieto, que siempre estaba de aquí para allá, tocando, oliendo y saboreando todo aquello que fuera nuevo para él. Un buen día, estos tres amigos decidieron ir a la Plaza del Foro para hablar, como de costumbre, sobre cómo veía cada uno el pueblo:
-Querida Andarara- comenzó Danonano -¿Cómo puedes decir que conoces mejor que nadie el pueblo, si no sales de tu casa o de la biblioteca? Eso es una contradicción en sí misma. Fíjate en mí, que paso día y noche observando todo lo que sucede en el pueblo, casi desde que tengo razón de ser.
-Tienes razón, Danonano, no salgo de mi casa más que para ir a la biblioteca y viceversa, pero tampoco necesito más. ¿Cuántos años llevas tú observando este pueblo? ¿Ochenta? ¿Noventa? Yo me sé de memoria más de trescientos años de historia de este pueblo.
-Puede que sí, pero no es la misma historia. De tanto leer en la penumbra, se te han quemado los ojos y eres incapaz de ver más allá de esas letras corrosivas en esos polvorientos libros. Seguro que ni siquiera sabes de qué color es el ayuntamiento.
-Desde luego no te falta razón, pero he de decirte algo: ¿Acaso te acuerdas de todos y cada uno de los detalles de lo que has visto hasta ahora, o sólo eres capaz de describir lo que ves? Como puedes comprobar, yo puedo decirte de memoria todo lo que he estudiado, aunque no repare en los detalles.
-Ninguno de los dos tenéis ni idea- intervino Jaxx -Al mundo no se viene a quedarse quieto para verlo pasar; hay que moverse e interactuar.
-No digas bobadas, tú aún eres muy joven para ponerte a observar al pueblo, no lo conoces lo suficiente- dijo Danonano -Respondiendo a Andarara, creo que te equivocas. ¿Qué prima a la hora de observar el pueblo, la cantidad de recuerdos que tenemos o la calidad de éstos? Querida amiga, ¿de qué te sirve de qué esté hecho el ayuntamiento si no sabes que es blanco? Cuando lo busques, no podrás localizarlo a simple vista.
-Danonano, en esa afirmación has pecado de gaznápiro. Puede que a simple vista no lo encuentre, pero yo ya sé que es el único edificio del pueblo hecho de granito y mármol. Por contra, edificios blancos hay en muchos sitios y te puedes confundir fácilmente.
-Claro que me puedo confundir, Andarara, pero por eso yo no me baso sólo en el color; mediante la observación he podido determinar el color, la forma, la textura, etc. hasta tal punto de relacionar suficientes características que individualmente no servirían de nada dado su carácter común con otros objetos, como tú muy bien has dicho, para poder discernir el ayuntamiento del resto de objetos.
-Sí, pero ¿de qué sirve sabérselo por fuera de memoria si no tienes ni idea de cómo es por dentro? Yo podría averiguar qué parámetros tienes en cuenta para distinguir el ayuntamiento y crear una réplica exacta para ti, para engañarte, y por dentro poner una panadería en vez del ayuntamiento en sí. Yo, en cambio, sé su composición, su localización, el año en que se construyó, etc. Sería imposible engañarme con una réplica.
-¡Silencio!- saltó Jaxx -Ahora me escucharéis atentamente: ¿No os habéis dado cuenta de que estáis diciendo lo mismo? Ambos habéis observado tanto el pueblo como el ayuntamiento, pero de diferentes formas. Yo, sólo acercándome, ya sé todo lo que vosotros habéis tardado en deducir sobre el ayuntamiento, pero con una diferencia: a mí sí que no me pueden engañar. Yo podría hacer una réplica exacta para Danonano o cambiar algunas características obvias que Andarara no vería. Yo, en cambio, no me baso en lo que veo, si no en lo que siento. Cada vez que me acerco al ayuntamiento me siento sobrecogido por su grandiosidad. Para encontrarlo, sólo necesito ir hasta el edificio que me haga sentir igual de sobrecogido. Además, nadie puede engañarme con algo que siento, excepto yo, obviamente. Por eso se puede engañar a cualquiera excepto a un ciego.

