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lunes, 24 de junio de 2019

La gran aventura de Al - Capítulo 6

Al y el cangrejo, ahora fusionados en un único ente, eran más poderosos de lo que Nadia ni nadie habría imaginado jamás. Podían ver a través del espacio y el tiempo, vislumbrar el espacio intramolecular, sentir todas las supernovas sucediéndose simultáneamente en todo el ancho y peso del universo y, lo más importante, lograr afinar un la sostenido con una cuchara y el reactor de un Boeing 737. Por desgracia, ninguna de esas asombrosas habilidades los salvaría de todos los topos con picos-metralletas que en ese momento estaban a punto de terminar con su miserable vida.

—¡Oye Al!
—¿¡Quién me está hablando!?
—Soy yo, el cangrejo radioactivo.
—Ah, entonces soy yo.
—¿Tú?
—Somos un único ente, lo pone arriba.
—Ah, es verdad, me he convertido en un único ente muy poderoso.
—Sí, y ahora que somos un único ente poderoso puedo crear un cataclismo que puedes aprovechar para librarnos de todos esos topos que me están molestándote y huir lejos, para así poder iniciar la gran vida que soñaste tiempo atrás.
—¿De qué diantres estoy hablando?
—Es hora de que ejecute el plan K.
—¿¡El plan K!? ¿Estoy seguro?
—Sí, podremos con ello, confío en mí.

Dicho y hecho, el cangrejAl levantaron las manos hacia el suelo y empezaron a pronunciar las palabras prohibidas del gran libro prohibido, "Manual para los buenos modales y la etiqueta en reuniones de «petit comitè» de la Señorita Cthulhu". Una vez pronunciadas, nada sucedió. Los topos se aburrieron soberanamente y se fueron, no sin antes disparar una ráfaga de disparos en dirección a nuestro único ente intradimensional favorito. Las balas atravesaron su cuerpo, creando multitud de orificios con formas geométricas perfectas, como las de un dodecaedro o un corazón.

—Nos han disparado.
—Bueno, técnicamente me han disparado a mí.
—¿Qué más da? Es decir, somos un único ente, creo que ha quedado bastante claro, es la sexta vez que lo decimos.
—¿Y por qué hablamos en líneas de diálogo diferentes?
—Ehm... eso es cosa del autor.
—Autor, ¿tienes algo que explicarnos?

Uy... vaya, creo que me habési pillado. Vale, sí, lo reconozco, Al y cangrejo no se habían convertido en un único ente... En realidad es más parecido a cuando comes una ensalada de pepino, tomate, lechuga y grava, que sientes unos retortijones tan fuertes que proyectas tu condición de ser a un plano superior y trasciendes la realidad a todos los niveles posibles de conocimiento sobrehumano. Y también te entran ganas de ir al baño, a ducharte, concretamente. En efecto, la lechuga me sienta bastante mal, por eso el médico me ha prohibido todo tipo de marisco: cada vez que comía cóctel de gambas me sentaba como una patada en el estómago.

El caso es que Al y cangrejo no eran un único ente: eran un único ante, adornando unos bonitos zapatos marrones de la talla 97. Y como los zapatos no pueden morir, qué más da que les hayan disparado (por todos es conocida la extraordinaria capacidad regenerativa de los zapatos de la talla 97).

Viendo su fructuoso fracaso, los topos decidieron largarse en tropel, cosa que alertó el autobús de dos plantas que había allí dormido, que salió disparado arrollando a nuestro cómico dúo. El contacto del ante con el neumático del autobús hizo aparecer el genio de la lámpara maravillosa, que como no alcanzaba el presupuesto para lámparas, salió de un diamante tallado en forma de cenicero.

—Oh, señor que me ha invocado, dígame cuáles son sus deseos, le concederé todos los que desee.
—¡Sácanos de aquí!
—Dicho y trecho.

De un soplido de magia pura, el genio transportó el zapato izquierdo fuera de la guarida de los topos.

—Oye, genio, que nosotros estamos en el zapato derecho.
—¡Oh, no! El genio lleva puestos unos AirPods™, no nos puede oir.

Mientras el genio bailaba una rumba al ritmo de Chopin, un topo solitario que había por allí los escuchó y se acercó, no sin antes graznar de la emoción.

—¡Chicos, no tenemos mucho tiempo! Rápido, cojed mi mano.

El topo les extendió un tentáculo, que agarraron con fuerza con la solapa del zapato derecho, y notaron como las plumas se le erizaron. Levantando la trompa hacia el techo, se impulsó con sus seis poderosas patas traseras y salieron volando, estámpandose contra el susodicho techo (el susotecho).

—¡Mierda! Se me olvidava que los topos no tienen la capacidad de atravesar materia en estado de agregación sólido.
—¿Y por qué no has usado la trampilla que lleva directamente a la salida, que tiene un cartel que pone "En caso de emergencia o huida, utilíceme" y unas luces de neón con flechas y un sol con gafas de ídem sonriendo?
—Está cerrado por mantenimiento.
—¿Y la trampilla número dos?
—Está obstaculizada.
—¿La cuatro?
—Obstruida.
—¿La cinco quizás?
—¡Buena idea!

