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lunes, 24 de junio de 2019

La gran aventura de Al - Capítulo 6

Al y el cangrejo, ahora fusionados en un único ente, eran más poderosos de lo que Nadia ni nadie habría imaginado jamás. Podían ver a través del espacio y el tiempo, vislumbrar el espacio intramolecular, sentir todas las supernovas sucediéndose simultáneamente en todo el ancho y peso del universo y, lo más importante, lograr afinar un la sostenido con una cuchara y el reactor de un Boeing 737. Por desgracia, ninguna de esas asombrosas habilidades los salvaría de todos los topos con picos-metralletas que en ese momento estaban a punto de terminar con su miserable vida.

—¡Oye Al!
—¿¡Quién me está hablando!?
—Soy yo, el cangrejo radioactivo.
—Ah, entonces soy yo.
—¿Tú?
—Somos un único ente, lo pone arriba.
—Ah, es verdad, me he convertido en un único ente muy poderoso.
—Sí, y ahora que somos un único ente poderoso puedo crear un cataclismo que puedes aprovechar para librarnos de todos esos topos que me están molestándote y huir lejos, para así poder iniciar la gran vida que soñaste tiempo atrás.
—¿De qué diantres estoy hablando?
—Es hora de que ejecute el plan K.
—¿¡El plan K!? ¿Estoy seguro?
—Sí, podremos con ello, confío en mí.

Dicho y hecho, el cangrejAl levantaron las manos hacia el suelo y empezaron a pronunciar las palabras prohibidas del gran libro prohibido, "Manual para los buenos modales y la etiqueta en reuniones de «petit comitè» de la Señorita Cthulhu". Una vez pronunciadas, nada sucedió. Los topos se aburrieron soberanamente y se fueron, no sin antes disparar una ráfaga de disparos en dirección a nuestro único ente intradimensional favorito. Las balas atravesaron su cuerpo, creando multitud de orificios con formas geométricas perfectas, como las de un dodecaedro o un corazón.

—Nos han disparado.
—Bueno, técnicamente me han disparado a mí.
—¿Qué más da? Es decir, somos un único ente, creo que ha quedado bastante claro, es la sexta vez que lo decimos.
—¿Y por qué hablamos en líneas de diálogo diferentes?
—Ehm... eso es cosa del autor.
—Autor, ¿tienes algo que explicarnos?

Uy... vaya, creo que me habési pillado. Vale, sí, lo reconozco, Al y cangrejo no se habían convertido en un único ente... En realidad es más parecido a cuando comes una ensalada de pepino, tomate, lechuga y grava, que sientes unos retortijones tan fuertes que proyectas tu condición de ser a un plano superior y trasciendes la realidad a todos los niveles posibles de conocimiento sobrehumano. Y también te entran ganas de ir al baño, a ducharte, concretamente. En efecto, la lechuga me sienta bastante mal, por eso el médico me ha prohibido todo tipo de marisco: cada vez que comía cóctel de gambas me sentaba como una patada en el estómago.

El caso es que Al y cangrejo no eran un único ente: eran un único ante, adornando unos bonitos zapatos marrones de la talla 97. Y como los zapatos no pueden morir, qué más da que les hayan disparado (por todos es conocida la extraordinaria capacidad regenerativa de los zapatos de la talla 97).

Viendo su fructuoso fracaso, los topos decidieron largarse en tropel, cosa que alertó el autobús de dos plantas que había allí dormido, que salió disparado arrollando a nuestro cómico dúo. El contacto del ante con el neumático del autobús hizo aparecer el genio de la lámpara maravillosa, que como no alcanzaba el presupuesto para lámparas, salió de un diamante tallado en forma de cenicero.

—Oh, señor que me ha invocado, dígame cuáles son sus deseos, le concederé todos los que desee.
—¡Sácanos de aquí!
—Dicho y trecho.

De un soplido de magia pura, el genio transportó el zapato izquierdo fuera de la guarida de los topos.

—Oye, genio, que nosotros estamos en el zapato derecho.
—¡Oh, no! El genio lleva puestos unos AirPods™, no nos puede oir.

Mientras el genio bailaba una rumba al ritmo de Chopin, un topo solitario que había por allí los escuchó y se acercó, no sin antes graznar de la emoción.

—¡Chicos, no tenemos mucho tiempo! Rápido, cojed mi mano.

