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lunes, 24 de junio de 2019

La gran aventura de Al - Capítulo 6

Al y el cangrejo, ahora fusionados en un único ente, eran más poderosos de lo que Nadia ni nadie habría imaginado jamás. Podían ver a través del espacio y el tiempo, vislumbrar el espacio intramolecular, sentir todas las supernovas sucediéndose simultáneamente en todo el ancho y peso del universo y, lo más importante, lograr afinar un la sostenido con una cuchara y el reactor de un Boeing 737. Por desgracia, ninguna de esas asombrosas habilidades los salvaría de todos los topos con picos-metralletas que en ese momento estaban a punto de terminar con su miserable vida.

—¡Oye Al!
—¿¡Quién me está hablando!?
—Soy yo, el cangrejo radioactivo.
—Ah, entonces soy yo.
—¿Tú?
—Somos un único ente, lo pone arriba.
—Ah, es verdad, me he convertido en un único ente muy poderoso.
—Sí, y ahora que somos un único ente poderoso puedo crear un cataclismo que puedes aprovechar para librarnos de todos esos topos que me están molestándote y huir lejos, para así poder iniciar la gran vida que soñaste tiempo atrás.
—¿De qué diantres estoy hablando?
—Es hora de que ejecute el plan K.
—¿¡El plan K!? ¿Estoy seguro?
—Sí, podremos con ello, confío en mí.

Dicho y hecho, el cangrejAl levantaron las manos hacia el suelo y empezaron a pronunciar las palabras prohibidas del gran libro prohibido, "Manual para los buenos modales y la etiqueta en reuniones de «petit comitè» de la Señorita Cthulhu". Una vez pronunciadas, nada sucedió. Los topos se aburrieron soberanamente y se fueron, no sin antes disparar una ráfaga de disparos en dirección a nuestro único ente intradimensional favorito. Las balas atravesaron su cuerpo, creando multitud de orificios con formas geométricas perfectas, como las de un dodecaedro o un corazón.

—Nos han disparado.
—Bueno, técnicamente me han disparado a mí.
—¿Qué más da? Es decir, somos un único ente, creo que ha quedado bastante claro, es la sexta vez que lo decimos.
—¿Y por qué hablamos en líneas de diálogo diferentes?
—Ehm... eso es cosa del autor.
—Autor, ¿tienes algo que explicarnos?

Uy... vaya, creo que me habési pillado. Vale, sí, lo reconozco, Al y cangrejo no se habían convertido en un único ente... En realidad es más parecido a cuando comes una ensalada de pepino, tomate, lechuga y grava, que sientes unos retortijones tan fuertes que proyectas tu condición de ser a un plano superior y trasciendes la realidad a todos los niveles posibles de conocimiento sobrehumano. Y también te entran ganas de ir al baño, a ducharte, concretamente. En efecto, la lechuga me sienta bastante mal, por eso el médico me ha prohibido todo tipo de marisco: cada vez que comía cóctel de gambas me sentaba como una patada en el estómago.

El caso es que Al y cangrejo no eran un único ente: eran un único ante, adornando unos bonitos zapatos marrones de la talla 97. Y como los zapatos no pueden morir, qué más da que les hayan disparado (por todos es conocida la extraordinaria capacidad regenerativa de los zapatos de la talla 97).

Viendo su fructuoso fracaso, los topos decidieron largarse en tropel, cosa que alertó el autobús de dos plantas que había allí dormido, que salió disparado arrollando a nuestro cómico dúo. El contacto del ante con el neumático del autobús hizo aparecer el genio de la lámpara maravillosa, que como no alcanzaba el presupuesto para lámparas, salió de un diamante tallado en forma de cenicero.

—Oh, señor que me ha invocado, dígame cuáles son sus deseos, le concederé todos los que desee.
—¡Sácanos de aquí!
—Dicho y trecho.

De un soplido de magia pura, el genio transportó el zapato izquierdo fuera de la guarida de los topos.

—Oye, genio, que nosotros estamos en el zapato derecho.
—¡Oh, no! El genio lleva puestos unos AirPods™, no nos puede oir.

Mientras el genio bailaba una rumba al ritmo de Chopin, un topo solitario que había por allí los escuchó y se acercó, no sin antes graznar de la emoción.