Así pues, el topo extendió sus alas y utilizó sus ecolocalizadores para alcanzar la trampilla número cinco justo antes de que el genio explotase en un sinfín de aire antes comprimido y tuercas. 

jueves, 29 de marzo de 2018

Buenos días

Vale, no te preocupes, respira; todo saldrá bien. Sólo tienes que entrar, saludar y sentarte. No es tan difícil. Lo haces cada día. Cada día.

¡Mierda! Alguien más quiere pasar por la misma puerta que yo. Decelera, ve más despacio, que pase él primero. Él abrirá la puerta y pasará, y detrás estaré yo, siguiéndole antes de que se cierre la puerta. No, no saques la llave, él la abrirá, la tiene que abrir él, tiene que pasar primero. Sí. Abrir, pasar. No es tan difícil, se puede lograr. No es tan difícil. ME-ME-ME HA DADO LOS BUENOS DÍAS. Vale, vale, vale. Vale. Buenosdíastambién. ¿Me habrá oído? No lo sé. Bueno, no pasa nada, la puerta se cierra, empújala suavemente y pasa adentro. No, no tan rápido, que aún está delante tuyo. Eso es, sigue detrás. Mirada al suelo. Mirada al... ¡No! No le mires el culo. Al suelo. Suelo. Mira tus zapatos; un cordón está a punto de soltarse. En cuanto puedas átatelo. Está cogiendo el ascensor. De acuerdo, tocará subir por las escaleras. Sigue subiendo. Sube. Rápido, antes que llegue el ascensor, son sólo dos pisos. Vale, bien, bien, respira, has llegado antes, puedes pasar. Respira más flojo. Más flojo, aguanta la respiración. ¿Me están mirando? ¿Me están viendo? No, creo que no. Pasa. Carmen te ha dado los buenos días. Buenosdíasquétal. No, a los ojos no. Al suelo, mirada al suelo. No mires nada, sólo el suelo. Baja la cabeza, eres demasiado alto. Te están viendo. Te están mirando. Puedo oírles. Te están mirando. Joderjoderjoderjoder, ¡tu sitio! De acuerdo, el abrigo. Quítatelo. Rápido y sin ruido. No, más rápido. ¡No, menos ruido! Déjalo. Suavemente. Suavemente. Nada de movimientos bruscos, con suavidad. Siéntate despacio. Vale, vale, parece que nadie se ha dado cuenta. ¿Me está miran...? No, vale, no está mirando. Está hablando con otro. Vale, vale, vale.

Ya sabes lo que queda. Mira a tus documentos y a trabajar. Y en 8 horas estarás solo de nuevo.

lunes, 1 de mayo de 2017

La gran aventura de Al - Capítulo 5

Bueno, bueno, bueno... Haremos ver que no se ha visto afectada para nada la continuidad de esta historia, ¿vale? Si me estás respondiendo en voz alta, gracias, pero recuerda que yo no soy las letras. Yo soy un tipo que escribe estas letras que tú estás leyendo. Y si no has respondido... pues eres un maleducado.

El caso es que Al y el cangrejo radioactivo estaban en serios problemas con los topos. Ya sabéis, pese a ser ciegos, por algún motivo los rodearon y ahora necesitan un plan para escapar. Pero no un plan magistral, ni siquiera un plan bueno. Sólo un plan normalucho. Como por ejemplo...

-Oye, cangrejo- comenzó a decir Al. -Dado que estamos en serios problemas con los topos, pese a ser ciegos, necesitamos un plan para escapar. No un plan magistral, ni siquiera...
-Ya, ya, ya- Interrumpió el cangrejo -, sé leer, gracias.
-Bueno, ¿y se te ocurre algo?
-Pues sí. Da la casualidad de que yo no salgo de casa por las mañanas sin mis barritas de cereales ni sin ojiva nuclear de alta potencia. Podríamos usar cualquiera de las dos para huir.
-Entiendo...

Y tal como Al terminó la última palabra, alargando innecesariamente la última vocal, el cangrejo dio un salto extremadamente alto (como de unos 146 metros, aproximadamente) y aterrizó sobre Al blandiendo la barrita de cereales por delante suyo. Al, ante la sorpresa de que un cangrejo tomase alimentos ricos en fibra para mejorar el tránsito intestinal, había abierto mucho la boca, tanto que el cangrejo pudo entrar sin más problemas en su interior.

¿Qué sucederá a continuación? Pues aquí un avance del próximo episodio: el cangrejo estará dentro de Al, perturbando así su metabolismo externo (el interno quedará intacto, por supuesto, si no el pobre Al moriría). Y sí, es posible que al final escapen de los topos. O no. Tampoco es que importe demasiado. Es decir, llevan como dos episodios quietos en el sitio mientras os cuento mis mierdas. SI hasta ahora no han hecho nada, dudo que lo hagan ya. Pero bueno, mantendremos el suspense durante un rato más. ¿Sobrevivirán Al y cangrejo? Ehm... bueno, es evidente que sí. ¿Qué imbécil podría pensar que no fuera a ser así? No me gusta matar a mis protagonistas en medio de la historia. Es decir, no me considero un gran escritor, pero es importante remarcar que tras mis incont

martes, 10 de junio de 2014

Formulario de ingreso

Nombre: Cecilio Castillo L.
Primer apellido: Castillo
Segundo apellido: L.
DNI/NIF: 95237772-J
Fecha de nacimiento (dd/mm/aaaa): 5 de octubre del 85
Lugar de nacimiento: Asturias
Domicilio: Calle de la Virgen, número 15, 5º 4ª
Municipio: Asturias

Estudios: Me saqué el graduado escolar e intenté hacer una FP de carpintería, pero me quedé a medias.

