Mostrando entradas con la etiqueta Miedo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Miedo. Mostrar todas las entradas

domingo, 26 de febrero de 2017

Desgarrado

Me asomo por la ventana y te veo. Mantienes esa sonrisa, ese brillo en los ojos, esa despreocupación irradiante.

Y cae sobre mí una puñalada en forma de latido.

Esa felicidad que te rodea, esa gente de la que te envuelves, divide mi alma en una feroz guerra civil. Deseo fervientemente que tengas gozo en tu vida, pero más deseo aún que ese gozo sea... a mi lado.

La melancolía se cierne sobre mí, como la noche sobre el día, y ensombrece mi persona. El galante caballero de brillante armadura se imbuye de oscura desazón.

No tomes a mal mis acciones, no tomes en verdad mis palabras, no dejes que el espejo decida. Quiero alargar la mano y tenerte, mas temo romper la frágil aura que te rodea.

Mucho esfuerzo para ambos en vano, seguir por nuestros caminos, avanzar sin mirar atrás. Esa yuxtaposición contrapuesta que atenaza mis sentidos me vence.

Quiero respirar, pero no puedo. Quiero vivir, pero no puedo.

Búscame entre las enredadas cadenas de la oscuridad.

Allí, esperaré yo.

domingo, 1 de junio de 2014

10 consejos para estudiar duro

Se acerca el fin del curso escolar, y siempre viene bien repasar un decálogo de lo que hay que hacer para hincar los codos al máximo, y yo, en mi máximo esplendor de generosidad, voy a acercar al alcance de todo el mundo esos consejos que tanto me han ayudado en mi vida estudiantil:

Consejo nº 1

Necesitarás los apuntes del curso; cuando los tengas, ya puedes ir a por el consejo nº 2. ¿No has tomado apuntes y/o se los ha comido el perro? Hum... Mejor pasa al consejo nº 3.

Consejo nº 2

Una vez con tus apuntes en mano, será mejor que los repases e intentes aprenderte de memoria la mayor cantidad de información que puedas. Te será útil. Probablemente. Esperemos que sí. De todas formas, mírate el consejo nº 3. Y si te ves saturado con tanta información, o sencillamente pasas de memorizar cosas que olvidarás en pocos minutos, pasa al consejo nº 5.

Consejo nº 3

Coge los libros de texto del curso y comienza a resumir como si no hubiera un mañana. Una vez que tengas todos los resúmenes del temario completo perfectamente organizados, será mejor que prosigas con el consejo nº 2. Si no te apetece leerte todo el temario en tan poco tiempo, pasa al consejo nº 5. Y si directamente no tienes libros de texto, pasa al consejo nº 4.

Consejo nº 4

Ve a la librería/biblioteca más cercana y procura conseguir la mayor cantidad de libros sobre las asignaturas que quieras estudiar. A mayor cantidad de libros, mayor probabilidad de que te enteres de lo que pone en alguno de ellos (demostrado científicamente, que no te quepa la menor duda). Una vez con tu libros bajo el brazo, tranquilamente continúa con el consejo nº 3. Y si ya te los has leído de cabo a rabo y sigues sin enterarte de nada, no te desesperes, mírate el consejo nº 9, te será de ayuda.

Consejo nº 5

Seguro que en tu clase alguien habría más inteligente que tú. Pídele amablemente sus apuntes y, una vez los tengas, pasa al consejo nº 2. Si no te sirve con eso, arrodíllate ante él y que te dé clases particulares hasta que te enteres de todo. Un vez hecho eso, ya puedes ir al consejo nº 6. Y si se niega, pues pasa al consejo nº 9.

Consejo nº 6

Una vez tengas en tu cabeza la información útilmente necesaria para aprobar, será mejor asegurarse de que te acuerdas de todo, al menos de la mayoría de cosas (con que retengas un 50% de la información te servirá). Explícale a cualquiera de tus amigos la lección de cabo a rabo, hasta que ellos sean expertos. Sólo así te asegurarás que lo has entendido todo y podrás seguir con el consejo nº 7. Si a tus amigos no les apetece escucharte, pasa al consejo nº 9, ya me lo agradecerás. Y si no tienes amigos, ve al consejo nº 8.

Consejo nº 7

Haz chuletas como si no existiera otra cosa. Para todo, hasta lo más básico. Sin riesgos, el único objetivo de todo esto es aprobar a toda costa. Y una vez ya tengas todas las chuletas, puedes ir al consejo nº 6 (hasta que tus amigos se aborrezcan de ti, vaya). Si siempre te pillan con las chuletas en la mano (en sentido metafórico, obviamente, a no ser que estés cursando una FP de cocina), olvídate de este consejo y sustitúyelo por el consejo nº 8.

Consejo nº 8

Ve al charcutero más cercano que tengas y pídele el mejor jamón que tenga, atendiendo a la regla de la pata (cuanto más negra y grande, mejor). Engánchale un pegadizo mensaje disculpándote por tu retraso y envíaselo al profesor cagando hostias. Si le llega antes del examen, aún te da tiempo de ir al consejo nº 1. Y si no... Reza. Mucho.