     Dicho esto, los tres amigos acordaron dejar aquí su conversación y retomarla en otro momento, después de reflexionar y razonar. Pero, ¿quién tiene razón, Danonano, Andarara o Jaxx? ¿O quizás los tres, o puede que ninguno, o a lo mejor sólo dos? Nadie lo sabe...

viernes, 2 de marzo de 2012

Anhelo

Me asomo por la ventana
y me fijo en tu radiante tez,
formada a partir de, tal vez,
la más fina porcelana.

Tu mirada penetrante
hace enloquecer mi corazón.
Ojos oscuros como carbón,
te quisiera aquí delante.

No sé si podré tenerte,
algún día o para siempre,
y entre mis brazos quedarte.

Desde el albor de la mente,
hasta el ocaso del alma,
me enamoro lentamente.

Unas líneas finas carmesí,
intensamente trazadas,
con tus sonrisas cazadas
que están enlazadas entre sí.

Sedoso manto azabache
reposa desordenado
sobre el hermoso acabado
de un rostro sabor guirlache.

No sé si podré tenerte,
algún día o para siempre
y entre sollozos quererte.

Desde el albor de la mente,
hasta el ocaso del alma,
te esfumas rápidamente
hasta convertirte en nada.

jueves, 1 de marzo de 2012

Las verdades del Noisimus

-¡Mira, contigo quería yo hablar!
-¿De qué?
-¿Has oído hablar del Noisimus?
-¿El qué?¿Qué es eso?
-¿No lo sabes? ¡Vaya! Ni que vivieras en mitad de la nada... En fin, no te preocupes, que yo te lo explico.
-Bueno, tengo tiempo y bastante curiosidad. ¡adelante! A ver si me sorprendes...
-Entonces empiezo. No sé si conoces un tal Oma...
-No, no tengo el gusto.
-Normal, nadie lo ha visto en persona. Según el Noisimus, un libro de tamaño considerable y muy entretenido, es capaz de realizar proezas sobrehumanas. Como una especie de súperhéroe, pero mucho más poderoso. Según el libro, no respeta las leyes de la física, sólo respeta sus propias leyes, las que él ha creado. Y comentan las malas lenguas que estas leyes las hizo únicamente en su beneficio, para ser la criatura más poderosa de todas.
-Pero aquí hay algo que no encaja.
-¿El qué?
-Pues que si fue él quien hizo las leyes para ser el más poderoso, previamente ya tenía que ser el más poderoso, y el hacer esas leyes sería un sinsentido.
-Ja ja ja... Me gusta cómo razonas, pero ahí te has colado, gaznápiro. Aunque no aparezca en el noisimus, el autor reveló que en realidad Oma tenía un hermano. Pero era un hermano malvado, que sólo quería sembrar el mal. Creo recordar que se llamaba Aritnem, o algo así. Y claro, al ser hermanos tenían los mismos poderes sobrenaturales, más o menos, así que Oma tuvo que encerrarlo en un oscuro sitio. El autor dice que ese sitio está rodeado de bellas cascadas que te atraen para ahogarte y de grandísimos lagos en los que perderse es muy fácil. Así que Oma tuvo que inventarse sus leyes, para ser más poderoso que su hermano.
-Qué sitio tan raro. espero no ir nunca...
-No te preocupes, el libro también dice que te concederán un juicio cuando mueras y...
-¿Cuándo muera?¿Y cómo se supone que me van a juzgar si estoy muerto?
-Ya te he dicho que Oma tiene poderes especiales. Seguramente te reviva o algo así, no sé. En cualquier caso, si pierdes el juicio se rumorea que te envían al mismo sitio donde está Aritnem, exiliado del mundo de Oma.
-¿Y qué pasa si ganas el juicio?¿Dónde te llevan?
-Según Noisimus, vas a vivir a la mansión de Oma, y allí lo puedes conocer en persona.
-Ya, ¿pero quién te juzga?¿Y qué toman en cuenta para hacer una elección?