Experiencia laboral: Llevo muchos años trabajando en la construcción. Soy paleta.

Otros: De pequeño gané diversos diplomas, tanto en fútbol como en natación.

Observaciones: Si me contratan prometo hacer todo lo que me digan. No importa los horarios, solo quiero cobrar mucho dinero.

lunes, 9 de junio de 2014

Érase una vez...

Érase una vez, en una pequeña aldea situada en medio de un pequeño bosque, vivía una gentil gente. Mercaderes, pastores, agricultores... todos vivían en harmonía. Y en medio de aquel pueblecito, se alzaba sobre ellos un bonito castillo, con sus torres y sus almenas. En él habitaban un rey y su hija princesa, la cual pasaba las tardes dando de comer a los pájaros en el patio de dicho castillo. Soñaba día y noche con encontrar un príncipe del que enamorarse para poder casarse con él.

Un buen día, en esa pequeña aldea, un enorme gigante se acercó. Todos huyeron atemorizados, dejando sus quehaceres a medias y resguardándose en el castillo, el único lugar seguro de la zona. El rey convocó asamblea extraordinaria, y todo el pueblo se reunión en torno al trono para decidir qué hacer. Finalmente, y ante la tristeza de todos los presentes, se decidió que lo mejor era sacrificar una persona al día, de forma que el gigante pudiese dejarlos en paz. El sacrificado se elegiría a sorteo cada día, a lo que nadie puso pegas, pues todos querían lo mejor para sus vecinos y sus familias.

Tras unos días, la fortuna decidió que fuera la princesa la que saliera elegida. El rey pidió un segundo sorteo, pero la princesa, con gran honor y compasión, decidió sacrificarse por el bien del pueblo. Estaba lista, preparada ante el gran y malvado gigante, cuando de repente, en la lejanía, la silueta de un caballero montado sobre su corcel se vislumbraba. Éste, al ver a la princesa en apuros, desenvainó su espada y retó al gigante a un duelo. Éste aceptó, sin saber la amarga derrota que le esperaba.

Al amanecer del día siguiente, tanto el caballero desconocido como el gigante aparecieron en el descampado de los duelos, rodeado de toda la gente dle pueblo, que no querían perderse tal evento. El duelo se dio por comenzado, y el caballero agarró con fuerza su espada y arremetió contra la espinilla del giante. Éste gritó dolorido y se desplomó al suelo con un gran golpe seco. Estaba muerto.

La gente vitoreó al caballero, el cual reveló su grandiosa belleza al quitarse el yelmo. Al mirar a los ojos de la princesa, ambos se enamoraron perdidamente el uno del otro y decidieron celebrar la boda ese mismo día, ante el cuerpo sin vida del gigante que unos días antes había atemorizado al pueblo. Desde ese día, todos fueron felices y comieron perdices. FIN.

¡ALTO AHÍ! ¡Para! ¡Stop! ¡Quieto!

¿Cómo? ¿Quién es? ¿Qué sucede?

Bien. Me han llamado del Centro de Literatura Mediocre, el CLM, para informarme de tu actividad. Debes saber que lo que acabas de hacer atenta contra la ley para la escritura creativa vigente el 23 de...

¿Qué? ¿Qué está diciendo? ¿Quién es? ¿Y cómo se atreve a interrumpir mi historia? Había quedado muy bien.

¿Perdone? (¿Le puedo tutear?)

Sí, claro.

Bien. ¿Perdona? Primero, he esperado pacientemente a que acabaras la historia, para ver si el final resultaba algo mejor, pero está claro que te sobrevaloré. Después, la historia no ha quedado "bien". Ni siquiera ha quedado. De hecho, no lo llamaría ni historia. Anécdota de borracho, eso sí, sería más apropiado. ¿No has visto la pedazo de mierda que has escrito? ¿Estás ciego?

¿Cómo te atreves? Yo he creado esta historia, es mía, y yo hago lo que me da la gana con ella. ¿Te queda claro?

¡Error! Porque sea tuya no quiere decir que puedas hacer lo que quieras. Aún si fueras un filósofo, te podría colocar esto como reflexión o paradoja, pero no. Tú mismo lo has clasificado en el apartado de "historias". Y siento decirte, amigo mío...

No soy tu amigo.

... que "eso" que has escrito tú no es ni por asomo una "historia".

Es una historia porque cuenta cosas. Y punto. No es tan complicado de entender.

No, amigo mío...

Que no soy tu amigo.

... estás muy equivocado. Una historia tiene personalidad, sentimientos, profundidad, moraleja, personajes, psicología, énfasis, éxtasis, alma...

Que sí, que sí... ¿Has terminado ya?

Me ofendes, amigo mío...

No, no soy tu amigo.

... me ofendes. Para que quede claro, yo no soy aquí tu enemigo;...

Tampoco eres mi amigo.