—¡Chicos, no tenemos mucho tiempo! Rápido, cojed mi mano.

El topo les extendió un tentáculo, que agarraron con fuerza con la solapa del zapato derecho, y notaron como las plumas se le erizaron. Levantando la trompa hacia el techo, se impulsó con sus seis poderosas patas traseras y salieron volando, estámpandose contra el susodicho techo (el susotecho).

—¡Mierda! Se me olvidava que los topos no tienen la capacidad de atravesar materia en estado de agregación sólido.
—¿Y por qué no has usado la trampilla que lleva directamente a la salida, que tiene un cartel que pone "En caso de emergencia o huida, utilíceme" y unas luces de neón con flechas y un sol con gafas de ídem sonriendo?
—Está cerrado por mantenimiento.
—¿Y la trampilla número dos?
—Está obstaculizada.
—¿La cuatro?
—Obstruida.
—¿La cinco quizás?
—¡Buena idea!

Así pues, el topo extendió sus alas y utilizó sus ecolocalizadores para alcanzar la trampilla número cinco justo antes de que el genio explotase en un sinfín de aire antes comprimido y tuercas. 

lunes, 1 de mayo de 2017

La gran aventura de Al - Capítulo 5

Bueno, bueno, bueno... Haremos ver que no se ha visto afectada para nada la continuidad de esta historia, ¿vale? Si me estás respondiendo en voz alta, gracias, pero recuerda que yo no soy las letras. Yo soy un tipo que escribe estas letras que tú estás leyendo. Y si no has respondido... pues eres un maleducado.

El caso es que Al y el cangrejo radioactivo estaban en serios problemas con los topos. Ya sabéis, pese a ser ciegos, por algún motivo los rodearon y ahora necesitan un plan para escapar. Pero no un plan magistral, ni siquiera un plan bueno. Sólo un plan normalucho. Como por ejemplo...

-Oye, cangrejo- comenzó a decir Al. -Dado que estamos en serios problemas con los topos, pese a ser ciegos, necesitamos un plan para escapar. No un plan magistral, ni siquiera...
-Ya, ya, ya- Interrumpió el cangrejo -, sé leer, gracias.
-Bueno, ¿y se te ocurre algo?
-Pues sí. Da la casualidad de que yo no salgo de casa por las mañanas sin mis barritas de cereales ni sin ojiva nuclear de alta potencia. Podríamos usar cualquiera de las dos para huir.
-Entiendo...

Y tal como Al terminó la última palabra, alargando innecesariamente la última vocal, el cangrejo dio un salto extremadamente alto (como de unos 146 metros, aproximadamente) y aterrizó sobre Al blandiendo la barrita de cereales por delante suyo. Al, ante la sorpresa de que un cangrejo tomase alimentos ricos en fibra para mejorar el tránsito intestinal, había abierto mucho la boca, tanto que el cangrejo pudo entrar sin más problemas en su interior.

¿Qué sucederá a continuación? Pues aquí un avance del próximo episodio: el cangrejo estará dentro de Al, perturbando así su metabolismo externo (el interno quedará intacto, por supuesto, si no el pobre Al moriría). Y sí, es posible que al final escapen de los topos. O no. Tampoco es que importe demasiado. Es decir, llevan como dos episodios quietos en el sitio mientras os cuento mis mierdas. SI hasta ahora no han hecho nada, dudo que lo hagan ya. Pero bueno, mantendremos el suspense durante un rato más. ¿Sobrevivirán Al y cangrejo? Ehm... bueno, es evidente que sí. ¿Qué imbécil podría pensar que no fuera a ser así? No me gusta matar a mis protagonistas en medio de la historia. Es decir, no me considero un gran escritor, pero es importante remarcar que tras mis incont

lunes, 15 de diciembre de 2014

La gran aventura de Al - Capítulo 4

¿Alguien se acuerda de cómo se acabó el anterior capítulo? ¿No? ¿Nadie me responde? Muy bien, pues iremos improvisando...

