Esa brisa de aire fresco que despeina mi flequillo, esa brisa de aire rejuvenecedor que choca contra mis párpados, esa brisa de aire limpio que refresca mi piel, esa brisa de caricias que calman mi alma, esa brisa de sensaciones que me devuelven la vida, ese soplo de naturaleza que murmura mi nombre, ese torrente de ideas de nadie que relajan mi mente. Ése, el que se va, el que ya se fue.
jueves, 19 de junio de 2014
martes, 10 de junio de 2014
Formulario de ingreso
Nombre: Cecilio Castillo L.
Primer apellido: Castillo
Segundo apellido: L.
DNI/NIF: 95237772-J
Fecha de nacimiento (dd/mm/aaaa): 5 de octubre del 85
Lugar de nacimiento: Asturias
Domicilio: Calle de la Virgen, número 15, 5º 4ª
Municipio: Asturias
Estudios: Me saqué el graduado escolar e intenté hacer una FP de carpintería, pero me quedé a medias.
Experiencia laboral: Llevo muchos años trabajando en la construcción. Soy paleta.
Otros: De pequeño gané diversos diplomas, tanto en fútbol como en natación.
Observaciones: Si me contratan prometo hacer todo lo que me digan. No importa los horarios, solo quiero cobrar mucho dinero.
Primer apellido: Castillo
Segundo apellido: L.
DNI/NIF: 95237772-J
Fecha de nacimiento (dd/mm/aaaa): 5 de octubre del 85
Lugar de nacimiento: Asturias
Domicilio: Calle de la Virgen, número 15, 5º 4ª
Municipio: Asturias
Estudios: Me saqué el graduado escolar e intenté hacer una FP de carpintería, pero me quedé a medias.
Experiencia laboral: Llevo muchos años trabajando en la construcción. Soy paleta.
Otros: De pequeño gané diversos diplomas, tanto en fútbol como en natación.
Observaciones: Si me contratan prometo hacer todo lo que me digan. No importa los horarios, solo quiero cobrar mucho dinero.
lunes, 9 de junio de 2014
Érase una vez...
Érase
una vez, en una pequeña aldea situada en medio de un pequeño
bosque, vivía una gentil gente. Mercaderes, pastores,
agricultores... todos vivían en harmonía. Y en medio de aquel
pueblecito, se alzaba sobre ellos un bonito castillo, con sus torres
y sus almenas. En él habitaban un rey y su hija princesa, la cual
pasaba las tardes dando de comer a los pájaros en el patio de dicho
castillo. Soñaba día y noche con encontrar un príncipe del que
enamorarse para poder casarse con él.
Un
buen día, en esa pequeña aldea, un enorme gigante se acercó. Todos
huyeron atemorizados, dejando sus quehaceres a medias y
resguardándose en el castillo, el único lugar seguro de la zona. El
rey convocó asamblea extraordinaria, y todo el pueblo se reunión en
torno al trono para decidir qué hacer. Finalmente, y ante la
tristeza de todos los presentes, se decidió que lo mejor era
sacrificar una persona al día, de forma que el gigante pudiese
dejarlos en paz. El sacrificado se elegiría a sorteo cada día, a lo
que nadie puso pegas, pues todos querían lo mejor para sus vecinos y
sus familias.
Tras
unos días, la fortuna decidió que fuera la princesa la que saliera
elegida. El rey pidió un segundo sorteo, pero la princesa, con gran
honor y compasión, decidió sacrificarse por el bien del pueblo.
Estaba lista, preparada ante el gran y malvado gigante, cuando de
repente, en la lejanía, la silueta de un caballero montado sobre su
corcel se vislumbraba. Éste, al ver a la princesa en apuros,
desenvainó su espada y retó al gigante a un duelo. Éste aceptó,
sin saber la amarga derrota que le esperaba.
Al
amanecer del día siguiente, tanto el caballero desconocido como el
gigante aparecieron en el descampado de los duelos, rodeado de toda
la gente dle pueblo, que no querían perderse tal evento. El duelo se
dio por comenzado, y el caballero agarró con fuerza su espada y
arremetió contra la espinilla del giante. Éste gritó dolorido y se
desplomó al suelo con un gran golpe seco. Estaba muerto.
La
gente vitoreó al caballero, el cual reveló su grandiosa belleza al
quitarse el yelmo. Al mirar a los ojos de la princesa, ambos se
enamoraron perdidamente el uno del otro y decidieron celebrar la boda
ese mismo día, ante el cuerpo sin vida del gigante que unos días
antes había atemorizado al pueblo. Desde ese día, todos fueron
felices y comieron perdices. FIN.
¡ALTO
AHÍ! ¡Para! ¡Stop! ¡Quieto!
¿Cómo?
¿Quién es? ¿Qué sucede?
Bien.
Me han llamado del Centro de Literatura Mediocre, el CLM, para
informarme de tu actividad. Debes saber que lo que acabas de hacer
atenta contra la ley para la escritura creativa vigente el 23 de...
¿Qué?
¿Qué está diciendo? ¿Quién es? ¿Y cómo se atreve a interrumpir
mi historia? Había quedado muy bien.
¿Perdone?
(¿Le puedo tutear?)
Sí,
claro.
Bien.
¿Perdona? Primero, he esperado pacientemente a que acabaras la
historia, para ver si el final resultaba algo mejor, pero está claro
que te sobrevaloré. Después, la historia no ha quedado "bien".
Ni siquiera ha quedado. De hecho, no lo llamaría ni historia.
Anécdota de borracho, eso sí, sería más apropiado. ¿No has visto
la pedazo de mierda que has escrito? ¿Estás ciego?
¿Cómo
te atreves? Yo he creado esta historia, es mía, y yo hago lo que me
da la gana con ella. ¿Te queda claro?
¡Error!
Porque sea tuya no quiere decir que puedas hacer lo que quieras. Aún
si fueras un filósofo, te podría colocar esto como reflexión o
paradoja, pero no. Tú mismo lo has clasificado en el apartado de
"historias". Y siento decirte, amigo mío...
No
soy tu amigo.
...
que "eso" que has escrito tú no es ni por asomo una
"historia".
Es
una historia porque cuenta cosas. Y punto. No es tan complicado de
entender.
No,
amigo mío...
Que
no soy tu amigo.
...
estás muy equivocado. Una historia tiene personalidad, sentimientos,
profundidad, moraleja, personajes, psicología, énfasis, éxtasis,
alma...
Que
sí, que sí... ¿Has terminado ya?
Me
ofendes, amigo mío...
No,
no soy tu amigo.
...
me ofendes. Para que quede claro, yo no soy aquí tu enemigo;...
Tampoco
eres mi amigo.
...
soy tu amigo.
No,
creo que ha quedado bastante claro que no.
Sé
lo que estás pensando. ¿Por
qué lo he hecho tan mal? ¿Cómo puedo mejorar? No quiero ser un
mediocre toda mi vida...
Yo
no pienso eso.
Pero
tú no tienes que pensar en eso.
No
lo hago.
¿Eres
un mediocre? ¿Y qué más da? No todo el mundo está hecho para ser
alguien. Tú, amigo mío...
Sigo
sin ser tu amigo.
...
no eres tan mediocre como pueda parecer. Lo veo en tí, eres
especial, eres un mediocre que puede no ser un mediocre.
La
verdad es que no me considero un mediocre para nada.
¿Ves?
¡Esa es la actitud! No soy un mediocre. Soy el mejor. Arrasaré
con todo el mundo y asesinaré todo aquel que me critique.
No,
si yo acepto las críticas bastante bien. Y la mayoría son bastante
positivas.
¡Eso
es! ¡Sigue así! Piensa en grande y serás grande. Di que sí. Y
estás de suerte, amigo mío,...
No
quiero ser tu amigo.
...
pues hoy me siento generoso. Te ayudaré. Sí, eso es, te ayudaré a
escribir una gran historia. ¿No es fantástico?
No.
Tú
y yo, codo con codo, ambos aportando ideas para crear la mejor
historia del mundo. Tira a la papelera toda esa mierda y comencemos
de nuevo. Tu imaginación y mi control de la lengua y la escritura.
¡Seremos imparables!
domingo, 1 de junio de 2014
Ihcuc, el emperador maya
Ihcuc era un famoso emperador maya, muy querido y respetado por todos. Era alto, fornido, guapo e inteligente, y las chicas se rendían a sus pies. Tal era su éxito, que mujeres célebres de todas partes llegaban ante el emperador para ser, aunque sea, su amante de una noche. No obstante, Ihcuc atendía otros intereses...