-Pues mira, según el libro, todos y cada uno de los que mates con tus propias manos formarán parte de tu plantilla de abogados. Por eso están asesinando tantos licenciados en derecho. Y la forma que tienen de juzgarte es simple: tienen una balanza mágica en la que ponen en un platillo el dinero que le has dado a Oma y en el otro platillo el dinero que podrías haberle dado pero que no le has dado.
-¿Y cómo se le da dinero a Oma? Se supone que nadie lo puede ver...
-¡Eso es lo mejor! El autor del libro fundó una organización que se encarga de recaudar todo nuestro dinero para dárselo a Oma. Y como velan por nuestra "salvación", nos obligan a darles parte de nuestro dinero para que se lo envíen a Oma; más de la mitad de lo que tengamos, claro, así nos aseguramos ganar el juicio.
-¿Y si hay alguien que no puede dar el suficiente dinero?¿Qué hace?
-Ja ja ja... Siempre me sorprendes con tu astucia. Pero no te preocupes, esta organización que te digo (que creo que se llamaba Rábor, no me hagas mucho caso) permite que en vez de dar dinero puedas dar partes de tu cuerpo, ¡y te los compran pagando su peso en oro!¿No es fantástico?
-Hombre, hay que reconocer que se lo curran. Y por curiosidad, ¿quién es el jefe de esta organización?
-Es el mismo autor del Noisimus, y se hace llamar Señor Dal.
-¿Señor Dal? Qué nombre tan raro... ¡Eh!¿Y con que derecho se auto proclama jefe?
-¡No seas tonto! No se ha auto proclamado, se lo ha dicho Oma.
-¿Y cómo se lo ha podido decir?¡Según él mismo, nadie lo puede conocer!
-Qué ingenuo eres... Él es el único que puede tener contacto con Oma, por eso ha escrito este libro. ¡De lo contrario sería una idiotez!
-¿Y tú te lo crees?
-Hombre, si el único que conoce a Oma dice que es el único que conoce a Oma, habrá que creerle, ¿no?
-No sé yo... ¡Huy!¡Qué tarde se me ha hecho! Lo siento, me tengo que ir. Ya me seguirás contando en otro momento.
-Bueno, ya nos veremos algún día de estos. Ahora reflexiona y medita, que es lo importante.
-Eso haré. ¡Hasta otra!
-¡Adiós, hasta luego!

lunes, 20 de febrero de 2012

Vicio atezado

     Mi flequillo se mecía con la fría y húmeda brisa de la noche, la misma brisa que murmuraba entre los árboles y hacía mover las hojas de las copas. Metí la mano en el bolsillo y saqué de él un pequeño paquete rojo, con letras ininteligibles aún con la luz de la luna bañándolo de pleno; sólo se podía apreciar una gran palabra en letras negras: Marlboro. La abrí cuidadosamente, procurando que el fino material del que estaba hecho no sufriera daño alguno, ya que albergaba un bien demasiado precioso para mi como para exponerlo al exterior. Una vez abierta la cajetilla, extraje cuidadosamente un cigarro con los dedos índice y pulgar, a fin que el resto permanecieran intocables, vírgenes, hasta que les llegase la hora de sucumbir. Deslizándolo muy despacio, mis oídos captaban el sonido del roce, un sonido con el que estaba muy familiarizado y que era la antesala del placer.

     Me acerqué paulatinamente la boquilla a los labios y la sujeté cuidadosamente mientras rebuscaba el mechero en mi otro bolsillo. Una vez encontrado, lo puse a la altura del extremo del cigarro y con la mano con la que no lo sujetaba protegí la frágil llama del aire, que aunque fuese imperceptible, hacía danzar con extrema facilidad el fuego. Una vez entró en contacto el blanco papel del cigarrillo con el anaranjado fuego, aspiré dulcemente y la incandescencia brillante comenzó a trepar hasta que se detuvo cuando dejé de coger aire.