Al se encontraba en un sitio... en general, podríamos decir, puesto que todo necesita estar en un lugar, excepto el gran dragón rojo del difunto Xin Xao Chino, que es tan rojo y tan chino que atraviesa varias dimensiones cada vez que vosteza. En fin, que me pierdo con el dragón rojo, el cual tiene una gran importancia en la historia que ahora nos trae. Aunque realmente no tiene importancia alguna. Pero es un dragón, y si no vuelve a aparecer en toda la historia, a nadie le importará.

El caso es que Al se encontraba en un sitio con su mejor amigo, el cangrejo radioactivo, el cual era muy majo y muy radioactivo. Y la historia que tenían... esto...

¡Un momento! Me acabo de acordar de por dónde nos quedamos. Me da mucha pereza borrar lo que tengo escrito, así que tomad estos párrafos anteriores como una licencia poética. ¡Una metáfora! Eso es, una metáfora de que la vida es corta y los dragones rojos grandes. El tamaño importa, desde luego, a más grande, mayor capacidad de agradar a la gente, lo dice la Biblia.

Al y el cangrejo estaban encerrados en un sitio, lleno de topos, y se encontraban en un grave aprieto. Me gustaría decir que murieron de forma atroz, cosa que sucedió, pero como sin ellos la historia no seguiría, pues sobreviven y ya está. Tomémoslo como otra licencia poética, si queréis.

Vale, algunos pensaréis que soy poco constante, y que debería dejar de añadir licencias poéticas. ¡Pero no puedo! Es un grave trastorno de la personalidad, esa manía mía de narrar cualquier chorrada y creer que es una historia estructurada. El médico me recomendó escribir para subsanar este mal, y aquí ando, escribiendo. Y de mientras, Al está sufriendo con tanto topo. Sí, es un problema grave, pero es lo que hay. Como dice el refrán, "te jodes".

Pero bueno, no pasa nada, ya me centro, ya me centro. Al y cangrejo... ¡Hostia! Pero qué tarde se ha hecho. Esto deberías estar leyendo a las tantas de la madrugada, que es como más se disfruta la historia, así que esta frase mantendrá la coherencia. En caso negativo, coge un poco de sal y tírala por encima de tu hombro; de esta forma tan efectiva, conseguirás evitar que los demonios posean tu alma. Yo soy así, doy consejos de cualquier tipo a cualquiera. Es lo que hay.

Y en cuanto a la historia, Al y cangrejo se conocieron en la escuela, puesto que ambos querían ser policías de asuntos paranormales y reposteros de televisión. Fin.

viernes, 15 de febrero de 2013

La gran aventura de Al - Capítulo 3

     Al abrió los ojos. Se encontraba en una cochambrosa celda, sucia, oscura, húmeda, fría, y el ascensor no funcionaba. Aprovechando su poder para atravesar cosas líquidas, corrió hacia los barrotes para pasar al otro lado. Desgraciadamente, los barrotes no eran líquidos, así que se metió la hostia de su vida. Anonadado por las fuertes medidas de seguridad, sacó la llave de la celda para abrir el cerrojo. Luego se dio cuenta de que no era una llave, si no un cangrejo. Y no un cangrejo normal, no, era una cangrejo radiactivo. Éste le dio un pellizco a Al y le transfirió su poder, su poder radioactivo. A Al comenzaron a salirle tumores, tumores que susurraban, sobretodo a los caballos, y le decían cosas, como el secreto de la muerte o la salida secreta para salir de ahí. No obstante, Al llevaba puestos los auriculares de su MP3, así que no oía nada. Derrengado, decidió irse a dormir, no sin antes ponerse el pijama y encender la chimenea. Mientras cortaba algo de leña del jardín para la chimenea, un topo pasó por allí, mas no era un topo normal; era un pingüino. Un pingüino rosa. Éste vio a Al mientras cabalgaba en su caballo por el circuito de hípica de la celda y se acercó a hablarle:

-¡Hey! Amigo, ¿por qué estás aquí?
-No lo sé, me capturaron mientras emprendía mi aventura- respondió el cangrejo radiactivo.
-Vaya... Ojalá pudiera ayudarte en algo, pero sólo soy un pingüino rosa con una llave maestra.
-Jopé... Primero nos capturan y luego no nos dejan salir... ¡Vaya asco de día!