Cada mañana, bien temprano, el emperador iba a dar un paseo por la zona de los jardines imperiales. Siempre iba completamente solo, era su momento de olvidarse de su cargo, de toda la gente a la que tenía que cuidar, de todos los escoltas que le protegían... Pero su paseo no era sólo para eso. Más allá de los límites de sus dominios, algo alejada había una casita, una solitaria y agradable casita. En ella moraba un joven huérfano, bastante desgraciado el pobre. Había sido expulsado de la aldea por ir en contra de los dioses, llegando incluso a afirmar que los castigos divinos no eran más que "eclipses". Su carácter era terco, algo soez y muy antipático, y nadie lo quería, ni mucho menos las mujeres de la zona, que lo veían como alguien feo y con un cuerpo para nada atlético. Pero el emperador no opinaba igual. Ihcuc sólo veía en ese joven alguien débil, alguien a quien debería proteger, pero no como emperador, si no como una más de sus muchas esposas. Esa figura tan distinta a las demás, esa sonrisa tan difícilmente apreciable a simple vista, esa mirada con aires de superioridad... Realmente lo único que quería Ihcuc era dejarlo todo e irse a vivir a esa casa, lejos de la gente, aislados del resto del mundo, sólo ellos dos y una vida por delante.
Cada mañana volvía el emperador de su paseo, se sentaba en el trono y se ponía manos a la obra a gobernar. No podía dejar su cargo, no podía. Esas ideas de libertad no eran para él. De todas maneras, sería tan fácil simplemente un día desaparecer... ¿Debía realmente sustituir su vida por otra totalmente distinta? No lo sabía. De hecho, sólo tenía una cosa clara; mientras ese chico siguiera en esa casita, tan a la vista desde sus paseos matutinos, no habría nada por lo que preocuparse. Ihcuc sabía que él lo estaba esperando.
10 trucos para tener a tu chica contenta
He aquí algunos de los mejores trucos para tener a vuestra chica contenta y feliz:
1. Cómprale por su cumpleaños algo que le sea útil y le guste, como una lavadora o una plancha.
2. Déjale en paz en su espacio de trabajo. No hay nada más molesto que el que ella esté en la cocina y que estés tú por ahí molestando. En serio, mejor dejarla sola, no necesita ayuda.
3. Dile cosas bonitas. A las chicas les encanta oír cumplidos, así que ya sabes; si estás pensando en pedirle algo, o la ves enfadada, suéltale un buen cumplido, ya verás como funciona.
4. No la molestes cuando esté en su período de vampirismo (chorreando sangre muy bastamente). Está científicamente demostrado que con la regla se liberan unas cuantas hormonas que alteran el raciocinio de las mujeres. Si la ves alterada por ello, déjala en paz, ya se le pasará.
5. No insistas con el sexo. Desgraciadamente, el sexo es uno de esos campos en los que las mujeres aún nos controlan. Si no quiere sexo, no quiere. Es cruel, pero qué le vamos a hacer. La extorsión es la estrategia de las especies débiles.
6. Apóyale con sus logros. El día que tu chica haga una comida especialmente buena o tenga la casa excepcionalmente impoluta, no te cortes y díselo. A nadie le gusta trabajar sin que le reconozcan los logros.
7. Dale manga ancha en cuanto a sus gastos. A las mujeres les suele gustar ir de compras, así que lo mejor es que, aunque luego te arrepientas, le des todo el dinero que pida. Luego ella sabrá compensarte (una mujer feliz trabaja mejor).
8. Guíale por el camino de la sociedad. Cuando tenga que hacer una declaración de la renta, cuando deba ir al banco, o cuando quiera sacarse el carnet de conducir. Necesitará tu ayuda, no se la niegues.
9. Apóyale en sus aficiones. Si le gusta leer, o tomar un café con las amigas, o ver la tele... Aunque te desagrade que esté todo el día en casa haciendo lo que quiere, no se lo hagas ver. Muéstrate comprensivo e interésate por sus hobbies, y ya verás lo feliz que se pone.
10. Si no te hace caso, puerta. Hay mujeres que no soportan ser dominadas por un hombre, así que si te toca una de esas (llamadas frecuentemente feminazis o feministas) no te lo pienses dos veces: no te interesa.
10 consejos para estudiar duro
Se acerca el fin del curso escolar, y siempre viene bien repasar un decálogo de lo que hay que hacer para hincar los codos al máximo, y yo, en mi máximo esplendor de generosidad, voy a acercar al alcance de todo el mundo esos consejos que tanto me han ayudado en mi vida estudiantil:
Consejo nº 1
Necesitarás los apuntes del curso; cuando los tengas, ya puedes ir a por el consejo nº 2. ¿No has tomado apuntes y/o se los ha comido el perro? Hum... Mejor pasa al consejo nº 3.
Consejo nº 2
Una vez con tus apuntes en mano, será mejor que los repases e intentes aprenderte de memoria la mayor cantidad de información que puedas. Te será útil. Probablemente. Esperemos que sí. De todas formas, mírate el consejo nº 3. Y si te ves saturado con tanta información, o sencillamente pasas de memorizar cosas que olvidarás en pocos minutos, pasa al consejo nº 5.
Consejo nº 3
Coge los libros de texto del curso y comienza a resumir como si no hubiera un mañana. Una vez que tengas todos los resúmenes del temario completo perfectamente organizados, será mejor que prosigas con el consejo nº 2. Si no te apetece leerte todo el temario en tan poco tiempo, pasa al consejo nº 5. Y si directamente no tienes libros de texto, pasa al consejo nº 4.
Consejo nº 4
Ve a la librería/biblioteca más cercana y procura conseguir la mayor cantidad de libros sobre las asignaturas que quieras estudiar. A mayor cantidad de libros, mayor probabilidad de que te enteres de lo que pone en alguno de ellos (demostrado científicamente, que no te quepa la menor duda). Una vez con tu libros bajo el brazo, tranquilamente continúa con el consejo nº 3. Y si ya te los has leído de cabo a rabo y sigues sin enterarte de nada, no te desesperes, mírate el consejo nº 9, te será de ayuda.
Consejo nº 5
Seguro que en tu clase alguien habría más inteligente que tú. Pídele amablemente sus apuntes y, una vez los tengas, pasa al consejo nº 2. Si no te sirve con eso, arrodíllate ante él y que te dé clases particulares hasta que te enteres de todo. Un vez hecho eso, ya puedes ir al consejo nº 6. Y si se niega, pues pasa al consejo nº 9.
Consejo nº 6
Una vez tengas en tu cabeza la información útilmente necesaria para aprobar, será mejor asegurarse de que te acuerdas de todo, al menos de la mayoría de cosas (con que retengas un 50% de la información te servirá). Explícale a cualquiera de tus amigos la lección de cabo a rabo, hasta que ellos sean expertos. Sólo así te asegurarás que lo has entendido todo y podrás seguir con el consejo nº 7. Si a tus amigos no les apetece escucharte, pasa al consejo nº 9, ya me lo agradecerás. Y si no tienes amigos, ve al consejo nº 8.
Consejo nº 7
Haz chuletas como si no existiera otra cosa. Para todo, hasta lo más básico. Sin riesgos, el único objetivo de todo esto es aprobar a toda costa. Y una vez ya tengas todas las chuletas, puedes ir al consejo nº 6 (hasta que tus amigos se aborrezcan de ti, vaya). Si siempre te pillan con las chuletas en la mano (en sentido metafórico, obviamente, a no ser que estés cursando una FP de cocina), olvídate de este consejo y sustitúyelo por el consejo nº 8.
Consejo nº 8
Ve al charcutero más cercano que tengas y pídele el mejor jamón que tenga, atendiendo a la regla de la pata (cuanto más negra y grande, mejor). Engánchale un pegadizo mensaje disculpándote por tu retraso y envíaselo al profesor cagando hostias. Si le llega antes del examen, aún te da tiempo de ir al consejo nº 1. Y si no... Reza. Mucho.
Consejo nº 9
Fuego. Que no quede nada. Edificios, gente, plantas... Hoy en día es fácil conseguir gasolina y mecheros, no te prives, ya sabes lo que hay que hacer.
Consejo nº 10
Deja de leer esta maldita bazofia, coge tus apuntes/libro de texto y estudia de verdad. Todos sabemos que buscar en Google "10 consejos para estudiar duro" no sirve para nada más que no sea perder el tiempo. Así que corre, estudia ya, coño.
Consejo extra
Unos mojitos antes del examen te harán sentirte más seguro de ti mismo, así que ya sabes. De todas formas, estás jodido.
Consejo nº 1
Necesitarás los apuntes del curso; cuando los tengas, ya puedes ir a por el consejo nº 2. ¿No has tomado apuntes y/o se los ha comido el perro? Hum... Mejor pasa al consejo nº 3.