     Con los dedos índice y corazón, sujeté por la fina línea que separa ambos colores y lo alejé de mi boca, dejando caer el brazo mientras el humo acariciaba primero mis dedos y luego el resto del brazo. Repetidas veces me acercaba a la boca el pequeño cilindro y, con un largo y profundo suspiro, absorbía todo el humo que manaba del pequeño filtro de algodón terroso y lo introducía en mí hasta la garganta. Luego, calmadamente y tras repasar el regusto aristoso del humo, lo expulsé con un hondo y largo suspiro que me tranquilizaba y me calmaba hasta límites insospechados.

     Después de repetir este ritual las suficientes veces llegué hasta el fin del placer, cuando el fulgor rojizo llegaba ya hasta la trabajada caligrafía de la conocida marca de tabaco, donde el gusto cambia absolutamente y comienza a percibirse el basto sabor del fuego y la ceniza en estado puro. Di la última calada profundamente, y con una sonrisa fui expulsando todo el humo que guardaba en la boca mientras lanzaba con fuerza la colilla aún encendida contra el suelo y posteriormente la pisaba con fuerza.

sábado, 18 de febrero de 2012

La gran aventura de Al - Capítulo 1

     Esta es la historia de Al, un muchacho inteligente, simpático, con don de gentes, culto, gracioso, doctorado en análisis químico computacional y analítico, ojos marrones, musculado, guapo, metro ochenta y cinco de altura, abdominales de infarto, veintitrés centímetros de... En definitiva, un gran triunfador; pero no es el triunfador que todos se piensan, ni mucho menos, si no que tiene una historia muy particular...

     Al vive en un pueblecito llamado Libertigualfraternal, antigua colonia francesa, de venta en El Corte Inglés. Vive al lado del río, en un bonito prado de orquídeas. Por desgracia, Al es alérgico a las orquídeas, pero por suerte encontró un bonito lugar lejos de allí, aunque por desgracia no era bonito, pero por suerte estaba en el mismo pueblo, aunque por desgracia era debajo de un puente, pero por suerte tenía cáncer y moriría pronto, aunque por desgracia se estaba curando, pero por suerte su familia ya se había muerto, ya que el cáncer es muy contagioso. En definitiva, Al vivía a todo tren y más feliz que un anís feliz.

     Un buen día, a las cinco de la mañana, Al se despertó a causa del frío característico de agosto porque alguien le robó la manta que le había cubierto por completo hasta ahora. Evidentemente, eso le enojó  muchísimo, tanto que los ojos se le tornaron color rojo sangre y la temperatura corporal comenzó a subirle, aunque probablemente fuera a causa del cáncer. Cuando se hubo calmado, decidió ir a buscar su querida manta, aunque para ello tuviera que recorrer el mundo entero. Y es aquí cuando Al, sin saberlo, recorrerá por todos lados una gran aventura fantástica de la que no se podrá liberar.

     Aún era de noche cuando decidió partir de ese pueblucho de mala muerte, pero antes necesitaba prepararse a fondo para su larga travesía. Por fortuna, había por allí abierto un bazar chino donde conseguir de todo. Sacó de su harapiento bolsillo todo lo que había podido recolectar el día anterior con las limosnas: unas monedas, un mendrugo de pan, una botella de agua, las escrituras de un chalet, un par de llaves de no sabía qué y un maletín lleno de fajos de billetes de diversos colores. Salió del bazar con una cantidad ingente de objetos absolutamente indispensables para su camino, todo metido en el espacioso maletero de un flamante y elegante monovolumen negro y con todos los cristales completamente tintados que se acababa de comprar. Arrancó con un estruendoso rugido que desgarró y luego volvió a coser el silencio de la noche. Bajó las ventanillas y una ráfaga de aire calmado le acarició el rostro. Al pisó el acelerador a fondo y se fue a su aventura, la gran aventura de Al, ordenada cronológicamente en pequeñas lecturas fáciles de leer para los más pequeños y los estudiantes de la LOGSE.

martes, 14 de febrero de 2012

Añoranza

El bramar del oleaje
resonando en mis oídos.
Aves de dulces sonidos
campando entre el rocaje.