     Al pronunciar esas palabras, el suelo comenzó a temblar y crujir y una poderosa e inaudible voz se oía de fondo. El pingüino, asustado, se comió la cerradura de la celda y luego se fue volando, lejos. El cangrejo aprovechó para salir de ahí corriendo, seguido de Al, mientras el suelo y las paredes se agrietaban. Oleadas de calor emergían desde el centro del planeta y una ola de lava recorría los pasillos.

-¿Pero qué pasa?- preguntó el cangrejo.
-Has pronunciado las palabras prohibidas que despiertan al dios de los topos, la bella y hermosa Tuneladora- respondió Al.
-¿La que hace túneles?
-No, esa es su hermana Conchi. Ella se dedica al bricolaje.
-¿Y por qué nos quiere matar?- habló el cangrejo sin parar de correr.
-No lo sé... Lo único que sé es que nos quiere matar por comernos su pastel.
-¡Yo ya te dije que era mala idea comerse ese pastel!

     Nuestros amigos... bueno, los vuestros, que a mí no me caen bien. En fin, el cangrejo radiactivo y Al siguieron corriendo por los laberínticos túneles, sin saber muy bien hacia dónde ir, hasta que llegaron a una puerta. En ésta había un cartel que decía: "Prohibido fumar. Espacio libre de humos.".

-¿Qué hacemos? ¿Entramos?- preguntó Al.
-Sí, será lo mejor. Tú no estás preparado para sobrevivir a la lava.- respondió el cangrejo.
-¿Y tú sí, gilipollas?
-Claro, ¿no ves que soy un cangrejo?
-¡Ah! Pues tienes razón. Perdona entonces.
-No te preocupes.
-¿Vais a entrar o qué? No tengo todo el día- dijo enfurecido el cartel.

     Ambos entraron de sopetón en la estancia. Por desgracia, esa sala resultó ser la sala de reuniones del ejército de topos. Por suerte, en ese momento no había ninguna reunión en marcha. Por desgracia, el ejército había ido allí a pasar la tarde. Y ahora estaban apuntando a nuestros dos héroes con sus picos-ametralladoras.

-Al, ¿te acuerdas del día en el que nos conocimos?- dijo el cangrejo radiactivo.
-No, ¿me lo podrías contar? Este parece un buen momento.
-Claro, pero lo haré en el próximo episodio, para mantener la intriga entre nuestros lectores.
-¿Lectores? ¿De qué coño estás hablando, cangrejo?
-¡Adiós chicos, nos vemos pronto!
-¡¿Pero con quién hablas?!
-Y no olvidéis comer mucha verdura. Sobretodo la verde.
-¡Cangrejo! ¡¿Nos está observando alguien?! Tengo miedo...

domingo, 10 de febrero de 2013

Colgante maldito

     En todas las largas travesías en las que me he embarcado han sucedido cosas increíbles, sucesos totalmente inverosímiles que no se creería ni el más fantasioso lobo de mar. No obstante, lo que ha sucedido esta vez es incluso más irreal, hasta el punto que ni yo sé exactamente lo que ha sucedido; y no estoy hablando de ninguna monstruosidad marina ni de una abominación de la naturaleza, no; de hecho, asombra la repercusión que ha tenido en mí algo tan pequeño, tan insignificante. Es ese maldito colgante, tan hermoso como peligroso, con una forma extraña, como una gota de lluvia, o quizás una lágrima petrificada. Lo encontré entre los restos de la última escaramuza, en el frío cuello de una niña, una hermosa e inerte niña. No sé qué me impulsó a hacerlo, pero el hecho es que lo cogí, y por ello estoy en este tremendo embrollo. He dejado mi navío con toda la tripulación a la deriva, a merced de nuestro Señor, y he huido como una asquerosa rata, no sin antes inutilizar el timón de mi hermoso barco. Sólo me ha dado tiempo a coger el cuaderno de bitácora y el colgante, antes de apresurarme a surcar los siete mares en tan cochambroso bote con la única compañía de mi soledad y unos remordimientos insufribles. Un pirata curtido como yo no habría hecho tal temeridad, pero el artefacto me nubla el cerebro y no me deja pensar. Lo único sensato que he podido hacer es lanzar el terrorífico abalorio al mar, esperando que éste lo engulla y lo haga desaparecer para siempre. Ahora sólo queda esperar, esperar una devastadora tormenta que deshaga mi modesta embarcación en mil trozos y me envíe a las profundidades del océano, donde merezco estar. Sólo espero que este cuaderno llegue a manos de otro, es necesario que todo el mundo conozca el peligro de tan detestable artefacto, ese colgante... colgante maldito.