El topo les extendió un tentáculo, que agarraron con fuerza con la solapa del zapato derecho, y notaron como las plumas se le erizaron. Levantando la trompa hacia el techo, se impulsó con sus seis poderosas patas traseras y salieron volando, estámpandose contra el susodicho techo (el susotecho).

—¡Mierda! Se me olvidava que los topos no tienen la capacidad de atravesar materia en estado de agregación sólido.
—¿Y por qué no has usado la trampilla que lleva directamente a la salida, que tiene un cartel que pone "En caso de emergencia o huida, utilíceme" y unas luces de neón con flechas y un sol con gafas de ídem sonriendo?
—Está cerrado por mantenimiento.
—¿Y la trampilla número dos?
—Está obstaculizada.
—¿La cuatro?
—Obstruida.
—¿La cinco quizás?
—¡Buena idea!

Así pues, el topo extendió sus alas y utilizó sus ecolocalizadores para alcanzar la trampilla número cinco justo antes de que el genio explotase en un sinfín de aire antes comprimido y tuercas. 

lunes, 1 de mayo de 2017

La gran aventura de Al - Capítulo 5

Bueno, bueno, bueno... Haremos ver que no se ha visto afectada para nada la continuidad de esta historia, ¿vale? Si me estás respondiendo en voz alta, gracias, pero recuerda que yo no soy las letras. Yo soy un tipo que escribe estas letras que tú estás leyendo. Y si no has respondido... pues eres un maleducado.

El caso es que Al y el cangrejo radioactivo estaban en serios problemas con los topos. Ya sabéis, pese a ser ciegos, por algún motivo los rodearon y ahora necesitan un plan para escapar. Pero no un plan magistral, ni siquiera un plan bueno. Sólo un plan normalucho. Como por ejemplo...

-Oye, cangrejo- comenzó a decir Al. -Dado que estamos en serios problemas con los topos, pese a ser ciegos, necesitamos un plan para escapar. No un plan magistral, ni siquiera...
-Ya, ya, ya- Interrumpió el cangrejo -, sé leer, gracias.
-Bueno, ¿y se te ocurre algo?
-Pues sí. Da la casualidad de que yo no salgo de casa por las mañanas sin mis barritas de cereales ni sin ojiva nuclear de alta potencia. Podríamos usar cualquiera de las dos para huir.
-Entiendo...

Y tal como Al terminó la última palabra, alargando innecesariamente la última vocal, el cangrejo dio un salto extremadamente alto (como de unos 146 metros, aproximadamente) y aterrizó sobre Al blandiendo la barrita de cereales por delante suyo. Al, ante la sorpresa de que un cangrejo tomase alimentos ricos en fibra para mejorar el tránsito intestinal, había abierto mucho la boca, tanto que el cangrejo pudo entrar sin más problemas en su interior.

¿Qué sucederá a continuación? Pues aquí un avance del próximo episodio: el cangrejo estará dentro de Al, perturbando así su metabolismo externo (el interno quedará intacto, por supuesto, si no el pobre Al moriría). Y sí, es posible que al final escapen de los topos. O no. Tampoco es que importe demasiado. Es decir, llevan como dos episodios quietos en el sitio mientras os cuento mis mierdas. SI hasta ahora no han hecho nada, dudo que lo hagan ya. Pero bueno, mantendremos el suspense durante un rato más. ¿Sobrevivirán Al y cangrejo? Ehm... bueno, es evidente que sí. ¿Qué imbécil podría pensar que no fuera a ser así? No me gusta matar a mis protagonistas en medio de la historia. Es decir, no me considero un gran escritor, pero es importante remarcar que tras mis incont

lunes, 15 de diciembre de 2014

La gran aventura de Al - Capítulo 4

¿Alguien se acuerda de cómo se acabó el anterior capítulo? ¿No? ¿Nadie me responde? Muy bien, pues iremos improvisando...

Al se encontraba en un sitio... en general, podríamos decir, puesto que todo necesita estar en un lugar, excepto el gran dragón rojo del difunto Xin Xao Chino, que es tan rojo y tan chino que atraviesa varias dimensiones cada vez que vosteza. En fin, que me pierdo con el dragón rojo, el cual tiene una gran importancia en la historia que ahora nos trae. Aunque realmente no tiene importancia alguna. Pero es un dragón, y si no vuelve a aparecer en toda la historia, a nadie le importará.