Orilla murmulleante
que susurra con ternura.
Brisas trayendo frescura
sobre el espejo brillante.

Hermosos pero olvidados
recuerdos que traen consigo
sentimientos ya perdidos.

Visiones que van conmigo
en mis largos y movidos
viajes míos contigo.

lunes, 13 de febrero de 2012

Mañana perdida

Por si alguien no lo sabía, soy estudiante de 2º de bachillerato, concretamente del bachillerato científico. En una de esas mañanas que te levantas con el pie izquierdo y te tienes que pasar 6 horas escuchando gente sin parar y prestando atención, me puse a escribir esta dura crítica camuflada por un sentimiento de angustia y frustación, siempre con un carácter filosófico. Este relato está prácticamente hecho mediante la escritura automática, así que había momentos que escribía pensando en otras cosas; es por eso que se puede ver un clarísimo reflejo de mi mente en él.


     El día es claro, con un cielo añil impropio e inusual en esta época del año, aunque acompañado del frío anunciado repetidas veces y que acompaña nuestras vidas desde hace más de dos semanas. La monotonía típica de un día laboral, a veces interrumpida por algún que otro comunicado megafónico, merma mi psique hasta límites insospechados y obliga a mi mente a deshacerse de los yugos de la atención y la memorización con objeto de viajar incorpóreamente por todos aquellos recónditos lugares en los que muy a gusto reposaría plácidamente hasta llegar al alba. Estar rodeado de tanta gente con cara somnolienta despierta mi interés en escapar de una vez por todas, olvidarme de los problemas que corroen mis entrañas y poder viajar libre sin rumbo, durante todos los años de los que disponga en mi vida. Pero no puedo. Ahogo un grito de angustia con una tos ronca y áspera, producto de un humo inhalado horas atrás, un humo denso e hiriente para mi cuerpo, aunque actúe como una especie de panacea para mi agotada alma. Quiero salir de aquí, relajar los sentidos y vaciar mi mente de cosas innecesarias, meras fruslerías para mi cerebro, para así centrarme en lo que de verdad importa, en lo que se centra la vida de cuantos he conocido. Pero uno no puede abstraerse así como así, dejando de lado las preocupaciones y los fantasmas que invaden nuestras vidas para llegar hasta donde nos permite la imaginación.

     Siento un incesante hormigueo que sube y baja por mis piernas, aletargadas y cansadas de estar toda la mañana en una misma posición, y llega hasta mis brazos, que, inquietamente, cambian de posición sistemáticamente cada medio minuto, impacientes por abandonar su hibernación diaria. Una monótona voz taladra mis oídos y me extrae a cada segundo de mi oasis de conocimientos, externos a los que tratan de inculcarme día tras día desde que la memoria me funciona. Mis ojos entran en constante combate contra el sueño, a fin de no dormirme durante las importantes banalidades con las que me bombardean desde primera hora de la mañana hasta que dan cierta cancha para ir a casa a descansar. Oteo el horizonte, pero sólo llego a ver las rojizas paredes de los edificios cercanos, con los ir y venir de la gente que los habita, con sus insulsas vidas y sus problemas superficiales. Frustrado por este encierro deliberado sólo me queda dejar pasar el tiempo hasta que llegue la hora de partir.