... soy tu amigo.

No, creo que ha quedado bastante claro que no.

Sé lo que estás pensando. ¿Por qué lo he hecho tan mal? ¿Cómo puedo mejorar? No quiero ser un mediocre toda mi vida...

Yo no pienso eso.

Pero tú no tienes que pensar en eso.

No lo hago.

¿Eres un mediocre? ¿Y qué más da? No todo el mundo está hecho para ser alguien. Tú, amigo mío...

Sigo sin ser tu amigo.

... no eres tan mediocre como pueda parecer. Lo veo en tí, eres especial, eres un mediocre que puede no ser un mediocre.

La verdad es que no me considero un mediocre para nada.

¿Ves? ¡Esa es la actitud! No soy un mediocre. Soy el mejor. Arrasaré con todo el mundo y asesinaré todo aquel que me critique.

No, si yo acepto las críticas bastante bien. Y la mayoría son bastante positivas.

¡Eso es! ¡Sigue así! Piensa en grande y serás grande. Di que sí. Y estás de suerte, amigo mío,...

No quiero ser tu amigo.

... pues hoy me siento generoso. Te ayudaré. Sí, eso es, te ayudaré a escribir una gran historia. ¿No es fantástico?

No.


Tú y yo, codo con codo, ambos aportando ideas para crear la mejor historia del mundo. Tira a la papelera toda esa mierda y comencemos de nuevo. Tu imaginación y mi control de la lengua y la escritura. ¡Seremos imparables!

domingo, 1 de junio de 2014

10 consejos para estudiar duro

Se acerca el fin del curso escolar, y siempre viene bien repasar un decálogo de lo que hay que hacer para hincar los codos al máximo, y yo, en mi máximo esplendor de generosidad, voy a acercar al alcance de todo el mundo esos consejos que tanto me han ayudado en mi vida estudiantil:

Consejo nº 1

Necesitarás los apuntes del curso; cuando los tengas, ya puedes ir a por el consejo nº 2. ¿No has tomado apuntes y/o se los ha comido el perro? Hum... Mejor pasa al consejo nº 3.

Consejo nº 2

Una vez con tus apuntes en mano, será mejor que los repases e intentes aprenderte de memoria la mayor cantidad de información que puedas. Te será útil. Probablemente. Esperemos que sí. De todas formas, mírate el consejo nº 3. Y si te ves saturado con tanta información, o sencillamente pasas de memorizar cosas que olvidarás en pocos minutos, pasa al consejo nº 5.

Consejo nº 3

Coge los libros de texto del curso y comienza a resumir como si no hubiera un mañana. Una vez que tengas todos los resúmenes del temario completo perfectamente organizados, será mejor que prosigas con el consejo nº 2. Si no te apetece leerte todo el temario en tan poco tiempo, pasa al consejo nº 5. Y si directamente no tienes libros de texto, pasa al consejo nº 4.

Consejo nº 4

Ve a la librería/biblioteca más cercana y procura conseguir la mayor cantidad de libros sobre las asignaturas que quieras estudiar. A mayor cantidad de libros, mayor probabilidad de que te enteres de lo que pone en alguno de ellos (demostrado científicamente, que no te quepa la menor duda). Una vez con tu libros bajo el brazo, tranquilamente continúa con el consejo nº 3. Y si ya te los has leído de cabo a rabo y sigues sin enterarte de nada, no te desesperes, mírate el consejo nº 9, te será de ayuda.

Consejo nº 5

Seguro que en tu clase alguien habría más inteligente que tú. Pídele amablemente sus apuntes y, una vez los tengas, pasa al consejo nº 2. Si no te sirve con eso, arrodíllate ante él y que te dé clases particulares hasta que te enteres de todo. Un vez hecho eso, ya puedes ir al consejo nº 6. Y si se niega, pues pasa al consejo nº 9.

Consejo nº 6

Una vez tengas en tu cabeza la información útilmente necesaria para aprobar, será mejor asegurarse de que te acuerdas de todo, al menos de la mayoría de cosas (con que retengas un 50% de la información te servirá). Explícale a cualquiera de tus amigos la lección de cabo a rabo, hasta que ellos sean expertos. Sólo así te asegurarás que lo has entendido todo y podrás seguir con el consejo nº 7. Si a tus amigos no les apetece escucharte, pasa al consejo nº 9, ya me lo agradecerás. Y si no tienes amigos, ve al consejo nº 8.

Consejo nº 7

Haz chuletas como si no existiera otra cosa. Para todo, hasta lo más básico. Sin riesgos, el único objetivo de todo esto es aprobar a toda costa. Y una vez ya tengas todas las chuletas, puedes ir al consejo nº 6 (hasta que tus amigos se aborrezcan de ti, vaya). Si siempre te pillan con las chuletas en la mano (en sentido metafórico, obviamente, a no ser que estés cursando una FP de cocina), olvídate de este consejo y sustitúyelo por el consejo nº 8.

Consejo nº 8

Ve al charcutero más cercano que tengas y pídele el mejor jamón que tenga, atendiendo a la regla de la pata (cuanto más negra y grande, mejor). Engánchale un pegadizo mensaje disculpándote por tu retraso y envíaselo al profesor cagando hostias. Si le llega antes del examen, aún te da tiempo de ir al consejo nº 1. Y si no... Reza. Mucho.