Consejo nº 2
Una vez con tus apuntes en mano, será mejor que los repases e intentes aprenderte de memoria la mayor cantidad de información que puedas. Te será útil. Probablemente. Esperemos que sí. De todas formas, mírate el consejo nº 3. Y si te ves saturado con tanta información, o sencillamente pasas de memorizar cosas que olvidarás en pocos minutos, pasa al consejo nº 5.
Consejo nº 3
Coge los libros de texto del curso y comienza a resumir como si no hubiera un mañana. Una vez que tengas todos los resúmenes del temario completo perfectamente organizados, será mejor que prosigas con el consejo nº 2. Si no te apetece leerte todo el temario en tan poco tiempo, pasa al consejo nº 5. Y si directamente no tienes libros de texto, pasa al consejo nº 4.
Consejo nº 4
Ve a la librería/biblioteca más cercana y procura conseguir la mayor cantidad de libros sobre las asignaturas que quieras estudiar. A mayor cantidad de libros, mayor probabilidad de que te enteres de lo que pone en alguno de ellos (demostrado científicamente, que no te quepa la menor duda). Una vez con tu libros bajo el brazo, tranquilamente continúa con el consejo nº 3. Y si ya te los has leído de cabo a rabo y sigues sin enterarte de nada, no te desesperes, mírate el consejo nº 9, te será de ayuda.
Consejo nº 5
Seguro que en tu clase alguien habría más inteligente que tú. Pídele amablemente sus apuntes y, una vez los tengas, pasa al consejo nº 2. Si no te sirve con eso, arrodíllate ante él y que te dé clases particulares hasta que te enteres de todo. Un vez hecho eso, ya puedes ir al consejo nº 6. Y si se niega, pues pasa al consejo nº 9.
Consejo nº 6
Una vez tengas en tu cabeza la información útilmente necesaria para aprobar, será mejor asegurarse de que te acuerdas de todo, al menos de la mayoría de cosas (con que retengas un 50% de la información te servirá). Explícale a cualquiera de tus amigos la lección de cabo a rabo, hasta que ellos sean expertos. Sólo así te asegurarás que lo has entendido todo y podrás seguir con el consejo nº 7. Si a tus amigos no les apetece escucharte, pasa al consejo nº 9, ya me lo agradecerás. Y si no tienes amigos, ve al consejo nº 8.
Consejo nº 7
Haz chuletas como si no existiera otra cosa. Para todo, hasta lo más básico. Sin riesgos, el único objetivo de todo esto es aprobar a toda costa. Y una vez ya tengas todas las chuletas, puedes ir al consejo nº 6 (hasta que tus amigos se aborrezcan de ti, vaya). Si siempre te pillan con las chuletas en la mano (en sentido metafórico, obviamente, a no ser que estés cursando una FP de cocina), olvídate de este consejo y sustitúyelo por el consejo nº 8.
Consejo nº 8
Ve al charcutero más cercano que tengas y pídele el mejor jamón que tenga, atendiendo a la regla de la pata (cuanto más negra y grande, mejor). Engánchale un pegadizo mensaje disculpándote por tu retraso y envíaselo al profesor cagando hostias. Si le llega antes del examen, aún te da tiempo de ir al consejo nº 1. Y si no... Reza. Mucho.
Consejo nº 9
Fuego. Que no quede nada. Edificios, gente, plantas... Hoy en día es fácil conseguir gasolina y mecheros, no te prives, ya sabes lo que hay que hacer.
Consejo nº 10
Deja de leer esta maldita bazofia, coge tus apuntes/libro de texto y estudia de verdad. Todos sabemos que buscar en Google "10 consejos para estudiar duro" no sirve para nada más que no sea perder el tiempo. Así que corre, estudia ya, coño.
Consejo extra
Unos mojitos antes del examen te harán sentirte más seguro de ti mismo, así que ya sabes. De todas formas, estás jodido.
miércoles, 19 de marzo de 2014
Tiempo
-Parece que se ha parado el tiempo.
-¿Se ha parado el tiempo?
-Se paró.
-¿Está parado?
-No sé si está parado, sólo sé que se paró.
-¿No es lo mismo?
-Lo mismo será.
-Mi reloj está parado.
-Tu reloj se paró.
-Mi reloj se parará.
-¿No está parado?
-Aún no.
-Yo creo que sí.
-Lo hará.
-Lo ha hecho.
-Lo hizo.
-Ya no lo hará.
-Lo ha hecho.
-¿No es lo mismo?
-Lo mismo fue, que será.
-Ha sido, por lo que ya no será.
-Será, por lo que aún no ha sido.
-Pero el tiempo sigue parado.
-El tiempo no se para. El tiempo se parará.
-¿Eso tiene sentido?
-Quizás lo tenga.
-¿No estás seguro?
-Lo estuve hace tiempo.
-¿Cuánto tiempo?
-Eso depende de la variable.
-¿Qué variable?
-El tiempo.
-El tiempo es constante.
-El tiempo fue una variable.
-¿Una variable constante?
-Una constante variable.
-Eso tiene lógica.
-¿Tiene lógica?
-La tendrá.
-La tuvo.
-¿Es acaso posible?
-Posible lo es. Sólo hay que resolver una ecuación.
-La pregunta es: ¿qué ecuación?
-La ecuación del tiempo.
-Tiempo más tiempo es tiempo.
-Tiempo menos tiempo es tiempo.
-¿Vida o muerte?
-Tiempo.
-Vida y muerte.
-¿Tiempo?
-Tiempo es igual a vida.
-Tiempo es igual a muerte.
-Vida es igual a muerte.
-Muerte es igual a vida.
-De todas maneras, el tiempo sigue parado.
-Y seguirá.
-Y siguió.
-¿Por cuánto tiempo?
-Infinito.
-Cero.
-¿No es lo mismo?
-Lo fue, por lo que lo será.
-Lo será, por lo que lo es.
-Si lo es, puede no serlo.
-Si no lo es, puede serlo.
-Pero nunca al revés.
-Siempre al revés.
-¿El tiempo se reanudará?
-En un futuro no, pero en un pasado sí.
-Está descrito en la ecuación.
-Ojalá supiéramos resolverla.
-Lo supimos.
-Lo sabremos.
-¿No es lo mismo?
-Lo mismo no. Es parecido, pero no igual.
-Es igual, pero no parecido.
-¿Eso tiene sentido?
-Lo tendrá.
-Vida es igual a muerte.
-Lo será.
-Lo fue.
-No lo es.
-Sí lo es.
-¿Antes o después?
-Ahora no, pero quizás ambos sí.
-El tiempo sigue parado.
-Y seguirá parado.
-¿En algún momento se detuvo?
-No se puede detener algo que no está en marcha.
-No se puede poner en marcha algo que no está detenido.
-La ecuación no dice eso.
-La ecuación lo explica todo.
-¿El tiempo se reanudará?
-No, el tiempo se ha reanudado.
-¿Es eso posible?
-Tiene lógica.
-Pero el tiempo sigue parado.
-En ese caso, busquemos otro espacio.
-Cambiemos la constante para encontrar la variable.
-Encontremos la variable para cambiar la constante.
-¿Se ha parado el tiempo?
-Se paró.
-¿Está parado?
-No sé si está parado, sólo sé que se paró.
-¿No es lo mismo?
-Lo mismo será.
-Mi reloj está parado.
-Tu reloj se paró.
-Mi reloj se parará.
-¿No está parado?
-Aún no.
-Yo creo que sí.
-Lo hará.
-Lo ha hecho.
-Lo hizo.
-Ya no lo hará.
-Lo ha hecho.
-¿No es lo mismo?
-Lo mismo fue, que será.
-Ha sido, por lo que ya no será.
-Será, por lo que aún no ha sido.
-Pero el tiempo sigue parado.
-El tiempo no se para. El tiempo se parará.
-¿Eso tiene sentido?
-Quizás lo tenga.
-¿No estás seguro?
-Lo estuve hace tiempo.
-¿Cuánto tiempo?
-Eso depende de la variable.
-¿Qué variable?
-El tiempo.
-El tiempo es constante.
-El tiempo fue una variable.
-¿Una variable constante?
-Una constante variable.
-Eso tiene lógica.
-¿Tiene lógica?
-La tendrá.
-La tuvo.
-¿Es acaso posible?
-Posible lo es. Sólo hay que resolver una ecuación.
-La pregunta es: ¿qué ecuación?
-La ecuación del tiempo.
-Tiempo más tiempo es tiempo.
-Tiempo menos tiempo es tiempo.
-¿Vida o muerte?
-Tiempo.
-Vida y muerte.
-¿Tiempo?
-Tiempo es igual a vida.
-Tiempo es igual a muerte.
-Vida es igual a muerte.
-Muerte es igual a vida.
-De todas maneras, el tiempo sigue parado.
-Y seguirá.
-Y siguió.
-¿Por cuánto tiempo?
-Infinito.