     No obstante, el pensar en la vuelta a casa no sosiega mi espíritu, al contrario, hace que recuerde mi situación vital en esta sociedad; subyugado a terceras personas que, aunque me procuren el cumplimiento de mis necesidades, no deja de ser una fría relación entre el amo y su esclavo. Los latigazos de rutina y ensimismamiento que recibo constantemente impide que pueda deshacerme del mundanal materialismo para explorar todas las caras que me ofrece el conocimiento absoluto, al que sólo puedo acceder siendo yo mismo, no como persona, si no como yo mismo. Ensimismado en todas estas ideas, me he aislado sin darme cuenta en mí mismo, algo que creía imposible y muy fructífero; pero me he equivocado en ambas afirmaciones: no es algo imposible, pero tampoco es útil. Posiblemente me sienta atrapado, pero no por una sociedad opresora, si no que yo mismo me he encerrado entre mis pensamientos y me he aislado del mundo durante unos preciosos momentos en los que he reflexionado profundamente y me he introspeccionado. Quizás la solución no sea salir de uno mismo, si no atreverse a entrar.

domingo, 12 de febrero de 2012

Noche roja

He recuperado este poema de una libreta que usaba en 3º de la ESO, y por le que gané un bonito premio en cheque regalo de una papelería de mi ciudad por valor de 150 euros. Está mal escrito, no rima, ni siquiera sigue una métrica clara, pero le tengo mucho aprecio y creo que logra transmitir parte del sentimiento que usé en su realización.



Fría noche de invierno,
el sueño no puedo conciliar.
Tu suave y cálido pelo
entre mis dedos dejo escapar.

El recuerdo de tus ojos,
dos luceros en mi oscuridad
que lentamente se apagan,
haciendo desaparecer mi seguridad.

Tu suave tez de porcelana,
blanca como la nieve
quisiera yo tocar,
mas nunca vuelve.

Tus labios hechos están
de sangre derramada
al no poder conseguir
mi diosa deseada.

Sin ti
mi vida no puede seguir,
un simple recuerdo anhelado
para siempre va a morir.

Pájaros por el algodón,
cervatillos por los prados.
Le vino como la noche
por unos rubíes rojos.

La sangre se derrama
por sus enturbiados ojos.
Pájaros por el algodón,
pájaros que vagan solos.

sábado, 11 de febrero de 2012

La prostitución antes y ahora


     Desde tiempos muy remotos el hecho de ofrecerse sexualmente a cambio de bienes materiales es una costumbre social que ha ido experimentando un gran cambio debido a la evolución de las personas y de la sociedad que hemos creado. En las eras más primitivas los hombres del poblado ya intercambiaban relaciones sexuales a cambio de bienes, comida, cobijo... Los hombres alfa de las tribus podían elegir las mujeres que consideraban idóneas para reproducirse y procrear. Pasados ya muchos años las costumbres han ido evolucionando, estando la prostitución muy marcada en la historia, pasando por la era babilónica, el Antiguo Oriente, la Grecia Clásica, el auge del Imperio Romano y las más recientes edades Moderna y Contemporánea.

     La prostitución no ha existido desde siempre como tal. Bien es cierto que, tal y como se ha comentado antes, en las primeras sociedades primitivas se intercambiaban placeres sexuales por objetos, pero no es hasta que la tecnología del neolítico hubo rebasado ciertos límites que la prostitución deja de ser una necesidad para muchas mujeres y pasa a formar parte de otro tipo de sociedad muy distinta y más parecida a la actual en la que los bienes materiales de cada individuo determinaba su rol en la población. Es entonces cuando a las mujeres que practican dicho oficio pasan a ser propiamente llamadas prostitutas, que lo único que buscan es aumentar su calidad de vida en relación con el resto de personas de la sociedad utilizando la complacencia de las necesidades fisiológicas de las personas.