Consejo nº 9

Fuego. Que no quede nada. Edificios, gente, plantas... Hoy en día es fácil conseguir gasolina y mecheros, no te prives, ya sabes lo que hay que hacer.

Consejo nº 10

Deja de leer esta maldita bazofia, coge tus apuntes/libro de texto y estudia de verdad. Todos sabemos que buscar en Google "10 consejos para estudiar duro" no sirve para nada más que no sea perder el tiempo. Así que corre, estudia ya, coño.

Consejo extra

Unos mojitos antes del examen te harán sentirte más seguro de ti mismo, así que ya sabes. De todas formas, estás jodido.

viernes, 15 de febrero de 2013

La gran aventura de Al - Capítulo 3

     Al abrió los ojos. Se encontraba en una cochambrosa celda, sucia, oscura, húmeda, fría, y el ascensor no funcionaba. Aprovechando su poder para atravesar cosas líquidas, corrió hacia los barrotes para pasar al otro lado. Desgraciadamente, los barrotes no eran líquidos, así que se metió la hostia de su vida. Anonadado por las fuertes medidas de seguridad, sacó la llave de la celda para abrir el cerrojo. Luego se dio cuenta de que no era una llave, si no un cangrejo. Y no un cangrejo normal, no, era una cangrejo radiactivo. Éste le dio un pellizco a Al y le transfirió su poder, su poder radioactivo. A Al comenzaron a salirle tumores, tumores que susurraban, sobretodo a los caballos, y le decían cosas, como el secreto de la muerte o la salida secreta para salir de ahí. No obstante, Al llevaba puestos los auriculares de su MP3, así que no oía nada. Derrengado, decidió irse a dormir, no sin antes ponerse el pijama y encender la chimenea. Mientras cortaba algo de leña del jardín para la chimenea, un topo pasó por allí, mas no era un topo normal; era un pingüino. Un pingüino rosa. Éste vio a Al mientras cabalgaba en su caballo por el circuito de hípica de la celda y se acercó a hablarle:

-¡Hey! Amigo, ¿por qué estás aquí?
-No lo sé, me capturaron mientras emprendía mi aventura- respondió el cangrejo radiactivo.
-Vaya... Ojalá pudiera ayudarte en algo, pero sólo soy un pingüino rosa con una llave maestra.
-Jopé... Primero nos capturan y luego no nos dejan salir... ¡Vaya asco de día!

     Al pronunciar esas palabras, el suelo comenzó a temblar y crujir y una poderosa e inaudible voz se oía de fondo. El pingüino, asustado, se comió la cerradura de la celda y luego se fue volando, lejos. El cangrejo aprovechó para salir de ahí corriendo, seguido de Al, mientras el suelo y las paredes se agrietaban. Oleadas de calor emergían desde el centro del planeta y una ola de lava recorría los pasillos.

-¿Pero qué pasa?- preguntó el cangrejo.
-Has pronunciado las palabras prohibidas que despiertan al dios de los topos, la bella y hermosa Tuneladora- respondió Al.
-¿La que hace túneles?
-No, esa es su hermana Conchi. Ella se dedica al bricolaje.
-¿Y por qué nos quiere matar?- habló el cangrejo sin parar de correr.
-No lo sé... Lo único que sé es que nos quiere matar por comernos su pastel.
-¡Yo ya te dije que era mala idea comerse ese pastel!

     Nuestros amigos... bueno, los vuestros, que a mí no me caen bien. En fin, el cangrejo radiactivo y Al siguieron corriendo por los laberínticos túneles, sin saber muy bien hacia dónde ir, hasta que llegaron a una puerta. En ésta había un cartel que decía: "Prohibido fumar. Espacio libre de humos.".

-¿Qué hacemos? ¿Entramos?- preguntó Al.
-Sí, será lo mejor. Tú no estás preparado para sobrevivir a la lava.- respondió el cangrejo.
-¿Y tú sí, gilipollas?
-Claro, ¿no ves que soy un cangrejo?
-¡Ah! Pues tienes razón. Perdona entonces.
-No te preocupes.
-¿Vais a entrar o qué? No tengo todo el día- dijo enfurecido el cartel.

     Ambos entraron de sopetón en la estancia. Por desgracia, esa sala resultó ser la sala de reuniones del ejército de topos. Por suerte, en ese momento no había ninguna reunión en marcha. Por desgracia, el ejército había ido allí a pasar la tarde. Y ahora estaban apuntando a nuestros dos héroes con sus picos-ametralladoras.