-Cero.
-¿No es lo mismo?
-Lo fue, por lo que lo será.
-Lo será, por lo que lo es.
-Si lo es, puede no serlo.
-Si no lo es, puede serlo.
-Pero nunca al revés.
-Siempre al revés.
-¿El tiempo se reanudará?
-En un futuro no, pero en un pasado sí.
-Está descrito en la ecuación.
-Ojalá supiéramos resolverla.
-Lo supimos.
-Lo sabremos.
-¿No es lo mismo?
-Lo mismo no. Es parecido, pero no igual.
-Es igual, pero no parecido.
-¿Eso tiene sentido?
-Lo tendrá.
-Vida es igual a muerte.
-Lo será.
-Lo fue.
-No lo es.
-Sí lo es.
-¿Antes o después?
-Ahora no, pero quizás ambos sí.
-El tiempo sigue parado.
-Y seguirá parado.
-¿En algún momento se detuvo?
-No se puede detener algo que no está en marcha.
-No se puede poner en marcha algo que no está detenido.
-La ecuación no dice eso.
-La ecuación lo explica todo.
-¿El tiempo se reanudará?
-No, el tiempo se ha reanudado.
-¿Es eso posible?
-Tiene lógica.
-Pero el tiempo sigue parado.
-En ese caso, busquemos otro espacio.
-Cambiemos la constante para encontrar la variable.
-Encontremos la variable para cambiar la constante.
miércoles, 12 de marzo de 2014
Niño perdido
-Disculpe, señora, perdone que la moleste así, pero... hemos perdido a su bebé...
-¿¡Cómo!? ¿Y qué voy a hacer yo ahora sin mi hijo recién nacido?
-Bueno, en estos casos el hospital tiene previstas una serie de soluciones para remediar la situación. ¿Está interesada?
-¡Claro!
-Bien, vayamos con la primera solución; le presento a Ricardo, este muchacho tan joven y apuesto.
-Hola, Ricardo, encantada.
-Bien, Ricardo se encargará de fecundarla de nuevo, ofreciéndole además su bonificación de 2x1, por si siempre había soñado con tener gemelos.
-¡Oh, dios mío, claro que no! ¿No ve lo joven que es este muchacho? No quiero que me salgan los hijos negros.
-Bien, lo entiendo, señora, nadie quiere tener hijos negros. Bueno, pues vayamos con la siguiente solución; le presento a Rosa María.
-Hola, Rosa María, encantada.
-Bien, Rosa María se ofrece voluntaria para regalarle el primer hijo que tenga con su marido, con la condición de que usted la encierre en una torre gigantesca rodeada de espinos.
-¡Usted está loco! ¿Quién se cree que soy yo para tener una torre gigantesca rodeada de espinos? Mi torre sólo está rodeada de zarzas...
-Vaya, es una verdadera lástima... Bueno, qué le vamos a hacer. ¡Juan José! Ven aquí, chico. Señora, le presento a Juan José.
-Encantada de conocerle, Juan José.
-Juan José estudió arte dramático en la escuela de artes, y ha representado muchísimas obras de teatro archiconocidas, como por ejemplo Romeo y Hamlet, El conde de Montecarlo o Don Quijote de la Torralba. Él será el encargado de interpretar el papel de su hijo subvencionado por el hospital durante los próximos 18 años, a partir de los cuales tendrá que encargarse usted de pagar su cuota mensual.
-No se ofenda, caballero, pero fui a verle actuar en la obra de La casa de la Duquesa de Alba y no me gustó un pelo su actuación. Así que le diré que no, aunque le deseo mucha suerte para su próxima obra.
-Bien, señora, ya sólo nos queda una opción. Aquí le traigo a Dolores, madre de trillizos. Ella sólo quería tener uno de ellos, así que los otros dos los va a regalar. ¿Le interesa un precioso niñito rubio y con ojos azules?
-La verdad es que me tienta usted, doctor, pero no sé... ¿Y si sale algo mal? ¿Y si con el tiempo el niño se vuelve negro? ¿Y si cuando llegue a los 15 años se vuelve homosexual? No sé, no sé...
-Como decida usted, señora, yo no la voy a presionar. Puede irse de aquí sin niño o con niño, la decisión es suya.
-Mmmm... No sé, doctor...
-Piénselo con calma, aunque no nos queda apenas tiempo.
-Quizás debería pensarlo más tiempo...
-Tic, tac, tic, tac, tic, tac...
-¡Qué diantres! ¿Hemos venido aquí a jugar o no? ¡Deme ese niño!
-¡Enhorabuena, señora, acaba de ganar usted un niño! Démosle un fuerte aplauso y demos paso a la siguiente embarazada, que tendrá que decidir con cuál de sus gemelos deberá quedarse y cuál deberá descuartizar.
-¿¡Cómo!? ¿Y qué voy a hacer yo ahora sin mi hijo recién nacido?
-Bueno, en estos casos el hospital tiene previstas una serie de soluciones para remediar la situación. ¿Está interesada?
-¡Claro!
-Bien, vayamos con la primera solución; le presento a Ricardo, este muchacho tan joven y apuesto.
-Hola, Ricardo, encantada.
-Bien, Ricardo se encargará de fecundarla de nuevo, ofreciéndole además su bonificación de 2x1, por si siempre había soñado con tener gemelos.
-¡Oh, dios mío, claro que no! ¿No ve lo joven que es este muchacho? No quiero que me salgan los hijos negros.
-Bien, lo entiendo, señora, nadie quiere tener hijos negros. Bueno, pues vayamos con la siguiente solución; le presento a Rosa María.
-Hola, Rosa María, encantada.
-Bien, Rosa María se ofrece voluntaria para regalarle el primer hijo que tenga con su marido, con la condición de que usted la encierre en una torre gigantesca rodeada de espinos.
-¡Usted está loco! ¿Quién se cree que soy yo para tener una torre gigantesca rodeada de espinos? Mi torre sólo está rodeada de zarzas...
-Vaya, es una verdadera lástima... Bueno, qué le vamos a hacer. ¡Juan José! Ven aquí, chico. Señora, le presento a Juan José.
-Encantada de conocerle, Juan José.
-Juan José estudió arte dramático en la escuela de artes, y ha representado muchísimas obras de teatro archiconocidas, como por ejemplo Romeo y Hamlet, El conde de Montecarlo o Don Quijote de la Torralba. Él será el encargado de interpretar el papel de su hijo subvencionado por el hospital durante los próximos 18 años, a partir de los cuales tendrá que encargarse usted de pagar su cuota mensual.
-No se ofenda, caballero, pero fui a verle actuar en la obra de La casa de la Duquesa de Alba y no me gustó un pelo su actuación. Así que le diré que no, aunque le deseo mucha suerte para su próxima obra.
-Bien, señora, ya sólo nos queda una opción. Aquí le traigo a Dolores, madre de trillizos. Ella sólo quería tener uno de ellos, así que los otros dos los va a regalar. ¿Le interesa un precioso niñito rubio y con ojos azules?
-La verdad es que me tienta usted, doctor, pero no sé... ¿Y si sale algo mal? ¿Y si con el tiempo el niño se vuelve negro? ¿Y si cuando llegue a los 15 años se vuelve homosexual? No sé, no sé...
-Como decida usted, señora, yo no la voy a presionar. Puede irse de aquí sin niño o con niño, la decisión es suya.
-Mmmm... No sé, doctor...
-Piénselo con calma, aunque no nos queda apenas tiempo.
-Quizás debería pensarlo más tiempo...
-Tic, tac, tic, tac, tic, tac...
-¡Qué diantres! ¿Hemos venido aquí a jugar o no? ¡Deme ese niño!
-¡Enhorabuena, señora, acaba de ganar usted un niño! Démosle un fuerte aplauso y demos paso a la siguiente embarazada, que tendrá que decidir con cuál de sus gemelos deberá quedarse y cuál deberá descuartizar.
domingo, 9 de marzo de 2014
Mensaje de una patata ondulada con salsa barbacoa
No puedo tocarte. No puedo olerte. No puedo saborearte. Pero sí puedo amarte. Estás ahí, día tras día, dispuesto a formar parte de mi vida, dispuesto a formar parte de mí. Ignoras mis defectos, potencias mis virtudes y, lo más importante, me aceptas así. Nos ha tocado vivir una situación dura, y en otras circunstancias no lo habría soportado más tiempo, pero... ¿cómo negar mi felicidad? Todo tú eres lo que necesito, y no me importa esperar el tiempo que haga falta, pues sé que toda espera merece la pena. Tú me das fuerza, me brindas fortaleza y me ofreces tu corazón. El rumbo de mi vida da vueltas, el camino se va oscureciendo, pero ahora al menos puedo ver una luz al final de todo esto. ¿Qué es esperar dos, tres o hasta diez años, sabiendo que después de eso ya se acabarán todas las pesadillas? No me importa donde vivas, pues en el fondo sé que siempre estarás conmigo y, aunque suene raro, uno aprende a vivir con una compañía tan vacía y a la vez tan completa. ¿Quién sabe si hay otros caminos para la felicidad? Yo me quedo con el mío.