     Han pasado muchos años desde esos orígenes, pero la definición de prostitución es la misma: mantener relaciones sexuales con otras personas a cambio de bienes, en el caso de la actualidad dinero. Pero lo verdaderamente sorprendente no es esa invariación del significado, si no el gigantesco cambio que ha hecho la sociedad con respecto a la visión que se le tiene. Paulatinamente hemos ido tachando a las prostitutas de no tener una ética o una moral y de ser un grupo vergonzoso y despreciable, aunque eso no sea así. ¿Cómo se ha transformado un oficio antiguamente admirable y casi necesario a una práctica que deba ser erradicada de inmediato? Seguramente se encontrarían muchas respuestas a esta pregunta, pero cada respuesta pertenecería a un punto de vista distinto y no a una visión global de la sociedad actual.

     A partir del siglo XVI la prostitución pasa a ser ilegal en la mayoría de países, incluida España, pero no dejó de ser un negocio floreciente y con aportaciones de muchos beneficios para quien lo practicase. La Iglesia católica ha pasado de verla como un acto que debía ser eliminado con urgencia a un yugo que mantenía a las mujeres esclavizadas por su condición social y que debían ser liberadas y perdonadas. Ahora estamos atravesando otra etapa de intransigencia por parte de la Iglesia que opina que la prostitución es un pecado grave e incluso deleznable. En la Edad Moderna, durante el renacimiento las prostitutas no podían ejercer en la calle ya que podían ser sancionadas incluso con la cárcel.

     En gran parte la prohibición y posterior regulación de estas prácticas fue debida al gran número de enfermedades de transmisión sexual que se detectaron y que acababan con la vida de muchas mujeres y de algún hombre. Hoy día está muy regulado pero es legal ofrecer servicios sexuales a cambio de dinero en la mayoría de países, exceptuando EE.UU. y algunos países árabes. La dura regulación actual incluye la prohibición de prostitución callejera y el obligado uso de métodos anticonceptivos como los profilácticos para los hombres.

     Otro punto a tratar cuando se habla de prostitución es la inclusión no tan reciente de los hombres en estas prácticas, que ha dado lugar a numerosos debates sobretodo en el ámbito religioso. Hay muchos hombres que ofrecen servicios sexuales a cambio de dinero, aún siendo una minoría. Ya se consta la presencia de varones en estas prácticas en la Grecia Clásica, que no sólo ofrecían sus servicios a las mujeres, si no que entablaban relaciones con personas del mismo sexo. Años más tarde las duras penas que se aplicaban a los prostitutos, aún mayores que las aplicadas a las prostitutas (sobretodo si complacían sexualmente a otro hombre), dieron lugar a la rápida dispersión de este reducido colectivo que hasta hace muy poco se mantenían en el anonimato. No fue hasta los años sesenta y setenta que volvieron a surgir poco a poco después de una serie de duras represiones que sacudieron el mundo entero.

     Desde mi punto de vista la prostitución no es un oficio por el que se deba estar avergonzado, ya que aún no siendo un trabajo reconocido o bien remunerado es una forma como otra cualquiera de ganarse la vida, aunque a la sociedad no le parezca políticamente correcto ni ético; y de seguir con esta actitud podría llegar a desaparecer, cosa improbable a corto plazo y acabaríamos con una tradición milenaria. Puede ser que en años venideros la óptica de la gente haya cambiado bastante y las cosas que ahora pensamos que son de una forma pueden llegar a ser de otra forma muy distinta.

     En resumen y para concluir, la prostitución ha sido, es y será un hecho presente en esta sociedad que busca mejorar la calidad de vida, entre otras cosas supliendo las necesidades fisiológicas de los humanos como comer o complacer los deseos sexuales, y dependiendo del pensamiento de la gente en cada época se considerará de una forma o de otra.

jueves, 9 de febrero de 2012

El escondrijo perfecto


     Eran las tres de la mañana y era incapaz de vislumbrar silueta alguna a causa de que las farolas del jardín del hotel hacía rato que estaban apagadas, amén de la característica neblina que cubría el pueblo cada noche y que era capaz de calar hasta los huesos. Fruncía el ceño involuntariamente a fin de otear las zonas más alejadas para encontrarlos a todos. La temperatura era más bien un enemigo a tener en cuenta, aún estando a inicios de septiembre, pero ataviado con mi grueso abrigo no iba a rendirme tan pronto.