lunes, 30 de julio de 2012

Rayman Returns (Título provisional)


1- El regreso de la oscuridad

-Señor, ya está completamente restaurado.
-Bien, bien, bien... Ahora sí que podré hacerme con el control absoluto.
-¿Qué está planeando, señor?
-Nada, cosas que no son de tu incumbencia. ¡Y como sigas preguntando, te tiro en mitad del pantano!
-Mis disculpas, señor. No volverá a ocurrir, señor.
-Eso espero. Puedes retirarte. Mantenme informado de cualquier contratiempo.
-Sí, señor, así lo haré. Adiós, señor- hizo una prolongada reverencia mientras se marchaba por la puerta.
-¡Guardias! Traedme aquí nuestro prisionero, el que se encarga de las excavaciones. Me gustaría tenerlo todo listo para mañana.
-Ahora mismo, señor- contestó un centinela que estaba a la derecha del improvisado trono de madera, haciendo una amplia reverencia.
-Espero que todo esto no sea en vano. Como descubra que el ejército de hierro no son más que habladurías de esa maldita bruja, pasará por todas y cada una de las salas de tortura de las que disponga hasta que pida clemencia. ¡Nadie engaña al Gran André, resurgido de entre las cenizas de los dioses!

Después de poco tiempo, trajeron ante André, que estaba sentado en su trono de madera, una pequeña bruja de aspecto frágil, que revoloteaba sin cesar intentando librarse de las pesadas cadenas que la mantenían cautiva. Su ropa estaba descolorida y sucia, y sobre la cabeza llevaba un enorme sombrero puntiagudo, maltrecho y muy rahído.

-Bien, bonita, explícame cómo está avanzando la excavación. ¡No quiero ni mentiras ni patrañas de las tuyas!
-Sí, señor...- dijo la bruja con un hilo de voz -Parece ser que hemos encontrado algo. Tal y como predije, el ejército de hierro está escondido en lo que parecía una sala de seguridad. Parece ser que se trata de una especie de grupo de robots arcaicos, que fueron desconectados por algo que aún no hemos logrado identificar. Probablemente el calor de las calderas colindantes, no lo sé...
-¡No quiero oírte decir "no lo sé"! ¡Quiero hechos!
-S-s-sí, señor. Disculpe, señor... Como iba diciendo, están desconectados. Quizás podamos hacerles volver a la vida. Quizás en las ruinas de esa nave podamos encontrar algo para reanimarlos, no lo sé.
-¡¿"NO LO SÉ"?! ¡¿Otra vez con esas malditas palabras?! ¡Llevadla al calabozo y dadle unos cuantos azotes, que aprenda a hablar con el Gran André!

Los soldados ejecutaron la orden con suma diligencia, llevándose a la pequeña bruja mientras gritaba clemencia. Entonces, entró el centinela de antes a toda prisa, pidiendo permiso para hablar con la máxima autoridad de esa sala.

-Habla- inquirió André.
-Mi señor, ya está todo listo, y antes de lo previsto. Cuando quiera, puede subir a bordo.
-Perfecto. Es hora de poner en marcha mi terrible venganza...

· · ·

Todas las superfícies estaban cubiertas de polvo. Hacía muchos años que nadie entraba en ese lugar, pasto del desastre y el horror. Los hombres de André habían hecho un gran trabajo, restaurando aquel monstruo de metal y madera. Los meses que fueron necesarios para remodelarlo fueron largos y tortuosos para los trabajadores, pero ahora ya estaba listo. Tenía una capacidad para albergar prisioneros impresionante, algo que dejó sin palabras a André. La comitiva del comandante jefe llegó a la sala de control, desde donde se controlaban todas las máquinas.

-Señor, tiene lista su suite arriba del todo, con unas vistas magníficas.
-Antes quiero comprovar personalmente que esto funciona. ¡Vamos allá!