El caso es que Al se encontraba en un sitio con su mejor amigo, el cangrejo radioactivo, el cual era muy majo y muy radioactivo. Y la historia que tenían... esto...

¡Un momento! Me acabo de acordar de por dónde nos quedamos. Me da mucha pereza borrar lo que tengo escrito, así que tomad estos párrafos anteriores como una licencia poética. ¡Una metáfora! Eso es, una metáfora de que la vida es corta y los dragones rojos grandes. El tamaño importa, desde luego, a más grande, mayor capacidad de agradar a la gente, lo dice la Biblia.

Al y el cangrejo estaban encerrados en un sitio, lleno de topos, y se encontraban en un grave aprieto. Me gustaría decir que murieron de forma atroz, cosa que sucedió, pero como sin ellos la historia no seguiría, pues sobreviven y ya está. Tomémoslo como otra licencia poética, si queréis.

Vale, algunos pensaréis que soy poco constante, y que debería dejar de añadir licencias poéticas. ¡Pero no puedo! Es un grave trastorno de la personalidad, esa manía mía de narrar cualquier chorrada y creer que es una historia estructurada. El médico me recomendó escribir para subsanar este mal, y aquí ando, escribiendo. Y de mientras, Al está sufriendo con tanto topo. Sí, es un problema grave, pero es lo que hay. Como dice el refrán, "te jodes".

Pero bueno, no pasa nada, ya me centro, ya me centro. Al y cangrejo... ¡Hostia! Pero qué tarde se ha hecho. Esto deberías estar leyendo a las tantas de la madrugada, que es como más se disfruta la historia, así que esta frase mantendrá la coherencia. En caso negativo, coge un poco de sal y tírala por encima de tu hombro; de esta forma tan efectiva, conseguirás evitar que los demonios posean tu alma. Yo soy así, doy consejos de cualquier tipo a cualquiera. Es lo que hay.

Y en cuanto a la historia, Al y cangrejo se conocieron en la escuela, puesto que ambos querían ser policías de asuntos paranormales y reposteros de televisión. Fin.

martes, 10 de junio de 2014

Formulario de ingreso

Nombre: Cecilio Castillo L.
Primer apellido: Castillo
Segundo apellido: L.
DNI/NIF: 95237772-J
Fecha de nacimiento (dd/mm/aaaa): 5 de octubre del 85
Lugar de nacimiento: Asturias
Domicilio: Calle de la Virgen, número 15, 5º 4ª
Municipio: Asturias

Estudios: Me saqué el graduado escolar e intenté hacer una FP de carpintería, pero me quedé a medias.

Experiencia laboral: Llevo muchos años trabajando en la construcción. Soy paleta.

Otros: De pequeño gané diversos diplomas, tanto en fútbol como en natación.

Observaciones: Si me contratan prometo hacer todo lo que me digan. No importa los horarios, solo quiero cobrar mucho dinero.