Día de la mujer trabajadora
Hola. Me llamo Elisabeth, y soy el prototipo de mujer trabajadora que todos esperan que sea. Este 8 de marzo he visto por las noticias muchas manifestaciones de mujeres luchando por sus derechos. ¿Irónico, no? Es decir, yo no me meto en la vida de los demás, pero creo que resulta innecesario luchar por algo que ya hemos conseguido. O sea, la historia no nos ha favorecido mucho, es verdad, pero hemos llegado un punto en el que todo esto ha cambiado. Muchos dicen que somos marionetas de los hombres, pero yo no lo veo así. Somos la columna vertebral de la sociedad, sin nosotras los hombres de todo el mundo no podrían haber conseguido lo que han conseguido. Podría decirse incluso que nuestro apoyo ha sido completamente necesario para el transcurso de la historia. Hombres y mujeres formamos una simbiosis casi perfecta, cada uno tiene su papel y gracias a ello estamos donde estamos. ¿O acaso podría un científico investigar y descubrir el universo si tuviese que preocuparse de cosas tan banales como hacer la compra de la semana o cuidar a sus hijos? Yo creo que no.
Mi marido lleva años trabajando en el sector de la construcción. Se pasa muchas horas al día trabajando, y cuando llega a casa es normal que solo quiera descansar y relajarse. Ahí es cuando entro yo, procurando que su estancia en casa sea lo más agradable posible, así él puede ir a trabajar al día siguiente a gusto y traer más dinero a casa. Ambos tenemos nuestro papel, e intercambiarlos sería una locura. Yo no podría cargar sacos de cemento como lo hace él, no tengo tanta fuerza. Es absurdo.
Todas esas mujeres que salen por la tele, exigiendo puestos de trabajo y una mayor participación laboral... ¿No se dan cuenta? Es del todo innecesario, yo prefiero mil veces no tener que preocuparme de ir a trabajar y poder quedarme en casa, limpiando y cocinando, tan tranquila. La sociedad está montada así, y las mujeres salen ganando. Somos el brazo que eleva a los hombres donde están, sin nosotras la sociedad no podría avanzar. Y a todos esos que dicen que hablo sin saber, debo decir que de joven ya tuve mi época de trabajar de recepcionista en un hotel, y es algo que no volvería a hacer nunca más.
Menos mal que encontré un buen marido que me aleja de las preocupaciones del mundo laboral, alguien con el que confiar, alguien que me mantiene. Nunca había estado tan en deuda con alguien. Lo mínimo que puedo hacer es obedecerle y hacer lo que me pida. ¿Que mi marido ha tenido un día duro? Ahí estoy yo para prepararle una buena comida, o para servirle una buena cerveza. Él gana el dinero, así que él es el que manda.
Mujeres del mundo, aceptemos de una vez nuestro rol, no nos dejemos engañar por todas esas luces de la sociedad moderna. No necesitamos tener el control de la sociedad, pues tenemos el control de los hombres. Aunque bueno, esta es solo mi opinión...
Dedicado a todas aquellas mujeres que se conforman con vivir en la sombra del poder. Su opinión es tan válida como otra cualquiera, así que dejemos que sueñen con su libertad, siempre y cuando las cadenas les dejen dormir.
viernes, 15 de febrero de 2013
La gran aventura de Al - Capítulo 3
Al abrió los ojos. Se encontraba en una cochambrosa celda, sucia, oscura, húmeda, fría, y el ascensor no funcionaba. Aprovechando su poder para atravesar cosas líquidas, corrió hacia los barrotes para pasar al otro lado. Desgraciadamente, los barrotes no eran líquidos, así que se metió la hostia de su vida. Anonadado por las fuertes medidas de seguridad, sacó la llave de la celda para abrir el cerrojo. Luego se dio cuenta de que no era una llave, si no un cangrejo. Y no un cangrejo normal, no, era una cangrejo radiactivo. Éste le dio un pellizco a Al y le transfirió su poder, su poder radioactivo. A Al comenzaron a salirle tumores, tumores que susurraban, sobretodo a los caballos, y le decían cosas, como el secreto de la muerte o la salida secreta para salir de ahí. No obstante, Al llevaba puestos los auriculares de su MP3, así que no oía nada. Derrengado, decidió irse a dormir, no sin antes ponerse el pijama y encender la chimenea. Mientras cortaba algo de leña del jardín para la chimenea, un topo pasó por allí, mas no era un topo normal; era un pingüino. Un pingüino rosa. Éste vio a Al mientras cabalgaba en su caballo por el circuito de hípica de la celda y se acercó a hablarle:
-¡Hey! Amigo, ¿por qué estás aquí?
-No lo sé, me capturaron mientras emprendía mi aventura- respondió el cangrejo radiactivo.
-Vaya... Ojalá pudiera ayudarte en algo, pero sólo soy un pingüino rosa con una llave maestra.
-Jopé... Primero nos capturan y luego no nos dejan salir... ¡Vaya asco de día!
Al pronunciar esas palabras, el suelo comenzó a temblar y crujir y una poderosa e inaudible voz se oía de fondo. El pingüino, asustado, se comió la cerradura de la celda y luego se fue volando, lejos. El cangrejo aprovechó para salir de ahí corriendo, seguido de Al, mientras el suelo y las paredes se agrietaban. Oleadas de calor emergían desde el centro del planeta y una ola de lava recorría los pasillos.
-¿Pero qué pasa?- preguntó el cangrejo.
-Has pronunciado las palabras prohibidas que despiertan al dios de los topos, la bella y hermosa Tuneladora- respondió Al.
-¿La que hace túneles?
-No, esa es su hermana Conchi. Ella se dedica al bricolaje.
-¿Y por qué nos quiere matar?- habló el cangrejo sin parar de correr.
-No lo sé... Lo único que sé es que nos quiere matar por comernos su pastel.
-¡Yo ya te dije que era mala idea comerse ese pastel!
Nuestros amigos... bueno, los vuestros, que a mí no me caen bien. En fin, el cangrejo radiactivo y Al siguieron corriendo por los laberínticos túneles, sin saber muy bien hacia dónde ir, hasta que llegaron a una puerta. En ésta había un cartel que decía: "Prohibido fumar. Espacio libre de humos.".
-¿Qué hacemos? ¿Entramos?- preguntó Al.
-Sí, será lo mejor. Tú no estás preparado para sobrevivir a la lava.- respondió el cangrejo.
-¿Y tú sí, gilipollas?
-Claro, ¿no ves que soy un cangrejo?
-¡Ah! Pues tienes razón. Perdona entonces.
-No te preocupes.
-¿Vais a entrar o qué? No tengo todo el día- dijo enfurecido el cartel.
Ambos entraron de sopetón en la estancia. Por desgracia, esa sala resultó ser la sala de reuniones del ejército de topos. Por suerte, en ese momento no había ninguna reunión en marcha. Por desgracia, el ejército había ido allí a pasar la tarde. Y ahora estaban apuntando a nuestros dos héroes con sus picos-ametralladoras.
-Al, ¿te acuerdas del día en el que nos conocimos?- dijo el cangrejo radiactivo.
-No, ¿me lo podrías contar? Este parece un buen momento.
-Claro, pero lo haré en el próximo episodio, para mantener la intriga entre nuestros lectores.
-¿Lectores? ¿De qué coño estás hablando, cangrejo?
-¡Adiós chicos, nos vemos pronto!
-¡¿Pero con quién hablas?!
-Y no olvidéis comer mucha verdura. Sobretodo la verde.