-Al, ¿te acuerdas del día en el que nos conocimos?- dijo el cangrejo radiactivo.
-No, ¿me lo podrías contar? Este parece un buen momento.
-Claro, pero lo haré en el próximo episodio, para mantener la intriga entre nuestros lectores.
-¿Lectores? ¿De qué coño estás hablando, cangrejo?
-¡Adiós chicos, nos vemos pronto!
-¡¿Pero con quién hablas?!
-Y no olvidéis comer mucha verdura. Sobretodo la verde.
-¡Cangrejo! ¡¿Nos está observando alguien?! Tengo miedo...

viernes, 21 de diciembre de 2012

Fin del mundo

     Dejadme hablar y os contaré qué es lo que veo...
     El cielo se tornará rojo, y en él se dibujará la figura de Ek Chuach, el dios del inframundo, y, con la llamada de todos aquellos cuyas almas impías corrompen el mundo, saciará su sed durante otros tantos años. Invocará una poderosa lluvia de meteoros que arrasará todo por completo, y la temperatura irá en aumento. Entre tanto, una gran tormenta solar atravesará el espacio hasta llegar a las inmediaciones de la atmósfera terrestre, modificando así el flujo electromagnético y eliminando toda la electricidad que pueda existir. Ek Chuach desaparecerá entre esas olas de fuego y destrucción, no sin antes arrasar todas las tierras de cultivo y hacer desaparecer ríos enteros. El núcleo terrestre se verá altamente modificado y los seísmos tomarán control absoluto sobre la corteza terrestre, abriendo grietas de las que rezumen temperaturas infernales, activando todos los volcanes a la vez y fragmentando las placas tectónicas. Eso provocará un tsunami de proporciones épicas, con varios cientos de quilómetros de altura y capaz de recorrer todos los continentes en pocos minutos. El filtrado del agua dentro de las grietas que conducen directamente al núcleo incandescente provocarán una petrificación inmediata de éste, paralizando la vida del planeta drásticamente. De entre la niebla emergerá un ser cuya sabiduría prevalece aún entre nuestros días, siendo maestro indiscutible de toda nuestra profesión: el gran Michel de Nôtre-Dame (Nostradamus para los amigos). Él invocará el poder de las estrellas para salvar a los pocos afortunados de la catástrofe y castigará a todo aquél que no creyó en él ni en sus profecías. Los Dioses estarán con él, y en él está nuestra salvación. Cuando la lluvia de estrellas se haya encargado de devolver el poder a Nostradamus, éste invocará a los cinco jinetes del Apocalipsis, siendo el quinto un último participante de última hora y encarnando la economía. Con un fulgor dorado y caído del cielo aparecerá Jesús, encargado de castigar a todos aquellos merecedores de la furia divina (véase homosexuales, ateos, comunistas, extranjeros, musulmanes y, en general, casi todo el mundo) y llevándose a los que se han ganado el cielo (monjes, curas, ricos, fascistas, pedófilos...). A su lado aparecerán otras personalidades como Mahoma, Yahveh, Ja, Jehovah, Buda y muchos más. Sus diferencias les llevarán a la gran guerra de guerras, la guerra Divina de la Muerte, que destruirán todo lo que quede en pie y fragmentará las almas de todo aquél desafortunado que se cruce en su camino. Entretanto un enorme meteorito atravesará la atmósfera e impactará de lleno en la estepa rusa, levantando un manto de cenizas y polvo, eliminando así toda esperanza posible. La Vía Láctea impactará con Andrómeda, creando tal sucesión de supernovas y agujeros negros que el continuo espacio-tiempo se plegará sobre sí mismo, creando un vórtice tetradimensional y llevando el Universo al inicio de todo y el fin de nada.

lunes, 9 de abril de 2012

La guerra de los cubiles

     Realmente hace mucho tiempo, cuando las alimañas correteaban felices sin temer nada y los peces salían a pasear tranquilamente por las montañas había dos islas dejadas de la mano de Dios, en una guerra constante por el control de los mares colindantes. Cada isla estaba controlada por un clan: por un lado, la isla que estaba más al oeste, llamada Curda; por el otro, la que estaba más al este, llamada Dídimo. Ambas eran enemigas desde tiempos antediluvianos, más que nada porque aún no habían llegado al Gran Diluvio, también llamado Noah's Joke, pero esa es otra historia. En ambos ambientes isleños, la población estaba compuesta básicamente por conejos, muchos conejos, de los que corretean por el mar mientras las sardinas pasean por el monte; conejos de todo tipo: altos, bajos, blancos, marrones, con topos, a rayas... En definitiva, de todo tipo. Pero no confundamos los términos, dado que había una característica que los agrupaba en dos clanes, correspondientes a las dos islas: Los habitantes de Curda tenían la particularidad de que estaban hechos básicamente de chocolate. Sí, en efecto, chocolate. No hace falta mencionar las elevadas tasas de canibalismo que esto suponía. Por contra, los habitantes de Dídimo no estaban hechos de chocolate, al contrario: eran de carne y hueso. La particularidad que a estos correspondía no era otra más que la de su carácter ovíparo. Sí, has oído bien, estoy hablando de conejos que nacían de huevos. Y una vez descritas las dos tribus, será mejor comenzar la historia que me trae hoy por aquí, que no es otra que la famosa leyenda conejil que se oye por todas partes, quizás demasiado distorsionada, aunque fue el motivo que les llevó a la guerra constante...