     Cuatro horas antes, justo después de la opulenta cena del hotel y ten llenos como estábamos mis primos y yo decidimos hacer algo para conciliar el sueño y no aburrirnos en aquel caserón decimonónico de Lekunberri, un pequeño y agradable pueblo de Navarra. Éramos doce, demasiados como para jugar a algún juego de mesa de los que se nos ofrecían en recepción o sentarnos a hacer algo en la sala de actos. La decisión de jugar al escondite se decidió por unanimidad de los asistentes, yo incluido, sin saber la inmensa cantidad de escondrijos y recovecos que nos ofrecía aquel lugar a la luz de la luna.

     A mi se me daba bien encontrar lugares insospechados e inhóspitos donde descansar por período de diez o quince minutos hasta que me encontrasen o se rindieran. Pero en aquel momento no era yo el que descansaba plácidamente entre la maleza del pequeño bosquecillo o tras una tapia de la pista de tenis. Caminaba cuidando bien cada paso que daba para evitar emitir ningún ruido que delatase mi presencia. Encontré con pasmosa facilidad cinco primos al minuto de comenzar mi turno, y otros tres después de cinco minutos. Pero mi suerte había cambiado y cuando mi reloj marcaba las tres y cuarto aún quedaban cuatro personas por encontrar. Pasados veinte minutos casi no notaba mis manos y en la lejanía parecía una locomotora del vaho que echaba por la boca. Tras el aparcamiento, entre las plantas pude localizar a otro de mis escurridizos primos. Ya sólo quedaban tres personas, y me parecía imposible que en ese limitado recinto que eran los jardines del hotel pudieran esquivarme de esa forma.

     Después de cuarenta minutos andando sin éxito alguno me senté en un banco que había en el pórtico, junto con el resto que no habían sido capaces de esconderse lo suficiente a mi mirada. Estaba escudriñando por el oscurísimo horizonte cuando oí algo detrás de mí. Me levanté de un brinco y fui a ver qué ocasionó el sonido. Vi en el suelo, bajo un árbol un zapato. Giré el cuello y vi entre las ramas y el follaje la penetrante mirada de una de mis primas. Los otros dos que restaban también se habían encaramado a sendos árboles cercanos y me habían estado vigilando los cuarenta y cinco minutos que duró el dichoso juego.

     Desde entonces, siempre que juego con mis primos al escondite, avizoro detenidamente cada árbol para comprobar que no estén escondidos allí.

Saludos a todos

Después de estar reflexionando mucho tiempo y meditarlo duramente, he llegado a una conclusión: me aburro mucho. ¿Y qué puedo hacer para remediarlo? Pues me gustan los videojuegos, la tele, leer, pasear, tarde de bolera, escribir, fapearme... ¿Y de todo esto, de dónde puedo sacar algo de provecho para entretenerme? Teniendo en cuenta que me regalaron un e-book hace un mes, la mejor opción es la de escribir, así que aquí estoy. Iré escribiendo relatos entretenidos, cortos y fáciles de leer, normalmente para todos los públicos, y con una muy variada gama de temas, desde trepidantes aventuras, hasta pasteladas románticas infumables. Evidentemente todo está 100% escrito por mí, así que no hace falta que busquéis lo que escriba en google para ver de dónde me lo he copiado. La mecánica es simple: escribo algo, lo subo, alguien lo lee. Así con cada relato, hasta que me canse (espero que eso no pase). No sé cuándo subiré un relato, ya que hay que tener en cuenta que las mejores historias sólo salen si estás inspirado, y no siempre me despierto con ganas de escribir. Básicamente, subiré historias cuando me apetezca (procuraré que se lo más dinámico posible). Así que nada, ya me he presentado (más o menos). Me llamo Jordi y nací un frío 20 de noviembre de hace mucho, allá hacia el 1994. En fin, hasta otra.