-¡Cangrejo! ¡¿Nos está observando alguien?! Tengo miedo...
martes, 12 de febrero de 2013
Rutina
Amanecer. Luz. Despertar. Pesadumbre. Gris. Neblina. Tumulto. Marcha. Prisa. Velocidad. Ahogo. Opresión. Trabajo. Silencio. Concentración. Cansancio. Monotonía. Automatismo. Cadena. Agotamiento. Malestar. Dolor. Sufrimiento. Libertad. Respiro. Alegría. Liviandad. Llegada. Felicidad. Ocaso. Adormecimiento. Sueño. Imaginación. Engaño. Yugo.
domingo, 10 de febrero de 2013
Colgante maldito
En todas las largas travesías en las que me he embarcado han sucedido cosas increíbles, sucesos totalmente inverosímiles que no se creería ni el más fantasioso lobo de mar. No obstante, lo que ha sucedido esta vez es incluso más irreal, hasta el punto que ni yo sé exactamente lo que ha sucedido; y no estoy hablando de ninguna monstruosidad marina ni de una abominación de la naturaleza, no; de hecho, asombra la repercusión que ha tenido en mí algo tan pequeño, tan insignificante. Es ese maldito colgante, tan hermoso como peligroso, con una forma extraña, como una gota de lluvia, o quizás una lágrima petrificada. Lo encontré entre los restos de la última escaramuza, en el frío cuello de una niña, una hermosa e inerte niña. No sé qué me impulsó a hacerlo, pero el hecho es que lo cogí, y por ello estoy en este tremendo embrollo. He dejado mi navío con toda la tripulación a la deriva, a merced de nuestro Señor, y he huido como una asquerosa rata, no sin antes inutilizar el timón de mi hermoso barco. Sólo me ha dado tiempo a coger el cuaderno de bitácora y el colgante, antes de apresurarme a surcar los siete mares en tan cochambroso bote con la única compañía de mi soledad y unos remordimientos insufribles. Un pirata curtido como yo no habría hecho tal temeridad, pero el artefacto me nubla el cerebro y no me deja pensar. Lo único sensato que he podido hacer es lanzar el terrorífico abalorio al mar, esperando que éste lo engulla y lo haga desaparecer para siempre. Ahora sólo queda esperar, esperar una devastadora tormenta que deshaga mi modesta embarcación en mil trozos y me envíe a las profundidades del océano, donde merezco estar. Sólo espero que este cuaderno llegue a manos de otro, es necesario que todo el mundo conozca el peligro de tan detestable artefacto, ese colgante... colgante maldito.
miércoles, 30 de enero de 2013
Inspiración mañanera
El dulce aroma del café recién hecho embriaga mis sentidos, evocándome recuerdos de mi infancia, de cuando mis padres se reunían con sus amigos en casa mientras alimentaba mi mente con la palabra escrita. El leve murmullo de las anécdotas de estudiantes se mezcla con las risotadas y las vivas voces del profesorado, en una ágil danza de sonidos, acompañados de los ruidos característicos de una cafetería de instituto. Protegidos por un manto de calor humano se vislumbra la gélida brisa de enero, creadora de una poderosa orgía entre las verdes hojas de los árboles que aún las mantienen. Con mano firme agarro uno de los bolígrafos que hay dispersos por la vasta y fría mesa, cediéndole parte de la moderada temperatura que proporciona mi mano, mientras con la otra acaricio suavemente el rugoso papel. Cierro los ojos mientras acerco el utensilio de escritura a mis labios, rozándolos y poniendo en contacto el liso y pulido plástico con mis comisuras. Aguardo unos instantes, viendo pasar una ráfaga de ideas por mi mente y, oteando el horizonte del pensamiento, intento discernir alguna, sin éxito. Aún con la mente en blanco, acerco la punta impregnada de tinta a la hoja blanca como la nieve, y con un leve contacto inicio el relajante movimiento de la escritura, trazando finas líneas y engendrando limpias y pulidas letras mientras la inspiración borbotea en mi interior y mi cabeza rezuma las palabras, lenta pero constantemente.
viernes, 21 de diciembre de 2012
Fin del mundo
Dejadme hablar y os contaré qué es lo que veo...
El cielo se tornará rojo, y en él se dibujará la figura de Ek Chuach, el dios del inframundo, y, con la llamada de todos aquellos cuyas almas impías corrompen el mundo, saciará su sed durante otros tantos años. Invocará una poderosa lluvia de meteoros que arrasará todo por completo, y la temperatura irá en aumento. Entre tanto, una gran tormenta solar atravesará el espacio hasta llegar a las inmediaciones de la atmósfera terrestre, modificando así el flujo electromagnético y eliminando toda la electricidad que pueda existir. Ek Chuach desaparecerá entre esas olas de fuego y destrucción, no sin antes arrasar todas las tierras de cultivo y hacer desaparecer ríos enteros. El núcleo terrestre se verá altamente modificado y los seísmos tomarán control absoluto sobre la corteza terrestre, abriendo grietas de las que rezumen temperaturas infernales, activando todos los volcanes a la vez y fragmentando las placas tectónicas. Eso provocará un tsunami de proporciones épicas, con varios cientos de quilómetros de altura y capaz de recorrer todos los continentes en pocos minutos. El filtrado del agua dentro de las grietas que conducen directamente al núcleo incandescente provocarán una petrificación inmediata de éste, paralizando la vida del planeta drásticamente. De entre la niebla emergerá un ser cuya sabiduría prevalece aún entre nuestros días, siendo maestro indiscutible de toda nuestra profesión: el gran Michel de Nôtre-Dame (Nostradamus para los amigos). Él invocará el poder de las estrellas para salvar a los pocos afortunados de la catástrofe y castigará a todo aquél que no creyó en él ni en sus profecías. Los Dioses estarán con él, y en él está nuestra salvación. Cuando la lluvia de estrellas se haya encargado de devolver el poder a Nostradamus, éste invocará a los cinco jinetes del Apocalipsis, siendo el quinto un último participante de última hora y encarnando la economía. Con un fulgor dorado y caído del cielo aparecerá Jesús, encargado de castigar a todos aquellos merecedores de la furia divina (véase homosexuales, ateos, comunistas, extranjeros, musulmanes y, en general, casi todo el mundo) y llevándose a los que se han ganado el cielo (monjes, curas, ricos, fascistas, pedófilos...). A su lado aparecerán otras personalidades como Mahoma, Yahveh, Ja, Jehovah, Buda y muchos más. Sus diferencias les llevarán a la gran guerra de guerras, la guerra Divina de la Muerte, que destruirán todo lo que quede en pie y fragmentará las almas de todo aquél desafortunado que se cruce en su camino. Entretanto un enorme meteorito atravesará la atmósfera e impactará de lleno en la estepa rusa, levantando un manto de cenizas y polvo, eliminando así toda esperanza posible. La Vía Láctea impactará con Andrómeda, creando tal sucesión de supernovas y agujeros negros que el continuo espacio-tiempo se plegará sobre sí mismo, creando un vórtice tetradimensional y llevando el Universo al inicio de todo y el fin de nada.
lunes, 19 de noviembre de 2012
Adiós, Luís Martín
El siguiente texto no son más que unas pocas líneas a modo de despedida hacia un profesor que se ha jubilado recientemente en mi instituto (y hacia el que tenía un gran respeto y admiración).
miércoles, 14 de noviembre de 2012
El árbol
La brisa acariciaba dulce y plácidamente las briznas de hierba de la colina verde. En lo más alto, en la cima, encabezando el montículo en mitad del prado había un árbol, un elegante y adusto árbol, haciendo las veces de atalaya y oteando el basto horizonte. Los rayos luminiscentes del sol chocaban contra todas y cada una de las hojas de este árbol, rezumantes de fresca fragancia y anhelantes de volar libres con los pájaros, surcando el cielo azul, salpicado de esponjosas y nevadas nubes. Proyectaba en el suelo una sombra, una agradable sombra, un oasis de somnolencia rodeado de la claridad de los despejados cielos. Esa sombra servía de alfombra a las frágiles y temblorosas flores, tan radiantes y coloridas como el arco iris cruzando los vientos, impasible pero flexible. Algunos tímidos roedores se atrevían a retozar colindantes al tosco tronco, entre los aromas de la madera musgosa y la hierba fresca, si preocuparse de posibles depredadores bajo la protección que brindaba el imponente árbol.
sábado, 13 de octubre de 2012
Terror químico
-... entonces se deduce que el agua es capaz de absorber el calor cedido por la reacción química gracias a... el incremento de las entalpías responde a un decrecimiento... la cantidad de calor se puede medir según la energía recibida por el agua de la disolución... si tenemos en cuenta la entropía del sistema podremos ver... una simple resta entre los factores... resulta la ecuación... en un equilibrio... la energía interna... molaridad... factores...
Cuando volví a abrir los ojos ya no oía a la profesora de química. Lo más extraño es que seguía allí, frente a la pizarra, gesticulando y moviendo los labios mientras escribía con la tiza, pero sumida en el más absoluto de los silencios. Giré la cabeza y vi a mi compañero de mesa dormitando, dando de vez en cuando un pequeño respingo y volviéndose a sumir en su sueño. El resto de compañeros del laboratorio estaban en un estado similar, con las cabezas apoyadas sobre las mesas y los brazos colgando, como si hubieran sufrido alguna especie de hipnosis. Miré por la ventana y observé un fenómeno que jamás habría imaginado: el cielo se había vuelto de un color rojizo muy oscuro, manchado con algunas nubes moradas. Me acerqué al alféizar y observé detenidamente el patio del instituto; ni un alma asomaba en todo el terreno, ni siquiera había nadie por las calles. Más allá del bosque que rodeaba el instituto había una espesísima niebla azulada que recordaba vagamente al basto océano flanqueando un pequeño islote en medio de la nada.