     Los conejos curdianos eran básicamente famoso por sus reposterías: Incluso se seccionaban partes de su propio cuerpo para dar más sabor a sus reconocidísimos pasteles y tartas, y añadían el sirope que les fluía por las venas. Pero un buen día, para dolor de todos los habitantes de la isla, se quedaron sin materia prima, unos precioso huevos que eran puestos por bellas aves de colores vivos y cánticos angelicales, dado un hecho bastante curioso y que es conveniente comentar: Los curdianos se alimentaban básicamente de sus creaciones de chocolate y azúcar, por lo que su digestión era más bien accidentada, dando como resultado unas deposiciones más bien pastelosas, deshechas y quizás algo líquidas. Pronto, el océano que rodeaba la isla fue obteniendo un degradado terroso muy negativo para el turismo, hasta alcanzar tal punto que sólo los mismo habitantes de la isla se atrevían a seguir viviendo en ella. Claro, sin huevos con los que cocinar, tuvieron que urdir un plan digno de un estratega de mente privilegiada: Ir hasta la otra isla sin ser detectados y robar todos los huevos que pudieran. Esta maquiavélica treta dio unos resultados asombrosos, pero por poco tiempo; los conejos didímicos se acabaron dando cuenta, principalmente por la caída en picado de sus tasas de natalidad. Muy enfadados con la tribu vecina, se dispusieron a elaborar su propia estratagema, que se detalla a continuación: Inocular con un poderoso veneno diversos huevos repartidos por toda la isla. Los resultados fueron los esperados, pero con ciertos problemas técnicos...

     En efecto, aunque los desesperados conejos de chocolate de la isla Curda seguían robando huevos de Dídimo, morían cada vez a mayor velocidad, ya que, obviamente, todos los platos de repostería resultaban envenenados. No obstante, y dado la gran limitación intelectual que caracterizaba los conejos ovíparos, no eran capaces de distinguir los huevos envenenados de los que no lo estaban; al quebrar el cascarón de los nonatos en los huevos solían salir efluvios extremadamente tóxicos, producto del veneno introducido. Tuvieron que deshacerse de una importantísima remesa de huevos para mantener la integridad física de los habitantes. En un alarde de asombrosa ocurrencia, a alguien se le ocurrió pintar de color vistosos todos los huevos, pero siguiendo un patrón, bastante abstracto y demasiado complejo como para ser explicado aquí. De esta forma, estaban seguros de que el huevo que incubaban era seguro y los que se llevaban eran tóxicos. Así, prosperó los conejos de la isla de Dídimo, mientras que los de Curda rozaban la extinción.

     Y por increíble que parezca, he de decir que ambas tribus prosperaron, convirtiéndose en famosísimas civilizaciones borradas del mapa el día que a alguien se le ocurrió crear al ser humano. En efecto, los humanos convirtieron estas leyendas en tradiciones milenarias, inventándose su propio origen y celebrando en su lugar fantásticas fiestas para celebrar la primavera. Pero aún se conservan los nombres de las islas: Se dice que algunos humanos realizan estas celebraciones con curdas a diestra y siniestra, mientras que otros lamentan la falta de sus dídimos y por ello se dedican a buscar los ya fosilizados huevos perdidos coloreados.

viernes, 6 de abril de 2012

La gran aventura de Al - Capítulo 2

     Al llegó a una extensa explanada y apagó el motor para no gastar más gasolina. Bajó de un salto y, con la mano a modo de visera miró el horizonte buscando a alguien para preguntar dónde estaba. Evidentemente, no encontró a nadie, ya que estaba en las llanuras de la Soledad, una gran extensión lejos de su pueblo Libertigualfraternal; de hecho, estaba alejado de cualquier resto de ser humano. El aire era cálido y el suelo arisco, con algún arbusto de vez en cuando. Llegados a este momento, Al decidió volver al coche y seguir hacia el horizonte hasta llegar a algún sitio. Pero cuando estaba a escasos metros de él, bajo sus pies el suelo comenzó a temblar; se apartó justo a tiempo, ya que donde estaba apareció del suelo un topo con gafas, casco y pico. El topo se limpió la tierra de la cara y miró atentamente a Al:
-Hola, me llamo Obrero-12508 y me han enviado aquí porque has entrado en nuestro territorio. Estás arrestado.
- ¿El qué? ¿Cómo has dicho?
- Hola, me llamo Obrero-12508 y me han enviado aquí porque has...
- ¡Cállate! Ya te había oído la primera vez. ¿Pero por qué estoy arrestado?
- Entrar en nuestro territorio está castigado con arresto inmediato y dos años en el calabozo, así que...
- ¡Ja ja ja! No me hagas reír, por favor. ¡Si apenas me llegas a la cintura!
- Tú lo has querido... -Nada más decir eso, Al notó un pinchazo en la espinilla y cerró los ojos durante unos segundos...