Con una sonrisa malévola, André accionó una gran palanca que había en el centro. Se oyeron ruidos metálicos de todo tipo por todo el vehículo, dando a entender que la maquinaria se había puesto en marcha. Las luces se encendieron poco a poco, primero titilando y luego alumbrando todas las estancias y los pasillos. André, asombrado ante toda esa algarabía de ruidos, fue corriendo a su nueva habitación, que se encontraba realmente lejos. En mitad del camino, un fuerte crujir se oyó en toda la zona y los temblores se hicieron notar, cada vez más fuertes. ¡El barco estaba otra vez en el aire!

· · ·

En medio de las excavaciones, en la grieta más profunda y la más oscura, se comenzaron a oír extraños ruidos metálicos, parecidos a los de la nave, pero con menor intensidad, y unos extraños puntos de luz amarillenta aparecieron en mitad de la oscuridad...




2- La llamada

Era una noce clara, con un cielo estrellado y completamente despejado. Las lunas brillaban con una intensidad excepcional, que las hacían parecer aún más hermosas, si cabe. Rayman dormía plácidamente sobre una rama de árbol, suficientemente gruesa como para poder descansar sin temor a las caídas. La luz de las estrellas le daba de lleno en la cara, haciéndole estar en un constante y dulce sueño de hadas. Pero una gigantesca sombra, de tamaño descomunal barría el bosque por completo, poniendo en la penumbra todos los árboles y animales que por allí se encontraban. Cuando Rayman vio que las lunas no iluminaban su rostro, abrió los ojos; en el cielo, donde antes había azul salpicado de puntos blancos, ahora había una enorme mole oscura, moviéndose a toda prisa propulsada por los gigantescos reactores que se encontraba en la parte posterior. Algo raro estaba pasando, y Rayman tenía que averiguarlo.

Fue corriendo bosque a través, esquivando ramas y tortugas, sin tiempo a contemplar aquel idílico paisaje en el que tantas veces había estado. Por fin, llegó hasta un extenso claro, al lado de un lago de aguas cristalinas, en el que una casita de piedra se erguía como podía, de forma sinuosa y muy irregluar; se podría decir que las vigas que la aguantaban se ayudaban de magia. Rayman se apresuró en llamar a la puerta repetidas veces, con un nudo en la garganta, esperando que le abriesen. Al fin, al otro lado de la puerta se oyeron unas voces y con un pequeño cirrido, se abrió por completo.

-¿Rayman? ¿Qué quieres a estas horas? Estaba durmiendo...
-Betilla, es algo mucho más importante que dormir. ¡Mira!- dijo, señalando al cielo.

Betilla siguió la dirección del dedo de su interlocutor y casi se desmaya del susto. La gran nave seguía su lenta pero incansable marcha a través del cielo, creando un rugido que no vaticinaba nada bueno.

-¡Rayman, esto es horrible! ¡Debemos hacer algo!
-Por eso he venido. ¿Qué debemos hacer? Estoy listo para volver a las andadas.
-No, Rayman, es peor de lo que te imaginas. Voy a tener que avisar a todos los defensores del Bosque de los Sueños. Mientras tanto, ve a avisar a Globox. ¡Corre, no te entretengas por el camino!

Rayman miró por última vez a los ojos de Betilla y fue corriendo por entre los árboles en dirección a la casa de Globox, que se encontraba bastante cerca. Cuando llegó ante la puerta, golpeó con los nudillos lo más fuerte que pudo, ya que temía que su azulado amigo no lo oyese; no obstante, no fue así, de hecho abrió la puerta en seguida.

-¡Rayman! ¿Qué quieres a estas horas?
-Suerte que te encuentro despierto... ¡Algo está pasando en el Bosque de los Sueños! Betilla está reuniendo a los protectores de nuevo.
-¿Pero qué sucede? Qué envíen a Clark, él se puede encargar de un ejército entero.
-Globox, es más grave de lo que parece. ¡Mira!- y señaló a la gran sombra que se iba alejando por el cielo nocturno. Globox parapadeó varias veces antes de responder.
-Vale, creo que me has convencido. Deja que me despida de Uglette y de los niños, no tardo nada.

Llegaron al claro lo más rápido que pudieron, pero no había nadie allí; reinaba una calma demasiado preocupante, y Rayman temía por Betilla. Fue hacia su casa y de nuevo golpeó la puerta. Nadie respondió. Lo intentó varias veces más antes de desistir, sin recibir respuesta alguna: estaba claro que algo extraño pasaba.