Me dirigí con paso firme hacia la puerta; nadie parecía percatarse de mi presencia y todos seguían igual, con el inusual silencio rodeándolos como un aura maligna. Acerqué mi mano al pomo de la puerta, algo dubitativo, y la abrí de par en par. Asomé la cabeza por el largo y angosto pasillo de la última planta, y para mi sorpresa no vi a nadie. De hecho, estaban todos los fluorescentes apagados y el silencio sepulcral me presionaba los tímpanos como un líquido que recorría el aire con gran viscosidad. Poco a poco y con un nudo en la garganta fui recorriendo el camino hacia las escaleras, que se encontraban en el otro extremo. Pasaba por delante de las puertas de las distintas aulas, pero los ventanucos que servían para observar lo que acaecía en el interior de las estancias parecían tintados con algo inmaterial y absolutamente opaco. A medio recorrido me detuve, reflexionando si era buena idea continuar o, por contra, debía volver de inmediato.
Estaba sumido en mis pensamientos cuando oí un lejano ruido a mis espaldas. Me giré a la velocidad del rayo, con el corazón en un puño, deseando no haber oído nada. Las puertas de emergencia estaban abiertas, y la luz que indicaba la salida titilaba con tesón. Ésa era la única luz en todo el pasillo, y lo que tenía debajo me dejó con la boca seca: el director del centro estaba allí, de pie, sin moverse un ápice y con los ojos cerrados. La luz parpadeante le iluminaba el rostro por fracciones de segundo, creándole sombras en el rostro y dándole un aspecto realmente decrépito. Esa imagen me dejó clavado en el suelo, sin saber qué hacer o siquiera qué estaba sucediendo. La luz que emitía las señales luminosas resplandeció con un inusual fulgor que me cegó momentáneamente. Cuando recuperé la visión, la luz seguía igual que antes, pero el director había desaparecido. Volví a oír detrás mío un chasquido, y mis piernas giraron a la velocidad de la luz. Un enorme rugido acompañado de una bocanada de aire caliente y apestoso me azotó el rostro y unos ojos color rojo sangre aparecieron momentáneamente al fondo del pasillo, en mitad de la oscuridad.
Me desperté de un respingo en medio de la clase de química, con la última imagen grabada a fuego en mi memoria. Mi compañero de mesa estaba tomando apuntes mientras la profesora explicaba. Por fin volvía a oír su voz, y el cielo tenía ese color azul blanquecino tan agradable. Aún así, un escalofrío me recorrió la espalda, instándome a que me girara, cosa que no hice. Por algún extraño motivo, notaba una mirada clavada en mi nuca.
jueves, 30 de agosto de 2012
La solución
El mejor momento del día es cuando te duermes. Da igual que alguien diga lo contrario, es la verdad, y punto. Todo el día haciendo cosas y pensando, eso no es natural. Todo tiende al reposo, es la naturaleza quien lo dice, no yo. Y si alguien se atreve a contradecirme, es que es antinatural. Como un vampiro o un dios. Ir contra natura sólo tiene un resultado: ser devorado por la naturaleza. Bueno, que me pierdo, a lo que iba. Estaba yo cavilando en mis cosas cuando me vino a la mente esa idea, la de que todo tiende al reposo. Por ende, todos los animales están mejor cuanto menos esfuerzo realicen. Se podría decir que la cantidad de energía gastada es inversamente proporcional al placer, tanto físico como mental. Cosa lógica es pensar que el mayor estado de reposo, y en el que mejor se está es cuando nos dormimos. Sí, eso sería lógico, y es la conclusión a la que llegué, pero no por mucho tiempo. Seguí dándole vueltas a la cabeza, disminuyendo con ello mi comodidad más inmediata como animal, y encontré otra conclusión más razonable: dormir no es el estado de mayor reposo, hay un estado en el que se está más en reposo aún. Para los que no me sigan, mejor voy a decirlo: la muerte. Sí, como suena, la muerte significa reposo total y absoluto, sin interrupciones e indefinidamente. Siguiendo la regla natural antes expuesta, se podría decir que lo que más placer inmediato da es morir, y no dormir como todos creíamos hasta ahora.
Vale, puede sonar un poco raro, pero será mejor analizarlo antes de llegar a un veredicto. ¿Acaso alguien se ha quejado? ¿Alguien se ha despertado de su muerte gritando y vociferando , fruto de algo terrorífico? No, nadie se despierta una vez ha muerto, y os voy a decir el porqué. Cuando estamos haciendo algo que odiamos, rápidamente buscamos alguna excusa para dejar de hacerlo. ¿Quién no estaba de pequeño en clase distrayéndose a cada mosca que pasaba? ¿Quién no se ha dormido en la oficina mientras hacía los balances anuales? ¿Quién no ha dicho que le duele la cabeza antes que practicar sexo con un inexperto/impotente/torpe? Como se suele decir, el que esté libre de pecados que tire la primera piedra. Bien, y como suele pasar, si los factores son antagónicos a los originales, los productos también serán contrarios. Por eso no podemos dejar de hacer las cosas que más nos gustan, por absurdas que sean. Esto es así, es como una regla matemática, indiscutible. Y casualmente lo que más nos apetece a todos después de un duro día es dormir en un sitio cómodo, fresco y, a poder ser, libres de preocupaciones. Bien que hay etapas de la vida en que no quieres irte a la cama, o quizás sí, pero no a dormir. Pero tarde o temprano nos damos cuenta de que algo que hacemos diariamente más de la mitad de nuestro tiempo debe ser lo mejor del mundo. Y la muerte está un nivel por encima, así que morir es más placentero que dormir.
No nos confundamos, no estoy hablando del hecho de morir, aunque lingüísticamente pueda parecer que sí, estoy hablando del hecho de estar muerto. A nadie le gusta morir; es engorroso, pesado y a veces doloroso. Ahí estamos todos de acuerdo, el proceso que nos lleva de un estado a otro es horriblemente decepcionante en comparación a lo que queremos conseguir. Pero, os invito a reflexionar otro punto más: ¿no nos despertamos cada día? ¿levantarse de la cama para ponerse a hacer algo productivo no es lo peor de todo? Y aún así lo hacemos cada día. ¿Por qué? La respuesta es muy sencilla: para poder llevar a cabo el placentero proceso de irnos a dormir, necesitamos estar despiertos. Y para estar despiertos, necesitamos levantarnos de la cama o del sofá. Así pues, queda claro que cada día hacemos algo que no nos gusta para nada porque es necesario para volver a nuestro estado predilecto de reposo. Así pues, no veo ninguna exageración el aguantarse para morir y luego ya estar muerto todo lo que queda de eternidad. Pero no nos paremos aquí, sigamos indagando en este turbio asunto.
Si algo de lo que hacemos molesta a otra persona, lo lógico es pensar por el prójimo y contribuir a que él aumente su placer inmediato reduciendo nosotros el nuestro (típico ejemplo del vecino joven con la música alta y el anciano con sueño). Ser buena persona significa, entre otras cosas, ayudar al resto, entendiendo esto como mejorar la calidad de vida de todos entre todos. Así pues, se podría resolver la siguiente ecuación natural: estar muerto es el mayor placer de todos; la convivencia se basa en intentar mantener un nivel equilibrado de placer entre todos, tendiendo a la alza; como animales gregarios que somos, contribuir a la buena calidad de vida de todos es una obligación; lo mejor de alcanzar un estado de placer es la diferencia que hay entre éste y el anterior, siempre y cuando sea un resultado positivo. Con todos estos factores tan claros y diferenciados es fácil atar cabos, al menos para mí. La mejor forma de mejorar la convivencia entre humanos es matarlos a todos. Matar a una persona crearía un vacío extremadamente incómodo en su entorno, entre dolor emocional por parte de sus allegados, falta de gente que ayude a levantar el país y otras cosas. Así que mi propuesta para crear un mundo mejor empieza y concluye con un gesto muy sencillo y rápido: el exterminio de la raza humana. Desde un punto de vista antropológico puede parecer una temeridad, pero si lo miramos con la perspectiva de la naturaleza, se puede comprobar que es la única forma de solucionar nuestros problemas. Como dice el refrán, muerto el perro se acabó la rabia.
lunes, 30 de julio de 2012
Rayman Returns (Título provisional)
1- El regreso de la oscuridad
-Señor,
ya está completamente restaurado.
-Bien,
bien, bien... Ahora sí que podré hacerme con el control absoluto.
-¿Qué
está planeando, señor?
-Nada,
cosas que no son de tu incumbencia. ¡Y como sigas preguntando, te
tiro en mitad del pantano!