miércoles, 12 de marzo de 2014

Niño perdido

-Disculpe, señora, perdone que la moleste así, pero... hemos perdido a su bebé...
-¿¡Cómo!? ¿Y qué voy a hacer yo ahora sin mi hijo recién nacido?
-Bueno, en estos casos el hospital tiene previstas una serie de soluciones para remediar la situación. ¿Está interesada?
-¡Claro!
-Bien, vayamos con la primera solución; le presento a Ricardo, este muchacho tan joven y apuesto.
-Hola, Ricardo, encantada.
-Bien, Ricardo se encargará de fecundarla de nuevo, ofreciéndole además su bonificación de 2x1, por si siempre había soñado con tener gemelos.
-¡Oh, dios mío, claro que no! ¿No ve lo joven que es este muchacho? No quiero que me salgan los hijos negros.
-Bien, lo entiendo, señora, nadie quiere tener hijos negros. Bueno, pues vayamos con la siguiente solución; le presento a Rosa María.
-Hola, Rosa María, encantada.
-Bien, Rosa María se ofrece voluntaria para regalarle el primer hijo que tenga con su marido, con la condición de que usted la encierre en una torre gigantesca rodeada de espinos.
-¡Usted está loco! ¿Quién se cree que soy yo para tener una torre gigantesca rodeada de espinos? Mi torre sólo está rodeada de zarzas...
-Vaya, es una verdadera lástima... Bueno, qué le vamos a hacer. ¡Juan José! Ven aquí, chico. Señora, le presento a Juan José.
-Encantada de conocerle, Juan José.
-Juan José estudió arte dramático en la escuela de artes, y ha representado muchísimas obras de teatro archiconocidas, como por ejemplo Romeo y Hamlet, El conde de Montecarlo o Don Quijote de la Torralba. Él será el encargado de interpretar el papel de su hijo subvencionado por el hospital durante los próximos 18 años, a partir de los cuales tendrá que encargarse usted de pagar su cuota mensual.
-No se ofenda, caballero, pero fui a verle actuar en la obra de La casa de la Duquesa de Alba y no me gustó un pelo su actuación. Así que le diré que no, aunque le deseo mucha suerte para su próxima obra.
-Bien, señora, ya sólo nos queda una opción. Aquí le traigo a Dolores, madre de trillizos. Ella sólo quería tener uno de ellos, así que los otros dos los va a regalar. ¿Le interesa un precioso niñito rubio y con ojos azules?
-La verdad es que me tienta usted, doctor, pero no sé... ¿Y si sale algo mal? ¿Y si con el tiempo el niño se vuelve negro? ¿Y si cuando llegue a los 15 años se vuelve homosexual? No sé, no sé...
-Como decida usted, señora, yo no la voy a presionar. Puede irse de aquí sin niño o con niño, la decisión es suya.
-Mmmm... No sé, doctor...
-Piénselo con calma, aunque no nos queda apenas tiempo.
-Quizás debería pensarlo más tiempo...
-Tic, tac, tic, tac, tic, tac...
-¡Qué diantres! ¿Hemos venido aquí a jugar o no? ¡Deme ese niño!
-¡Enhorabuena, señora, acaba de ganar usted un niño! Démosle un fuerte aplauso y demos paso a la siguiente embarazada, que tendrá que decidir con cuál de sus gemelos deberá quedarse y cuál deberá descuartizar.

viernes, 15 de febrero de 2013

La gran aventura de Al - Capítulo 3

     Al abrió los ojos. Se encontraba en una cochambrosa celda, sucia, oscura, húmeda, fría, y el ascensor no funcionaba. Aprovechando su poder para atravesar cosas líquidas, corrió hacia los barrotes para pasar al otro lado. Desgraciadamente, los barrotes no eran líquidos, así que se metió la hostia de su vida. Anonadado por las fuertes medidas de seguridad, sacó la llave de la celda para abrir el cerrojo. Luego se dio cuenta de que no era una llave, si no un cangrejo. Y no un cangrejo normal, no, era una cangrejo radiactivo. Éste le dio un pellizco a Al y le transfirió su poder, su poder radioactivo. A Al comenzaron a salirle tumores, tumores que susurraban, sobretodo a los caballos, y le decían cosas, como el secreto de la muerte o la salida secreta para salir de ahí. No obstante, Al llevaba puestos los auriculares de su MP3, así que no oía nada. Derrengado, decidió irse a dormir, no sin antes ponerse el pijama y encender la chimenea. Mientras cortaba algo de leña del jardín para la chimenea, un topo pasó por allí, mas no era un topo normal; era un pingüino. Un pingüino rosa. Éste vio a Al mientras cabalgaba en su caballo por el circuito de hípica de la celda y se acercó a hablarle:

-¡Hey! Amigo, ¿por qué estás aquí?
-No lo sé, me capturaron mientras emprendía mi aventura- respondió el cangrejo radiactivo.
-Vaya... Ojalá pudiera ayudarte en algo, pero sólo soy un pingüino rosa con una llave maestra.
-Jopé... Primero nos capturan y luego no nos dejan salir... ¡Vaya asco de día!

     Al pronunciar esas palabras, el suelo comenzó a temblar y crujir y una poderosa e inaudible voz se oía de fondo. El pingüino, asustado, se comió la cerradura de la celda y luego se fue volando, lejos. El cangrejo aprovechó para salir de ahí corriendo, seguido de Al, mientras el suelo y las paredes se agrietaban. Oleadas de calor emergían desde el centro del planeta y una ola de lava recorría los pasillos.