Consejo nº 9

Fuego. Que no quede nada. Edificios, gente, plantas... Hoy en día es fácil conseguir gasolina y mecheros, no te prives, ya sabes lo que hay que hacer.

Consejo nº 10

Deja de leer esta maldita bazofia, coge tus apuntes/libro de texto y estudia de verdad. Todos sabemos que buscar en Google "10 consejos para estudiar duro" no sirve para nada más que no sea perder el tiempo. Así que corre, estudia ya, coño.

Consejo extra

Unos mojitos antes del examen te harán sentirte más seguro de ti mismo, así que ya sabes. De todas formas, estás jodido.

sábado, 13 de octubre de 2012

Terror químico

     -... entonces se deduce que el agua es capaz de absorber el calor cedido por la reacción química gracias a... el incremento de las entalpías responde a un decrecimiento... la cantidad de calor se puede medir según la energía recibida por el agua de la disolución... si tenemos en cuenta la entropía del sistema podremos ver... una simple resta entre los factores... resulta la ecuación... en un equilibrio... la energía interna... molaridad... factores...

     Cuando volví a abrir los ojos ya no oía a la profesora de química. Lo más extraño es que seguía allí, frente a la pizarra, gesticulando y moviendo los labios mientras escribía con la tiza, pero sumida en el más absoluto de los silencios. Giré la cabeza y vi a mi compañero de mesa dormitando, dando de vez en cuando un pequeño respingo y volviéndose a sumir en su sueño. El resto de compañeros del laboratorio estaban en un estado similar, con las cabezas apoyadas sobre las mesas y los brazos colgando, como si hubieran sufrido alguna especie de hipnosis. Miré por la ventana y observé un fenómeno que jamás habría imaginado: el cielo se había vuelto de un color rojizo muy oscuro, manchado con algunas nubes moradas. Me acerqué al alféizar y observé detenidamente el patio del instituto; ni un alma asomaba en todo el terreno, ni siquiera había nadie por las calles. Más allá del bosque que rodeaba el instituto había una espesísima niebla azulada que recordaba vagamente al basto océano flanqueando un pequeño islote en medio de la nada.

     Me dirigí con paso firme hacia la puerta; nadie parecía percatarse de mi presencia y todos seguían igual, con el inusual silencio rodeándolos como un aura maligna. Acerqué mi mano al pomo de la puerta, algo dubitativo, y la abrí de par en par. Asomé la cabeza por el largo y angosto pasillo de la última planta, y para mi sorpresa no vi a nadie. De hecho, estaban todos los fluorescentes apagados y el silencio sepulcral me presionaba los tímpanos como un líquido que recorría el aire con gran viscosidad. Poco a poco y con un nudo en la garganta fui recorriendo el camino hacia las escaleras, que se encontraban en el otro extremo. Pasaba por delante de las puertas de las distintas aulas, pero los ventanucos que servían para observar lo que acaecía en el interior de las estancias parecían tintados con algo inmaterial y absolutamente opaco. A medio recorrido me detuve, reflexionando si era buena idea continuar o, por contra, debía volver de inmediato.

     Estaba sumido en mis pensamientos cuando oí un lejano ruido a mis espaldas. Me giré a la velocidad del rayo, con el corazón en un puño, deseando no haber oído nada. Las puertas de emergencia estaban abiertas, y la luz que indicaba la salida titilaba con tesón. Ésa era la única luz en todo el pasillo, y lo que tenía debajo me dejó con la boca seca: el director del centro estaba allí, de pie, sin moverse un ápice y con los ojos cerrados. La luz parpadeante le iluminaba el rostro por fracciones de segundo, creándole sombras en el rostro y dándole un aspecto realmente decrépito. Esa imagen me dejó clavado en el suelo, sin saber qué hacer o siquiera qué estaba sucediendo. La luz que emitía las señales luminosas resplandeció con un inusual fulgor que me cegó momentáneamente. Cuando recuperé la visión, la luz seguía igual que antes, pero el director había desaparecido. Volví a oír detrás mío un chasquido, y mis piernas giraron a la velocidad de la luz. Un enorme rugido acompañado de una bocanada de aire caliente y apestoso me azotó el rostro y unos ojos color rojo sangre aparecieron momentáneamente al fondo del pasillo, en mitad de la oscuridad.

     Me desperté de un respingo en medio de la clase de química, con la última imagen grabada a fuego en mi memoria. Mi compañero de mesa estaba tomando apuntes mientras la profesora explicaba. Por fin volvía a oír su voz, y el cielo tenía ese color azul blanquecino tan agradable. Aún así, un escalofrío me recorrió la espalda, instándome a que me girara, cosa que no hice. Por algún extraño motivo, notaba una mirada clavada en mi nuca.