-Mis
disculpas, señor. No volverá a ocurrir, señor.
-Eso
espero. Puedes retirarte. Mantenme informado de cualquier
contratiempo.
-Sí,
señor, así lo haré. Adiós, señor- hizo una prolongada reverencia
mientras se marchaba por la puerta.
-¡Guardias!
Traedme aquí nuestro prisionero, el que se encarga de las
excavaciones. Me gustaría tenerlo todo listo para mañana.
-Ahora
mismo, señor- contestó un centinela que estaba a la derecha del
improvisado trono de madera, haciendo una amplia reverencia.
-Espero
que todo esto no sea en vano. Como descubra que el ejército de
hierro no son más que habladurías de esa maldita bruja, pasará por
todas y cada una de las salas de tortura de las que disponga hasta
que pida clemencia. ¡Nadie engaña al Gran André, resurgido de
entre las cenizas de los dioses!
Después
de poco tiempo, trajeron ante André, que estaba sentado en su trono
de madera, una pequeña bruja de aspecto frágil, que revoloteaba sin
cesar intentando librarse de las pesadas cadenas que la mantenían
cautiva. Su ropa estaba descolorida y sucia, y sobre la cabeza
llevaba un enorme sombrero puntiagudo, maltrecho y muy rahído.
-Bien,
bonita, explícame cómo está avanzando la excavación. ¡No quiero
ni mentiras ni patrañas de las tuyas!
-Sí,
señor...- dijo la bruja con un hilo de voz -Parece ser que hemos
encontrado algo. Tal y como predije, el ejército de hierro está
escondido en lo que parecía una sala de seguridad. Parece ser que se
trata de una especie de grupo de robots arcaicos, que fueron
desconectados por algo que aún no hemos logrado identificar.
Probablemente el calor de las calderas colindantes, no lo sé...
-¡No
quiero oírte decir "no lo sé"! ¡Quiero hechos!
-S-s-sí,
señor. Disculpe, señor... Como iba diciendo, están desconectados.
Quizás podamos hacerles volver a la vida. Quizás en las ruinas de
esa nave podamos encontrar algo para reanimarlos, no lo sé.
-¡¿"NO
LO SÉ"?! ¡¿Otra vez con esas malditas palabras?! ¡Llevadla
al calabozo y dadle unos cuantos azotes, que aprenda a hablar con el
Gran André!
Los
soldados ejecutaron la orden con suma diligencia, llevándose a la
pequeña bruja mientras gritaba clemencia. Entonces, entró el
centinela de antes a toda prisa, pidiendo permiso para hablar con la
máxima autoridad de esa sala.
-Habla-
inquirió André.
-Mi
señor, ya está todo listo, y antes de lo previsto. Cuando quiera,
puede subir a bordo.
-Perfecto.
Es hora de poner en marcha mi terrible venganza...
·
· ·
Todas
las superfícies estaban cubiertas de polvo. Hacía muchos años que
nadie entraba en ese lugar, pasto del desastre y el horror. Los
hombres de André habían hecho un gran trabajo, restaurando aquel
monstruo de metal y madera. Los meses que fueron necesarios para
remodelarlo fueron largos y tortuosos para los trabajadores, pero
ahora ya estaba listo. Tenía una capacidad para albergar prisioneros
impresionante, algo que dejó sin palabras a André. La comitiva del
comandante jefe llegó a la sala de control, desde donde se
controlaban todas las máquinas.
-Señor,
tiene lista su suite arriba del todo, con unas vistas magníficas.
-Antes
quiero comprovar personalmente que esto funciona. ¡Vamos allá!
Con
una sonrisa malévola, André accionó una gran palanca que había en
el centro. Se oyeron ruidos metálicos de todo tipo por todo el
vehículo, dando a entender que la maquinaria se había puesto en
marcha. Las luces se encendieron poco a poco, primero titilando y
luego alumbrando todas las estancias y los pasillos. André,
asombrado ante toda esa algarabía de ruidos, fue corriendo a su
nueva habitación, que se encontraba realmente lejos. En mitad del
camino, un fuerte crujir se oyó en toda la zona y los temblores se
hicieron notar, cada vez más fuertes. ¡El barco estaba otra vez en
el aire!
·
· ·
En
medio de las excavaciones, en la grieta más profunda y la más
oscura, se comenzaron a oír extraños ruidos metálicos, parecidos a
los de la nave, pero con menor intensidad, y unos extraños puntos de
luz amarillenta aparecieron en mitad de la oscuridad...
2- La llamada
Era
una noce clara, con un cielo estrellado y completamente despejado.
Las lunas brillaban con una intensidad excepcional, que las hacían
parecer aún más hermosas, si cabe. Rayman dormía plácidamente
sobre una rama de árbol, suficientemente gruesa como para poder
descansar sin temor a las caídas. La luz de las estrellas le daba de
lleno en la cara, haciéndole estar en un constante y dulce sueño de
hadas. Pero una gigantesca sombra, de tamaño descomunal barría el
bosque por completo, poniendo en la penumbra todos los árboles y
animales que por allí se encontraban. Cuando Rayman vio que las
lunas no iluminaban su rostro, abrió los ojos; en el cielo, donde
antes había azul salpicado de puntos blancos, ahora había una
enorme mole oscura, moviéndose a toda prisa propulsada por los
gigantescos reactores que se encontraba en la parte posterior. Algo
raro estaba pasando, y Rayman tenía que averiguarlo.
Fue
corriendo bosque a través, esquivando ramas y tortugas, sin tiempo a
contemplar aquel idílico paisaje en el que tantas veces había
estado. Por fin, llegó hasta un extenso claro, al lado de un lago de
aguas cristalinas, en el que una casita de piedra se erguía como
podía, de forma sinuosa y muy irregluar; se podría decir que las
vigas que la aguantaban se ayudaban de magia. Rayman se apresuró en
llamar a la puerta repetidas veces, con un nudo en la garganta,
esperando que le abriesen. Al fin, al otro lado de la puerta se
oyeron unas voces y con un pequeño cirrido, se abrió por completo.
-¿Rayman?
¿Qué quieres a estas horas? Estaba durmiendo...
-Betilla,
es algo mucho más importante que dormir. ¡Mira!- dijo, señalando
al cielo.
Betilla
siguió la dirección del dedo de su interlocutor y casi se desmaya
del susto. La gran nave seguía su lenta pero incansable marcha a
través del cielo, creando un rugido que no vaticinaba nada bueno.
-¡Rayman,
esto es horrible! ¡Debemos hacer algo!
-Por
eso he venido. ¿Qué debemos hacer? Estoy listo para volver a las
andadas.
-No,
Rayman, es peor de lo que te imaginas. Voy a tener que avisar a todos
los defensores del Bosque de los Sueños. Mientras tanto, ve a avisar
a Globox. ¡Corre, no te entretengas por el camino!
Rayman
miró por última vez a los ojos de Betilla y fue corriendo por entre
los árboles en dirección a la casa de Globox, que se encontraba
bastante cerca. Cuando llegó ante la puerta, golpeó con los
nudillos lo más fuerte que pudo, ya que temía que su azulado amigo
no lo oyese; no obstante, no fue así, de hecho abrió la puerta en
seguida.
-¡Rayman!
¿Qué quieres a estas horas?
-Suerte
que te encuentro despierto... ¡Algo está pasando en el Bosque de
los Sueños! Betilla está reuniendo a los protectores de nuevo.
-¿Pero
qué sucede? Qué envíen a Clark, él se puede encargar de un
ejército entero.
-Globox,
es más grave de lo que parece. ¡Mira!- y señaló a la gran sombra
que se iba alejando por el cielo nocturno. Globox parapadeó varias
veces antes de responder.
-Vale,
creo que me has convencido. Deja que me despida de Uglette y de los
niños, no tardo nada.
Llegaron
al claro lo más rápido que pudieron, pero no había nadie allí;
reinaba una calma demasiado preocupante, y Rayman temía por Betilla.
Fue hacia su casa y de nuevo golpeó la puerta. Nadie respondió. Lo
intentó varias veces más antes de desistir, sin recibir respuesta
alguna: estaba claro que algo extraño pasaba.
-Globox,
creo que sucede algo raro. Es como si Betilla hubiera desaparecido
del mapa... Quizás deberíamos ir a preguntar al resto. ¿Tú qué
crees?- nadie respondió -¿Globox?
Rayman
se giró en seco, pero no había nadie en la zona. Escrutó entre los
árboles, por si veía alguna sombra familiar, pero sólo distinguía
madera y plantas. Tanto Globox como Betilla habían desaparecido y
sin dejar rastro. Algo extraño se escondía detrás de todo aquello,
y no podía quedarse quieto ni un segundo: el tiempo apremiaba.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)