-Globox, creo que sucede algo raro. Es como si Betilla hubiera desaparecido del mapa... Quizás deberíamos ir a preguntar al resto. ¿Tú qué crees?- nadie respondió -¿Globox?

Rayman se giró en seco, pero no había nadie en la zona. Escrutó entre los árboles, por si veía alguna sombra familiar, pero sólo distinguía madera y plantas. Tanto Globox como Betilla habían desaparecido y sin dejar rastro. Algo extraño se escondía detrás de todo aquello, y no podía quedarse quieto ni un segundo: el tiempo apremiaba.

viernes, 6 de abril de 2012

La gran aventura de Al - Capítulo 2

     Al llegó a una extensa explanada y apagó el motor para no gastar más gasolina. Bajó de un salto y, con la mano a modo de visera miró el horizonte buscando a alguien para preguntar dónde estaba. Evidentemente, no encontró a nadie, ya que estaba en las llanuras de la Soledad, una gran extensión lejos de su pueblo Libertigualfraternal; de hecho, estaba alejado de cualquier resto de ser humano. El aire era cálido y el suelo arisco, con algún arbusto de vez en cuando. Llegados a este momento, Al decidió volver al coche y seguir hacia el horizonte hasta llegar a algún sitio. Pero cuando estaba a escasos metros de él, bajo sus pies el suelo comenzó a temblar; se apartó justo a tiempo, ya que donde estaba apareció del suelo un topo con gafas, casco y pico. El topo se limpió la tierra de la cara y miró atentamente a Al:
-Hola, me llamo Obrero-12508 y me han enviado aquí porque has entrado en nuestro territorio. Estás arrestado.
- ¿El qué? ¿Cómo has dicho?
- Hola, me llamo Obrero-12508 y me han enviado aquí porque has...
- ¡Cállate! Ya te había oído la primera vez. ¿Pero por qué estoy arrestado?
- Entrar en nuestro territorio está castigado con arresto inmediato y dos años en el calabozo, así que...
- ¡Ja ja ja! No me hagas reír, por favor. ¡Si apenas me llegas a la cintura!
- Tú lo has querido... -Nada más decir eso, Al notó un pinchazo en la espinilla y cerró los ojos durante unos segundos...

     Cuando los abrió de nuevo, el topo había desaparecido, y en su lugar había un pequeño agujero oscuro y que emanaba una densa niebla. Al se dirigió hacia el monovolumen, pero en cuanto sacó las llaves, el coche comenzó a convertirse en arena y a deshacerse delante de sus ojos, igual que las llaves que sostenía. De repente, un estruendoso ruido recorrió el cielo y en éste apareció un temible y horrendo arco iris a siete colores. Las nubes se volvieron suaves y esponjosas, el cielo de un añil suave y muy desagradable. Por entre las nubes volaban pegasos rosas y azules, montados por osos pequeños y de peluche de variados colores. Aterrizaron alrededor suyo entre veinte o mil, todos mirándole fijamente:
- ¿Qué queréis de mí? -preguntó tembloroso Al- ¿Qué os he hecho yo?
- ¿Tú? Nada, que nosotros sepamos... -dijo el que parecía le jefe de los jinetes- Hemos venido aquí de vacaciones.
- ¡Ah! Bueno, entonces no pasa nada... Espero que disfrutéis de vuestra estancia aquí.
- Debes saber que nuestros pasatiempos favoritos son la destrucción, la aniquilación y la masacración.
- Vaya, eso cambia bastante las cosas. ¿Entonces no vais a la playa? Ahora que comienza a hacer calor...
- No, no nos gusta la playa, somos más de bañarnos en el gran volcán de nuestro planeta.
- ¿Cómo se llama, vuestro planeta?
- El nombre oficial es Libertigualfraternal, y tengo entendido que nuestra embajada está por aquí cerca. 
- Ahora que pienso... ¿Vuestra embajada la fundaron los franceses?
- Enviamos hace mucho tiempo algunos habitantes de nuestro planeta, dirigidos por un general llamado Napoleón, y ellos se instalaron en Francia. Pero vamos, les pedí máxima discreción, no creo que montaran mucho alboroto; se supone que no los tiene que conocer nadie de este planeta. Seguro que no te suenan de nada los nombres Adolf Hitler, Alberto Mussolini, Francisco Franco, Gengis Kan o Belén Esteban.
- Pues no, no tengo ni idea de quién hablas.