-¿Pero qué pasa?- preguntó el cangrejo.
-Has pronunciado las palabras prohibidas que despiertan al dios de los topos, la bella y hermosa Tuneladora- respondió Al.
-¿La que hace túneles?
-No, esa es su hermana Conchi. Ella se dedica al bricolaje.
-¿Y por qué nos quiere matar?- habló el cangrejo sin parar de correr.
-No lo sé... Lo único que sé es que nos quiere matar por comernos su pastel.
-¡Yo ya te dije que era mala idea comerse ese pastel!

     Nuestros amigos... bueno, los vuestros, que a mí no me caen bien. En fin, el cangrejo radiactivo y Al siguieron corriendo por los laberínticos túneles, sin saber muy bien hacia dónde ir, hasta que llegaron a una puerta. En ésta había un cartel que decía: "Prohibido fumar. Espacio libre de humos.".

-¿Qué hacemos? ¿Entramos?- preguntó Al.
-Sí, será lo mejor. Tú no estás preparado para sobrevivir a la lava.- respondió el cangrejo.
-¿Y tú sí, gilipollas?
-Claro, ¿no ves que soy un cangrejo?
-¡Ah! Pues tienes razón. Perdona entonces.
-No te preocupes.
-¿Vais a entrar o qué? No tengo todo el día- dijo enfurecido el cartel.

     Ambos entraron de sopetón en la estancia. Por desgracia, esa sala resultó ser la sala de reuniones del ejército de topos. Por suerte, en ese momento no había ninguna reunión en marcha. Por desgracia, el ejército había ido allí a pasar la tarde. Y ahora estaban apuntando a nuestros dos héroes con sus picos-ametralladoras.

-Al, ¿te acuerdas del día en el que nos conocimos?- dijo el cangrejo radiactivo.
-No, ¿me lo podrías contar? Este parece un buen momento.
-Claro, pero lo haré en el próximo episodio, para mantener la intriga entre nuestros lectores.
-¿Lectores? ¿De qué coño estás hablando, cangrejo?
-¡Adiós chicos, nos vemos pronto!
-¡¿Pero con quién hablas?!
-Y no olvidéis comer mucha verdura. Sobretodo la verde.
-¡Cangrejo! ¡¿Nos está observando alguien?! Tengo miedo...

viernes, 21 de diciembre de 2012

Fin del mundo

     Dejadme hablar y os contaré qué es lo que veo...
     El cielo se tornará rojo, y en él se dibujará la figura de Ek Chuach, el dios del inframundo, y, con la llamada de todos aquellos cuyas almas impías corrompen el mundo, saciará su sed durante otros tantos años. Invocará una poderosa lluvia de meteoros que arrasará todo por completo, y la temperatura irá en aumento. Entre tanto, una gran tormenta solar atravesará el espacio hasta llegar a las inmediaciones de la atmósfera terrestre, modificando así el flujo electromagnético y eliminando toda la electricidad que pueda existir. Ek Chuach desaparecerá entre esas olas de fuego y destrucción, no sin antes arrasar todas las tierras de cultivo y hacer desaparecer ríos enteros. El núcleo terrestre se verá altamente modificado y los seísmos tomarán control absoluto sobre la corteza terrestre, abriendo grietas de las que rezumen temperaturas infernales, activando todos los volcanes a la vez y fragmentando las placas tectónicas. Eso provocará un tsunami de proporciones épicas, con varios cientos de quilómetros de altura y capaz de recorrer todos los continentes en pocos minutos. El filtrado del agua dentro de las grietas que conducen directamente al núcleo incandescente provocarán una petrificación inmediata de éste, paralizando la vida del planeta drásticamente. De entre la niebla emergerá un ser cuya sabiduría prevalece aún entre nuestros días, siendo maestro indiscutible de toda nuestra profesión: el gran Michel de Nôtre-Dame (Nostradamus para los amigos). Él invocará el poder de las estrellas para salvar a los pocos afortunados de la catástrofe y castigará a todo aquél que no creyó en él ni en sus profecías. Los Dioses estarán con él, y en él está nuestra salvación. Cuando la lluvia de estrellas se haya encargado de devolver el poder a Nostradamus, éste invocará a los cinco jinetes del Apocalipsis, siendo el quinto un último participante de última hora y encarnando la economía. Con un fulgor dorado y caído del cielo aparecerá Jesús, encargado de castigar a todos aquellos merecedores de la furia divina (véase homosexuales, ateos, comunistas, extranjeros, musulmanes y, en general, casi todo el mundo) y llevándose a los que se han ganado el cielo (monjes, curas, ricos, fascistas, pedófilos...). A su lado aparecerán otras personalidades como Mahoma, Yahveh, Ja, Jehovah, Buda y muchos más. Sus diferencias les llevarán a la gran guerra de guerras, la guerra Divina de la Muerte, que destruirán todo lo que quede en pie y fragmentará las almas de todo aquél desafortunado que se cruce en su camino. Entretanto un enorme meteorito atravesará la atmósfera e impactará de lleno en la estepa rusa, levantando un manto de cenizas y polvo, eliminando así toda esperanza posible. La Vía Láctea impactará con Andrómeda, creando tal sucesión de supernovas y agujeros negros que el continuo espacio-tiempo se plegará sobre sí mismo, creando un vórtice tetradimensional y llevando el Universo al inicio de todo y el fin de nada.