     Cuando los abrió de nuevo, el topo había desaparecido, y en su lugar había un pequeño agujero oscuro y que emanaba una densa niebla. Al se dirigió hacia el monovolumen, pero en cuanto sacó las llaves, el coche comenzó a convertirse en arena y a deshacerse delante de sus ojos, igual que las llaves que sostenía. De repente, un estruendoso ruido recorrió el cielo y en éste apareció un temible y horrendo arco iris a siete colores. Las nubes se volvieron suaves y esponjosas, el cielo de un añil suave y muy desagradable. Por entre las nubes volaban pegasos rosas y azules, montados por osos pequeños y de peluche de variados colores. Aterrizaron alrededor suyo entre veinte o mil, todos mirándole fijamente:
- ¿Qué queréis de mí? -preguntó tembloroso Al- ¿Qué os he hecho yo?
- ¿Tú? Nada, que nosotros sepamos... -dijo el que parecía le jefe de los jinetes- Hemos venido aquí de vacaciones.
- ¡Ah! Bueno, entonces no pasa nada... Espero que disfrutéis de vuestra estancia aquí.
- Debes saber que nuestros pasatiempos favoritos son la destrucción, la aniquilación y la masacración.
- Vaya, eso cambia bastante las cosas. ¿Entonces no vais a la playa? Ahora que comienza a hacer calor...
- No, no nos gusta la playa, somos más de bañarnos en el gran volcán de nuestro planeta.
- ¿Cómo se llama, vuestro planeta?
- El nombre oficial es Libertigualfraternal, y tengo entendido que nuestra embajada está por aquí cerca. 
- Ahora que pienso... ¿Vuestra embajada la fundaron los franceses?
- Enviamos hace mucho tiempo algunos habitantes de nuestro planeta, dirigidos por un general llamado Napoleón, y ellos se instalaron en Francia. Pero vamos, les pedí máxima discreción, no creo que montaran mucho alboroto; se supone que no los tiene que conocer nadie de este planeta. Seguro que no te suenan de nada los nombres Adolf Hitler, Alberto Mussolini, Francisco Franco, Gengis Kan o Belén Esteban.
- Pues no, no tengo ni idea de quién hablas.

     Al acabar de pronunciar estas palabras, comenzaron a llover alfileres ardiendo; por suerte, Al siempre lleva encima su paraguas metálico ignífugo con rayas. Quitó los peces de encima y lo abrió justo para evitar que se le clavaran los alfileres. Mientras tanto, los ositos morían delante suyo entre sangre, vómitos y fuego, igual que los pegasos. En ese momento, el suelo se convirtió en un grandísimo mar y Al se hundía rápidamente debido a su paraguas. Cuando creía que se iba a ahogar, apareció una sirena y lo sacó del agua; una vez fuera, siguieron volando por el cielo. La sirena dejó caer a Al sobre un sofá con alas que iba a velocidad supersónica. Por suerte, la televisión estaba encendida y echaban el partido de ajedrez, partido que Al llevaba tiempo esperando, pero debido a la velocidad a la que iba, no podía escuchar a los comentaristas y apagó la tele, frustrado. Fue entonces cuando se dio cuenta de que algo extraño pasaba. ¿Pero el qué?

sábado, 18 de febrero de 2012

La gran aventura de Al - Capítulo 1

     Esta es la historia de Al, un muchacho inteligente, simpático, con don de gentes, culto, gracioso, doctorado en análisis químico computacional y analítico, ojos marrones, musculado, guapo, metro ochenta y cinco de altura, abdominales de infarto, veintitrés centímetros de... En definitiva, un gran triunfador; pero no es el triunfador que todos se piensan, ni mucho menos, si no que tiene una historia muy particular...

     Al vive en un pueblecito llamado Libertigualfraternal, antigua colonia francesa, de venta en El Corte Inglés. Vive al lado del río, en un bonito prado de orquídeas. Por desgracia, Al es alérgico a las orquídeas, pero por suerte encontró un bonito lugar lejos de allí, aunque por desgracia no era bonito, pero por suerte estaba en el mismo pueblo, aunque por desgracia era debajo de un puente, pero por suerte tenía cáncer y moriría pronto, aunque por desgracia se estaba curando, pero por suerte su familia ya se había muerto, ya que el cáncer es muy contagioso. En definitiva, Al vivía a todo tren y más feliz que un anís feliz.

     Un buen día, a las cinco de la mañana, Al se despertó a causa del frío característico de agosto porque alguien le robó la manta que le había cubierto por completo hasta ahora. Evidentemente, eso le enojó  muchísimo, tanto que los ojos se le tornaron color rojo sangre y la temperatura corporal comenzó a subirle, aunque probablemente fuera a causa del cáncer. Cuando se hubo calmado, decidió ir a buscar su querida manta, aunque para ello tuviera que recorrer el mundo entero. Y es aquí cuando Al, sin saberlo, recorrerá por todos lados una gran aventura fantástica de la que no se podrá liberar.

     Aún era de noche cuando decidió partir de ese pueblucho de mala muerte, pero antes necesitaba prepararse a fondo para su larga travesía. Por fortuna, había por allí abierto un bazar chino donde conseguir de todo. Sacó de su harapiento bolsillo todo lo que había podido recolectar el día anterior con las limosnas: unas monedas, un mendrugo de pan, una botella de agua, las escrituras de un chalet, un par de llaves de no sabía qué y un maletín lleno de fajos de billetes de diversos colores. Salió del bazar con una cantidad ingente de objetos absolutamente indispensables para su camino, todo metido en el espacioso maletero de un flamante y elegante monovolumen negro y con todos los cristales completamente tintados que se acababa de comprar. Arrancó con un estruendoso rugido que desgarró y luego volvió a coser el silencio de la noche. Bajó las ventanillas y una ráfaga de aire calmado le acarició el rostro. Al pisó el acelerador a fondo y se fue a su aventura, la gran aventura de Al, ordenada cronológicamente en pequeñas lecturas fáciles de leer para los más pequeños y los estudiantes de la LOGSE.