     Al acabar de pronunciar estas palabras, comenzaron a llover alfileres ardiendo; por suerte, Al siempre lleva encima su paraguas metálico ignífugo con rayas. Quitó los peces de encima y lo abrió justo para evitar que se le clavaran los alfileres. Mientras tanto, los ositos morían delante suyo entre sangre, vómitos y fuego, igual que los pegasos. En ese momento, el suelo se convirtió en un grandísimo mar y Al se hundía rápidamente debido a su paraguas. Cuando creía que se iba a ahogar, apareció una sirena y lo sacó del agua; una vez fuera, siguieron volando por el cielo. La sirena dejó caer a Al sobre un sofá con alas que iba a velocidad supersónica. Por suerte, la televisión estaba encendida y echaban el partido de ajedrez, partido que Al llevaba tiempo esperando, pero debido a la velocidad a la que iba, no podía escuchar a los comentaristas y apagó la tele, frustrado. Fue entonces cuando se dio cuenta de que algo extraño pasaba. ¿Pero el qué?

sábado, 18 de febrero de 2012

La gran aventura de Al - Capítulo 1

     Esta es la historia de Al, un muchacho inteligente, simpático, con don de gentes, culto, gracioso, doctorado en análisis químico computacional y analítico, ojos marrones, musculado, guapo, metro ochenta y cinco de altura, abdominales de infarto, veintitrés centímetros de... En definitiva, un gran triunfador; pero no es el triunfador que todos se piensan, ni mucho menos, si no que tiene una historia muy particular...

     Al vive en un pueblecito llamado Libertigualfraternal, antigua colonia francesa, de venta en El Corte Inglés. Vive al lado del río, en un bonito prado de orquídeas. Por desgracia, Al es alérgico a las orquídeas, pero por suerte encontró un bonito lugar lejos de allí, aunque por desgracia no era bonito, pero por suerte estaba en el mismo pueblo, aunque por desgracia era debajo de un puente, pero por suerte tenía cáncer y moriría pronto, aunque por desgracia se estaba curando, pero por suerte su familia ya se había muerto, ya que el cáncer es muy contagioso. En definitiva, Al vivía a todo tren y más feliz que un anís feliz.

     Un buen día, a las cinco de la mañana, Al se despertó a causa del frío característico de agosto porque alguien le robó la manta que le había cubierto por completo hasta ahora. Evidentemente, eso le enojó  muchísimo, tanto que los ojos se le tornaron color rojo sangre y la temperatura corporal comenzó a subirle, aunque probablemente fuera a causa del cáncer. Cuando se hubo calmado, decidió ir a buscar su querida manta, aunque para ello tuviera que recorrer el mundo entero. Y es aquí cuando Al, sin saberlo, recorrerá por todos lados una gran aventura fantástica de la que no se podrá liberar.

     Aún era de noche cuando decidió partir de ese pueblucho de mala muerte, pero antes necesitaba prepararse a fondo para su larga travesía. Por fortuna, había por allí abierto un bazar chino donde conseguir de todo. Sacó de su harapiento bolsillo todo lo que había podido recolectar el día anterior con las limosnas: unas monedas, un mendrugo de pan, una botella de agua, las escrituras de un chalet, un par de llaves de no sabía qué y un maletín lleno de fajos de billetes de diversos colores. Salió del bazar con una cantidad ingente de objetos absolutamente indispensables para su camino, todo metido en el espacioso maletero de un flamante y elegante monovolumen negro y con todos los cristales completamente tintados que se acababa de comprar. Arrancó con un estruendoso rugido que desgarró y luego volvió a coser el silencio de la noche. Bajó las ventanillas y una ráfaga de aire calmado le acarició el rostro. Al pisó el acelerador a fondo y se fue a su aventura, la gran aventura de Al, ordenada cronológicamente en pequeñas lecturas fáciles de leer para los más pequeños y los estudiantes de la LOGSE.