viernes, 6 de abril de 2012

La gran aventura de Al - Capítulo 2

     Al llegó a una extensa explanada y apagó el motor para no gastar más gasolina. Bajó de un salto y, con la mano a modo de visera miró el horizonte buscando a alguien para preguntar dónde estaba. Evidentemente, no encontró a nadie, ya que estaba en las llanuras de la Soledad, una gran extensión lejos de su pueblo Libertigualfraternal; de hecho, estaba alejado de cualquier resto de ser humano. El aire era cálido y el suelo arisco, con algún arbusto de vez en cuando. Llegados a este momento, Al decidió volver al coche y seguir hacia el horizonte hasta llegar a algún sitio. Pero cuando estaba a escasos metros de él, bajo sus pies el suelo comenzó a temblar; se apartó justo a tiempo, ya que donde estaba apareció del suelo un topo con gafas, casco y pico. El topo se limpió la tierra de la cara y miró atentamente a Al:
-Hola, me llamo Obrero-12508 y me han enviado aquí porque has entrado en nuestro territorio. Estás arrestado.
- ¿El qué? ¿Cómo has dicho?
- Hola, me llamo Obrero-12508 y me han enviado aquí porque has...
- ¡Cállate! Ya te había oído la primera vez. ¿Pero por qué estoy arrestado?
- Entrar en nuestro territorio está castigado con arresto inmediato y dos años en el calabozo, así que...
- ¡Ja ja ja! No me hagas reír, por favor. ¡Si apenas me llegas a la cintura!
- Tú lo has querido... -Nada más decir eso, Al notó un pinchazo en la espinilla y cerró los ojos durante unos segundos...

     Cuando los abrió de nuevo, el topo había desaparecido, y en su lugar había un pequeño agujero oscuro y que emanaba una densa niebla. Al se dirigió hacia el monovolumen, pero en cuanto sacó las llaves, el coche comenzó a convertirse en arena y a deshacerse delante de sus ojos, igual que las llaves que sostenía. De repente, un estruendoso ruido recorrió el cielo y en éste apareció un temible y horrendo arco iris a siete colores. Las nubes se volvieron suaves y esponjosas, el cielo de un añil suave y muy desagradable. Por entre las nubes volaban pegasos rosas y azules, montados por osos pequeños y de peluche de variados colores. Aterrizaron alrededor suyo entre veinte o mil, todos mirándole fijamente:
- ¿Qué queréis de mí? -preguntó tembloroso Al- ¿Qué os he hecho yo?
- ¿Tú? Nada, que nosotros sepamos... -dijo el que parecía le jefe de los jinetes- Hemos venido aquí de vacaciones.
- ¡Ah! Bueno, entonces no pasa nada... Espero que disfrutéis de vuestra estancia aquí.
- Debes saber que nuestros pasatiempos favoritos son la destrucción, la aniquilación y la masacración.
- Vaya, eso cambia bastante las cosas. ¿Entonces no vais a la playa? Ahora que comienza a hacer calor...
- No, no nos gusta la playa, somos más de bañarnos en el gran volcán de nuestro planeta.
- ¿Cómo se llama, vuestro planeta?
- El nombre oficial es Libertigualfraternal, y tengo entendido que nuestra embajada está por aquí cerca. 
- Ahora que pienso... ¿Vuestra embajada la fundaron los franceses?
- Enviamos hace mucho tiempo algunos habitantes de nuestro planeta, dirigidos por un general llamado Napoleón, y ellos se instalaron en Francia. Pero vamos, les pedí máxima discreción, no creo que montaran mucho alboroto; se supone que no los tiene que conocer nadie de este planeta. Seguro que no te suenan de nada los nombres Adolf Hitler, Alberto Mussolini, Francisco Franco, Gengis Kan o Belén Esteban.
- Pues no, no tengo ni idea de quién hablas.

     Al acabar de pronunciar estas palabras, comenzaron a llover alfileres ardiendo; por suerte, Al siempre lleva encima su paraguas metálico ignífugo con rayas. Quitó los peces de encima y lo abrió justo para evitar que se le clavaran los alfileres. Mientras tanto, los ositos morían delante suyo entre sangre, vómitos y fuego, igual que los pegasos. En ese momento, el suelo se convirtió en un grandísimo mar y Al se hundía rápidamente debido a su paraguas. Cuando creía que se iba a ahogar, apareció una sirena y lo sacó del agua; una vez fuera, siguieron volando por el cielo. La sirena dejó caer a Al sobre un sofá con alas que iba a velocidad supersónica. Por suerte, la televisión estaba encendida y echaban el partido de ajedrez, partido que Al llevaba tiempo esperando, pero debido a la velocidad a la que iba, no podía escuchar a los comentaristas y apagó la tele, frustrado. Fue entonces cuando se dio cuenta de que algo extraño pasaba. ¿Pero el qué?

sábado, 18 de febrero de 2012

La gran aventura de Al - Capítulo 1

     Esta es la historia de Al, un muchacho inteligente, simpático, con don de gentes, culto, gracioso, doctorado en análisis químico computacional y analítico, ojos marrones, musculado, guapo, metro ochenta y cinco de altura, abdominales de infarto, veintitrés centímetros de... En definitiva, un gran triunfador; pero no es el triunfador que todos se piensan, ni mucho menos, si no que tiene una historia muy particular...

     Al vive en un pueblecito llamado Libertigualfraternal, antigua colonia francesa, de venta en El Corte Inglés. Vive al lado del río, en un bonito prado de orquídeas. Por desgracia, Al es alérgico a las orquídeas, pero por suerte encontró un bonito lugar lejos de allí, aunque por desgracia no era bonito, pero por suerte estaba en el mismo pueblo, aunque por desgracia era debajo de un puente, pero por suerte tenía cáncer y moriría pronto, aunque por desgracia se estaba curando, pero por suerte su familia ya se había muerto, ya que el cáncer es muy contagioso. En definitiva, Al vivía a todo tren y más feliz que un anís feliz.

     Un buen día, a las cinco de la mañana, Al se despertó a causa del frío característico de agosto porque alguien le robó la manta que le había cubierto por completo hasta ahora. Evidentemente, eso le enojó  muchísimo, tanto que los ojos se le tornaron color rojo sangre y la temperatura corporal comenzó a subirle, aunque probablemente fuera a causa del cáncer. Cuando se hubo calmado, decidió ir a buscar su querida manta, aunque para ello tuviera que recorrer el mundo entero. Y es aquí cuando Al, sin saberlo, recorrerá por todos lados una gran aventura fantástica de la que no se podrá liberar.

     Aún era de noche cuando decidió partir de ese pueblucho de mala muerte, pero antes necesitaba prepararse a fondo para su larga travesía. Por fortuna, había por allí abierto un bazar chino donde conseguir de todo. Sacó de su harapiento bolsillo todo lo que había podido recolectar el día anterior con las limosnas: unas monedas, un mendrugo de pan, una botella de agua, las escrituras de un chalet, un par de llaves de no sabía qué y un maletín lleno de fajos de billetes de diversos colores. Salió del bazar con una cantidad ingente de objetos absolutamente indispensables para su camino, todo metido en el espacioso maletero de un flamante y elegante monovolumen negro y con todos los cristales completamente tintados que se acababa de comprar. Arrancó con un estruendoso rugido que desgarró y luego volvió a coser el silencio de la noche. Bajó las ventanillas y una ráfaga de aire calmado le acarició el rostro. Al pisó el acelerador a fondo y se fue a su aventura, la gran aventura de Al, ordenada cronológicamente en pequeñas lecturas fáciles de leer para los más pequeños y los estudiantes de la LOGSE.